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lunes 29 de enero de 2018

Diario UNO camino al Aconcagua: con el paso lento, pero con el corazón agitado

De golpe, todo lo que uno creía saber, manejar o dominar deja de existir. Quien asciende sólo se preocupa por aprender a caminar. Lo demás, por ahora, no importa.

El Aconcagua, una de las maravillas que tenemos en Mendoza es, paradójicamente, un sitio que no muchos mendocinos se animan a conocer. Y al que tampoco todos los mendocinos pueden acceder. Tristemente, suele ser noticia cuando un andinista es rescatado o muere.

Por eso, intentamos conocer y mostrar la vida desde adentro: quiénes son los encargados del funcionamiento del parque Aconcagua, quiénes asisten a los visitantes, cómo coordinan toda la logística en el medio de la montaña, las experiencias de vida de los guardaparques, de los policías de la Patrulla de Rescate, de médicos, sus historias, y sobre todo sentir en el cuerpo las dificultades de la altura.

Empezamos la misión en Horcones, a 2.900 metros de altura sobre el nivel del mar, donde funciona una de las bases de Guardaparques.

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El helicóptero. Vital para la logística a la hora de distribuir alimentos y otros elementos en los campamentos.
El helicóptero. Vital para la logística a la hora de distribuir alimentos y otros elementos en los campamentos.

Allí conocimos a Daniel Cucchiara, jefe de área de Guardaparques, quien nos mostró cómo se coordina la logística con el helicóptero para que distribuya víveres y otros elementos que son vitales para cada campamento del Aconcagua.

A 900 metros está la Laguna de Horcones, con la imponente imagen de fondo de la cumbre del Coloso de América. Otro lago cercano es El Espejo, en el cual se refleja la cima codiciada por los andinistas, pero que lamentablemente hoy no tiene agua como consecuencia de las pocas nevadas durante el invierno.

Este recorrido, que lo puede realizar cualquier persona, es donde la altura empieza a sentirse.

Nuestro primer objetivo era llegar de Horcones al campamento Confluencia, a 8 kilómetros de distancia, y allí descansar el resto del día, aclimatar el cuerpo a 3.400 metros de altura y que el cardiólogo Marcelo Straniero revisara cómo estábamos y así poder continuar nuestra aventura.

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Relax. El campamento de Confluencia es fundamental para aclimatarse.
Relax. El campamento de Confluencia es fundamental para aclimatarse.

En camioneta nos llevaron hasta la Quebrada del Durazno, donde está el puente bautizado Brad Pitt, por el actor que filmó en ese lugar parte de la película Siete años en el Tíbet.

Una vez que cualquier andinista o visitante lo cruza, debe detenerse un minuto, tomar una piedra y mirando el cerro pedir autorización: "Te pido permiso para poder cumplir mi objetivo en esta expedición", fue una de las oraciones que escuchamos.

La caminata empezó con dos integrantes de la Patrulla de Rescate, nuestros guías Carlos Altamirano, alias Coco, y Sebastián Barrientos, conocido como Pitu, y Paulina Giménez, una docente que tiene todas las intenciones de llegar a la cumbre.

Caminamos en fila por un angosto sendero, a la derecha la pared de la montaña y a la izquierda, y hacia abajo, muy abajo, el río.

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Sendero. A los costados, las impresionantes moles cordilleranas. Abajo el serpenteante río.
Sendero. A los costados, las impresionantes moles cordilleranas. Abajo el serpenteante río.

Allí empezó el esfuerzo para quienes no estamos acostumbrados en absoluto a este tipo de travesías. Había algo que no coincidía: el paso lento, despacio y suave, con la respiración y el corazón agitados.

Miles de cosas pasan por la cabeza al meterse en el medio de esa inmensidad. De golpe, todo lo que uno creía saber, manejar o dominar deja de existir y solo se preocupa por aprender a caminar, aprender a respirar, lo demás no importa.

Lo que Coco y Pitu recorren habitualmente en 40 minutos, nosotros lo cumplimos en tres horas. Así de fácil puede ser para quienes están entrenados y así de difícil, para quienes no lo estamos.

En Confluencia conocimos otro mundo. Fuimos recibidos por guardaparques con todas las comodidades y se preocuparon por nosotros, desde la comida hasta nuestros posibles síntomas de altura. Por suerte, llegamos en perfecto estado.

Habrá más historia.

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