Mendoza Mendoza
domingo 21 de enero de 2018

Después de años de reclamos, clausuran la fábrica de jabón

La Municipalidad cerró la empresa ubicada en Pedro Molina por no contar con sistema contra incendios

"Quizás el olor no se pueda medir en sí mismo, pero lo que sí se puede medir es lo que teníamos que dejar de hacer por ese olor, como no poder abrir las ventanas para ventilar ningún día de la semana", cuenta Victoria Rousselle (35), una de las vecinas de la fábrica de jabones López, a metros del carril Mathus Hoyos, que la Municipalidad de Guaymallén clausuró el viernes luego de décadas de reclamos infructuosos.

Los vecinos están conformes con el accionar de la Comuna, que hizo en 15 días lo que no se hizo en años, pero esperan que luego de la clausura las cosas cambien. "No puede volver a quedar nada como antes, después de esto tiene que haber un cambio sí o sí", opina Victoria.

La Municipalidad puso las fajas de clausura y multó a la fábrica con $110.000. Algunos de los motivos fueron que no tiene sistema contra incendios actualizado y porque debe presentar un informe de impacto ambiental.

"Me llamó mucho la atención, es la primera vez que la clausuran", cuenta aún sorprendida Alicia Estrada(62), una vecina que vive en el barrio desde hace 15 años y que el viernes en la noche, por primera vez, pudo cenar con sus vecinos en el patio de su casa.

La fábrica lleva en el barrio más de 40 años funcionando y tiene diez empleados. Los vecinos son contundentes al afirmar que no quieren que se pierda ninguna fuente laboral, pero que tampoco pueden seguir conviviendo con esos olores nauseabundos, con las ratas y las moscas, y hasta con el rocío de grasa que cae, por ejemplo, sobre la ropa tendida cuando ese vapor se enfría y decanta.

"Nosotros no queremos que nadie pierda su fuente de trabajo, pero sería justo ante un reclamo de 44 años, que la Municipalidad lo solucione. Pedimos el traslado para que se preserven las fuentes laborales, no vamos en contra del trabajo de nadie", aclara Diego.

José Ghiglione (78), esposo de Alicia, fue trasplantando del corazón hace seis años y tuvo que obviarle a los médicos que vivía en esa zona porque no tenía dónde irse si se lo exigían para el trasplante.

"La fábrica no puede estar acá porque es zona urbana, donde hay niños no puede haber pericotes, ni ratas, ni moscas. Acá los niños no juegan en la vereda, sólo salen de noche o los domingos. Es cierto que la fábrica está hace mucho, pero también es cierto que la Municipalidad aprobó los planos para que la gente se viniera a vivir acá", afirma Diego Galín, otro de los afectados.

Los vecinos contaron que, entre otras prácticas habituales, cuando ingresan los camiones que llevan los restos de animales para que procesen la grasa, si eso ocurre un viernes, esos restos quedan al aire libre al sol todo el fin de semana con el consecuente vaho que eso produce.
Fuente:

Más Leídas