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domingo 27 de mayo de 2018

El hombre que les devuelve la vida a los monumentos

Miguel Ángel Marchionni tuvo a su cargo restaurar en la plaza San Martín la estatua ecuestre del general. Por sus manos pasaron también los portones del Parque, el Cerro de la Gloria y hasta el remozado Cóndor

Una escalera de madera lleva al segundo piso de la casa en donde tiene su estudio. A mitad de ese trayecto, antes del descanso, él pide: "Parate acá, en este escalón... Ahora mirá para arriba". Y arriba, en el techo hay un vitral. Uno de los que él hace.

En toda la casa, en cada rincón, hay arte. Pinturas, esculturas, vitrales. De todo. En el patio tiene dos puertas antiguas de madera de durazno traídas de Perú que pertenecen a una importante familia mendocina y que está restaurando.

Él es "el" restaurador mendocino. El maestro Miguel Ángel Marchionni tiene 74 años y por sus manos pasaron los portones del parque General San Martín, el friso escultórico del Cerro de la Gloria, la última intervención del Cóndor, la Fuente de los Continentes, la obra de Diana y Endimión en el Rosedal, parte de la Mansión Stoppel y, su última restauración de un patrimonio público, el monumento a San Martín en la plaza homónima.

Marchionni derriba todo estereotipo o prejuicio que puede haber sobre la personalidad de un artista. Es amable, simpático, alegre, hace chistes todo el tiempo y no critica a ninguno de sus colegas. Muestra sus obras, sus recuerdos, y lo que para él es su mayor obra: fotos de su hijo Franco, que es doctor en arquitectura.

–¿Cuándo comenzaron a trabajar en la obra?
–Pasó mucho tiempo hasta que pude tener intervención, porque para mi trabajo necesito que no haya tierra en suspensión, que no haya obreros, que se vayan todos (ríe). Así que entré el 1 de enero a trabajar, un año después de que comenzaron las obras. Hice la restauración específicamente del monumento, de la parte metálica y la base. Si vas a Europa ves a ese caballo con diversos jinetes... El autor vendió su obra. Muchas esculturas se vendían por catálogo, eran muy bellas pero hechas en serie.

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–¿Cómo es el proceso de restauración?
–Antes de empezar hacemos fichas en las que ubicamos y detallamos todos los daños que pueda haber y se hace una propuesta de intervención y un plan de trabajo. En este caso el trabajo consistía en la restauración de la obra, de la piedra y del plaquetario. En algún momento se pensó en sacar las placas de allí, pero yo sugerí que no porque son placas históricas que han formado parte del mismo monumento y muchas de esas fechas son muy antiguas. Entonces son un elemento que dentro del imaginario colectivo tiene un gran valor. Si hubiésemos despojado a la piedra de esas placas, perdíamos mucho.

–¿Cómo fue la limpieza de las pintadas que tenía la piedra?
–Hicimos una limpieza mecánica. No optamos por el arenado porque eso hubiera dejado a la piedra como una esponja que iba a absorber todo el smog. Entonces hicimos un trabajo manual con cepillos de diversos grosores y materiales. Sacar esas pinturas nos llevó la mitad del trabajo, porque es una pintura que entra a presión y penetra muy profundamente.

–¿Le ha tocado trabajar en alguna obra en la que se encontró con una mala intervención?
–Yo nunca hablo de los demás. Creo que el clamor popular habla por sí solo.

–¿Hubo alguna obra que le costó más y alguna que disfrutó más?
–Una obra que me encantó fue Diana y Endimión, que está en el Rosedal. Ahí sí habían hecho una muy mala intervención. El manto con el que ella lo recubre a él no estaba. Tuve que hacer esa pieza nuevamente en hierro fundido y pesó 120 kilos. Es una obra bellísima. En el monumento del Cerro de la Gloria también pasa algo extraordinario, porque es el único que tiene tres escalas en un mismo monumento. Está la escala real que es San Martín a caballo, una escala a 3/4 que son los frisos y hay una escala que es una vez y media la real, que es toda la caballería que está arriba. Esto es así porque lo que está más arriba está más lejos. Entonces se logró un equilibrio visual del monumento.

–¿Cree que los mendocinos valoramos estas obras patrimoniales?
–Para mí el tema pasa por cultura y mano dura. Cultura a los chicos para que sepan que es de ellos, para que sepan que les pertenece. Y a la persona que cometa un acto vandálico, darle un castigo que le duela psicológicamente, ni siquiera monetariamente. En el caso de la Fuente de los Continentes se había roto un plato y averigüé quién lo había roto y lo busqué. Hablé con él y le propuse una segunda oportunidad, le dije que fuera a trabajar conmigo y yo le pagaba. En ese momento no me contestó nada, pero un mes después fue a la obra.
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