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domingo 19 de noviembre de 2017

Amor sin tabúes ni escalas entre Mendoza y Tanzania

Alité vive en Las Heras y viaja seguido al país africano, donde conoció a su segundo marido e impulsa un proyecto solidario

Alité Lencinas hace seis años que está "quedándose o yéndose" como dice el tema del recordado músico argentino Luis Spinetta, ese que habla del pulso de la vida y de las cosas que no se pueden modificar ni torcer porque siempre serán así. Esa canción inspiradora que te propongo que hagas sonar en tu mente como música de fondo de esta crónica.

Aunque parezca sacada de una novela, esta historia ocurrió de verdad, y seguirá ocurriendo mientras la vida permita "amar, amar hasta morir", como recitaba el Flaco.

Empecemos entonces. ¿En dónde está quedándose Alité? Ahora en Mendoza, donde tiene su casa, trabajo, hijos, nietos, amigos. Un presente.

¿A dónde está yéndose? Cada tanto a Tanzania, donde conoció un nuevo amor, a una niña que adoptó como hija, un sentido renovado de vida, otra cultura, una fundación humanitaria. Un futuro. Así alterna su tiempo, viviendo en dos extremos muy alejados del mundo, con un océano interminable de por medio.

Antes Alité era Álida Esther y estuvo casada durante 26 años con Julio Bertola. Tuvo tres hijos. Formó un hogar que describe como ejemplar y todo hacía suponer que su destino se dirigía sin sobresaltos a una vejez de asados familiares los domingos y días simples y parecidos unos a otros el resto de la semana.

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Sin embargo no fue así. Su compañero murió inesperadamente y todo quedó descolocado, en desorden. "Mi esposo falleció de muerte súbita en 2011, de ninguna enfermedad que uno pudiese prepararse", contó desde su casa en Las Heras sobre ese momento crucial, agachando la mirada por un instante.

Volver a creer
El vacío de una perdida nunca puede llenarse con nada. Las personas son únicas e irrepetibles y sólo queda aceptar. Reconocer imposibles abre alternativas. Alité es una mujer de armas tomar, es decir decidida y arriesgada. Ante la tristeza, primero se refugió en la rutina del trabajo, pero después hizo algo increíble.

"Estuve 34 años en la Municipalidad de Godoy Cruz en Cultura y en el cine teatro Plaza. Actualmente sigo empleada como administrativa de la Secretaría de Cultura de Mendoza", contó y de este modo también dio a conocer dos aspectos fundamentales de su personalidad: es independiente e inquieta.
"Estuve muchos años acompañada y de pronto me quedé viuda. No sabía qué hacer con el tiempo que me sobraba y noté que mis hijos cambiaban su ritmo de vida para no dejarme sola. Usando internet indagué opciones para realizar trabajo comunitario o voluntario en la Argentina", describió.

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A partir de esa necesidad de brindar ayuda se contactó con la cantante Patricia Sosa, que en esa época visitaba la televisión contando sobre su vocación solidaria en los lugares más desfavorecidos del país, esos sitios donde ni las políticas sociales, ni las instituciones de caridad llegan.

"Lógicamente mi trabajo me da la posibilidad de hablar con artistas que pregonan ayuda en zonas con muchas necesidades. Patricia me dijo que no conocía una organización bien constituida. Lo que hacía eran asistencias aisladas y yo buscaba algo estable y no fortuito", continuó relatando.

En esa búsqueda, guiada por el deseo de formar parte de algo más grande, compartió su dirección de correo electrónico en distintas organizaciones y páginas sin obtener respuestas. Hasta que un día llegó a su casilla un mail que llamó particularmente su atención: "¿Qué pasa?", decía el mensaje de Kenny.

Otro mundo
Bagamoyo es una ciudad de Tanzania con 30.000 habitantes que tiene uno de los puertos comerciales más importantes del este de África. Fue conocida por tratarse de uno de los puntos neurálgicos de comercialización de marfil y de esclavos negros hasta finales del siglo XIX.

