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sábado 24 de marzo de 2018

"Campo de Mayo era un campo de exterminio, solo 38 sobrevivieron"

Juana, hija de una mendocina de San Martín detenida y desaparecida en Buenos Aires, evoca aquellas trágicas jornadas y compone una de las 30.000 historias únicas.

"Cuando entré a Campo de Mayo dejé de ser quien era y pasé a ser la detenida número 5.498. Me dijeron eso, que solo tenía que recordar ese número y las dos letras del candado de los grilletes: H. I."

Juana Eva Campero ahora es madre y una abuela joven. "Mi primer nieto nació un 24 de marzo y la segunda y el tercero nacieron un 7 de enero, la misma fecha que la del día que vi por última vez a mi madre y a mi padre. La vida me dio motivos para resignificar esto", dice.

Juana no conoce Mendoza. "Ya iré", dice. Su madre, Haydeé García Gallo, legajo Conadep 1807, era nacida en el Este mendocino, en San Martín. El hermano de Juana, Carlos Alberto, en cambio pudo venir en el '76, de luna de miel, cuando se casó con Olga Paz. Quizás Juana en ese tiempo imaginaba un viaje a la tierra materna con toda la familia... pero todo plan se derrumbaría en el '78.

Haydeé creció en San Martín y se fue a vivir a Pergamino siendo joven. Allí conoció al que sería su marido, Juan Carlos Campero, muchacho sufrido, hijo de madre soltera, peronista desde siempre y especialmente seguidor de Eva.

Y en gobierno peronista Juan Carlos ingresó al ferrocarril, mientras militaba por convicción.

El golpe del '55 sería también el primer golpe fuerte para la familia. "A mi padre lo detienen en el '56. Primero lo tienen en Pergamino y después se lo llevan a Caseros", relata Juana, que aún no había nacido. "Estuvo detenido ocho meses", dice.

Pero la persecución no modificó el compromiso militante de Juan, pese a que fue despedido del ferrocarril y la familia debió emigrar a la ciudad de Buenos Aires en busca de mejores horizontes. Primero trabajó en una fábrica de vidrio, en Avellaneda, donde fue apodado Tupa por sus compañeros y elegido delegado gremial. Después se puso un negocio, una forrajería y verdulería, en Lomas de Zamora, en la misma casa donde vivían. En los años de proscripción siguió trabajando por sus ideas y el comienzo de los '70 lo encontró bajo la consigna "Luche y vuelve", que promovía el regreso de Perón.

"Mi papá estaba en la plaza cuando Perón echó a 'los imberbes', y se dio cuenta de que el general estaba mal influido", dice Juana.

Pero Juan siguió. Se realizaban algunas reuniones en su casa de militantes que recorrían las 9 barriadas más marginales de la zona Sur del Gran Buenos Aires. "Después del golpe, las que venían eran cada vez menos. Los estaban desapareciendo. En el último tiempo eran mi viejo y dos compañeros más solamente", recuerda.

La oscuridad

La noche del 5 de enero de 1978, mientras toda la familia estaba en la casa, irrumpieron entre 15 y 20 personas. Militares. Golpearon a Juan y se lo llevaron, después de revolver todo. Pero a las horas regresaron. Ya era 6 de enero. Esa vez destrozaron todo, hicieron que Juana, su hermano y su cuñada se quedaran en habitaciones diferentes y se llevaron a Hay-deé al salón del negocio. "La tuvieron dos horas, torturándola con picana. A mí me encerraron en el baño y escuchaba los gritos de mi mamá".

Después encapucharon a todos, los esposaron y se los llevaron. "Nos llevaron a Campo de Mayo. Sé que era ese lugar porque mi mamá, que supongo lograba ver algo, murmuraba que era ese lugar".

Los pusieron en fila, les sacaron las capuchas y "nos tiraban los autos encima, simulando que nos iban a atropellar". Después los encerraron, separados.

"Me dijeron: ahora ya no tenés nombre. Sos la detenida número 5.498. Y lo tuve que memorizar. También las letras que tenía el candado que cerraba los grilletes me unían a otra chica detenida: 'H. I.'"

Todos fueron torturados. Golpeados y picaneados. Juana logró en algún momento ver a su madre y a su padre, desde lejos. "Estaban muy mal. Muy lastimados. Mi mamá tenía muchas marcas en el cuerpo y el ojo derecho que parecía una pelota, destrozado".

Cuatro días después dejaron ir a Juana, a su hermano y a su cuñada. "Fue el general Reynaldo Bignone el que nos hizo formar y nos dijo: 'Ni se les ocurra hacer alguna acción legal o andar hablando de esto, porque los iremos a buscar y esta vez los vamos a matar lisa y llanamente'. Se me quedó grabado eso".

Después los cargaron en un camión militar y los dejaron en la zona de Villa Elisa, cerca de una estación de trenes. "Estábamos descalzos y con ropa destrozada, que no era nuestra, sin saber dónde nos encontrábamos y cómo regresar a casa. Pasó un obrero y le preguntamos. El hombre se alejó de nosotros y de bien lejos nos indicó más o menos cómo ir".

Cuando llegaron a la casa, estaba destrozada, saqueada, manchada con la sangre de Haydeé y un charco de agua junto a los cables pelados de un ventilador con los que habían picaneado a la madre de Juana.

"Campo de Mayo fue un campo de exterminio. De los 5.000 que fueron detenidos allí solo hay 38 sobrevivientes", dice.

Juana nunca volvió a ver a sus padres. Hoy siguen siendo detenidos desaparecidos. En enero del '78, la noche de Reyes, Juan Carlos tenía 49 años y Haydeé 46.

Juana ha militado desde ese entonces.

Integra la agrupación HIJOS y trabaja en la Dirección de Derechos Humanos de la Municipalidad de Lomas de Zamora, en el Espacio para la Memoria del ex Pozo Banfield.

Tiene 4 nietos. El primero cumple años justo hoy. La segunda y el tercero cumplen años un 7 de enero, como ese día en que vio a sus padres por última vez. Hay 30.000 historias así. Cada historia es única, tiene un rostro. Todas son Memoria.
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