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jueves 14 de junio de 2018

El frío castiga a los más humildes: así lo sufren familias del Oeste de Godoy Cruz

En la pequeña casa de los Zapata Lillo viven seis personas que usan garrafas y leña para cocinar y calefaccionarse. La situación se repite en todas las viviendas del barrio Los Cerros.

No importa la hora, ni si es de día o de noche, tampoco si hay sol o está nublado. En el barrio Los Cerros, bien al oeste de Godoy Cruz, el frío se siente en todo momento y tan fuerte que no hay frazada que resista. Las familias, humildes, recogen ramas y troncos para complementar con la garrafa que no alcanza para todo el mes, por lo que deben usarla poco, sólo para cocinar.

Así es el invierno para la familia Zapata Lillo, compuesta por seis personas que viven en una pequeña casa de unos 20m², calefaccionada con una salamandra y una pantalla que deben controlar, ya que la instalación eléctrica no es segura.

"Usamos garrafa y leña, alternamos, porque es muy frío. La situación acá no es buena y no es como en la ciudad, que hay gas. Acá no tenemos nada. En mi casa somos seis, mi señora, mis hijos y yo", dijo José Zapata (35), quien agregó: "Conseguimos algunos materiales y pudimos hacer un techo nuevo, estamos un poco mejor que del otro lado".

Su casa al menos es de material y cuenta con un techo (construido por el propio José durante el verano), a diferencia de muchos de sus vecinos cuyas viviendas son de chapa, cartón y nylon. Sin embargo, las lluvias los complican de la misma manera, ya que no pudieron colocar membranas y optaron por el cemento, que no detiene las filtraciones.

Con José viven su esposa, Carina (40), Cecilia (17), Tamara (12), Alejandro (10) y Iara (8), quienes comparten el espacio dividido entre el comedor y la habitación.

José no consigue trabajo, salvo cuando aparece una changa en una obra, para levantar una medianera o colocar un contrapiso, por lo que el único ingreso fijo mensual es la asignación familiar otorgada por la ANSES, que alcanza los $5.400.

"Lo que me dan de plata sirve para comer, comprar vestimenta y zapatillas, lo más barato que consigamos, para los chicos", aseguró Carina.

El resto, explicó Carina, se gasta en garrafas de gas que se consiguen a $220 cuando pasa el camión municipal, y si no a $350 o $400. "Una garrafa dura poco, dependiendo de las comidas que hacemos. Intentamos hacer que dure lo más que podamos", dijo.

En el patio, que comparten con la familia del hermano de Carina, tienen acumulada una gran cantidad de leña, que el municipio acercó al barrio luego de realizar una poda. De ese acopio van utilizando para calentar con la salamandra, que se suma a la garrafa de manera intercalada.

La casa nunca llegó
A unas 50 familias que vivían en el barrio Los Cerros les entregaron hace ya algunos años nuevas casas en un espacio cercano, pero a la familia Zapata Lillo, como a otras 30 familias, todavía no se la dieron.

"Tenemos todos los papeles, pero siempre nos dicen que esperemos, nos tienen a las vueltas. Yo no sé leer ni escribir, y me hicieron firmar un papel que decía que le entregaba a otra persona la casa que me tocaba a mí. No me dan soluciones, sólo me dicen que espere", dijo angustiada Carina.

Los niños, por su parte, pasan gran parte del día en la cama, tapados y viendo televisión.

"Mis hijos van al colegio Carlos Padín, donde van doble turno, así que les dan un almuerzo, y además van al merendero para recibir el apoyo, pero después están siempre adentro, hace tanto frío a la mañana como a la tarde", cerró José.

La realidad de la familia Zapata Lillo no es única, ya que la gran mayoría de los vecinos que viven en el barrio atraviesan la misma situación y sufren de la misma manera el crudo frío invernal.

"El tema del frío es complicado. Tenemos una salamandra, pero por más de que sea muy chica la casa, el frío entra"

"A las 3 de la mañana nos levantamos a hacer fuego porque no se aguanta. Tenemos que tener cuidado de controlarlo siempre" Cristina Lillo (40)
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