Allí gran parte de la población no cuenta con agua corriente, gas, luz, televisor y todavía se cocina a carbón. La pobreza llega a niveles extremos de deshumanización. Ahí Kenny Sultán Mleque fundó la Asociación de Niños Carenciados, una escuela abocada a la educación preescolar.

Parte importante de las tareas que se desarrollan desde esta institución consisten en conseguir fondos para sustentarse. En esta escuela trabajan voluntarios de distintas nacionalidades y hasta allí viajó Alité el 20 de julio de 2012 para conocer personalmente a Kenny y continuar una relación que comenzó virtualmente.

"Nunca estuvo en mis planes viajar. Cuando contesté el primer mail que me envió Kenny me interesé de inmediato en cooperar con la escuela pero desde Mendoza", recordó. Sin embargo, no pudo evitar lo que fue sucediendo después. El intercambio de mails creció accidentalmente hasta sellar un vínculo.

"Era todo muy nuevo para ambos. A ellos se les acaba el mapa en Brasil y yo no tenía ni idea de Tanzania. Nos contábamos qué hacíamos y nos enviábamos fotos. Una de mis hijas desconfiaba y me decía que me cuidara porque alguien se estaba riendo mucho de mí del otro lado", detalló y contó que ante la duda puso a prueba a Kenny.

"Le pedí que me mandara algo por correo para chequear la procedencia. Y si bien se demoró mucho, el paquete finalmente llegó. Otra cosa que hice por precaución fue tomar los primeros mails y repreguntar cosas para ver si se equivocaba. Las respuestas siempre fueron consistentes", aclaró.

Tener o ser
Dice el psicoanalista Erich Fromm que todos estamos sedientos de amor. Una prueba de ello es el centenar de películas sobre amores felices o desgraciados y lo que ocurre con la música. La mayoría asocia el amor con ser amados. Los hombres creen alcanzar ese objetivo a través del éxito y las mujeres siendo atractivas.

Confundida en ese enredo, Alité una vez creyó que sería más feliz si usaba sus ahorros en cirugías estéticas que realzaran su figura. "En ese entonces nos escribíamos bastante y ya tenía la confianza como para contarle acerca de mi necesidad de mejorar mi cuerpo y mi cara", confesó sobre sus proyectos pasados.

Kenny tuvo una respuesta contundente. Le envió contra rembolso un video de un matrimonio y le adjuntó un comentario. En ese documental la mujer estaba en silla de ruedas. No tenía piernas. "¿Cuál crees que es el sentido de la vida, crees que es importante lo que se ve o lo que se siente o se puede dar?", le escribió.

Finalmente Alité comprendió y aceptó la invitación de ese extranjero que daba vueltas en su mente e inyectaba emociones a su corazón. Fue así como tras meditarlo una y otra vez, superó prejuicios y miedos y se animó a viajar al encuentro de ese hombre que no sabía de cosas materiales pero sí de sentidos.

"Usted sólo pague su pasaje y la estadía va a correr por cuenta mía, me dijo al invitarme a Tanzania por primera vez. Yo realmente lo pensé mucho, mucho tiempo. Cuando saqué el pasaje les dije a mis hijos y por supuesto preferían que fuera a Europa u otro lugar, pero para mí esos sitios estaban vacíos", describió Alité.

"Muy a pesar de mis hijos, que sé que tenían miedo, emprendí viaje. Un sólo momento me sentí desprotegida. Cuando llegué al aeropuerto, salí de Migraciones, me paré delante de la escena y miré a toda la gente que estaba en el lugar y no podía distinguirlo: todos eran iguales", dijo.

Don de fluir
Un mes y medio estuvo en Tanzania. Usó todos sus días de licencia y pudo conocer a Kenny, su familia, sus seres queridos y sus proyectos. