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sábado 02 de junio de 2018

El drama de una familia que casi muere por calefaccionarse con un brasero

Un matrimonio y sus siete hijos casi mueren por inhalar monóxido de carbono. Advirtieron a tiempo que los niños estaban mareados. Los llevaron a todos al hospital. La casa está en construcción.

"Mamá, pedile al señor si pueden conseguir una pantallita", dice el Carlos, de 9 años. El fotógrafo está haciendo algunas tomas de la familia, frente a esa pequeña habitación que es la casa, en donde viven y casi mueren.

En la medianoche del jueves, madre, padre y 7 niños estuvieron a un paso de intoxicarse mortalmente con monóxido de carbono. Habían metido a la vivienda, en un brasero improvisado, algunas brasas para que templaran el ambiente. Al rato los niños comenzaron a marearse, a descomponerse y algunos hasta desmayarse. Se salvaron porque los padres aún no se habían dormido y reaccionaron, sacándolos de la casa. Luego una vecina llamó al 911 y fueron trasladados al hospital.

La pequeña casa está ubicada en Avellaneda y Pringles, en Rivadavia.

Allí viven Yésica Carina Díaz (30), su marido, Carlos Valdez (38), y los niños Emir, Rocío, Alma, Matías, Sofía, Carlos y Roxana, que van de los 3 meses a los 12 años.

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Unidos. Así son los integrantes de esta familia que, como muchas, sufre los efectos de la crisis económica. (UNO - Horacio Rodriguez)
Unidos. Así son los integrantes de esta familia que, como muchas, sufre los efectos de la crisis económica. (UNO - Horacio Rodriguez)

Fuera de peligro
Yésica contó el viernes, cuando todos ya estaban dados de alta y de regreso en su casa aunque todavía con algunos malestares, que "se nos había acabado la garrafa, que acá la están cobrando hasta $400 la de 10 kilos y que está difícil de conseguir". Entonces, para paliar el frío, habían hecho un fogón fuera de la casa. Cuando cayó la noche, colocaron en una chapa una buena cantidad de brasas y las metieron dentro de la casa.

"Como a las 11 nos fuimos a acostar y dejamos un poquito de brasas, porque hacía mucho frío. En eso algunos de los chicos se empezaron a descomponer. Se caían al piso y se les iban los ojos para atrás. Entonces mi marido los sacó y les empezó a lavar la cara...", contó la mujer.

Luego una vecina llamó al 911. "Al ratito vino la policía y una ambulancia y nos llevaron a todos al hospital Saporiti. Allí les pusieron oxígeno a los chicos y los estuvieron controlando", relató.

Yésica dijo que "todavía a los chicos les duele la cabeza y las piernas. En un rato –la entrevista fue a la mañana– los tengo que llevar al hospital para que los controlen".

La mujer contó que "los vecinos me dicen que trate de conseguirme una salamandra, pero ahora yo no quiero saber nada con eso, porque los médicos me dijeron que también eso consume el oxígeno. Lo único que me animo a poner es una pantalla eléctrica, por más que la luz esté carísima".

Fue en ese momento cuando Carlos, el niño de 9 años, le sugirió a la madre que aprovechara la presencia del fotógrafo para pedir "una pantallita".

La habitación en donde se produjo la intoxicación está en construcción. Es una especie de ampliación de material, de una vivienda mucho más precaria.

Carlos Valdez es un hombre que trabaja desde siempre, pero que a duras penas está logrando sostener a toda su familia y completar la construcción y equiparla con calefacción adecuada es casi imposible.

"Conseguir garrafa es caro y yo no tengo cómo moverme mucho. Apenas tengo una bicicleta, que se pincha a cada rato", contó Yésica.

"Ahora sólo me animo a poner algo eléctrico. Me asusté mucho. Fue muy malo lo que pasó", dijo.

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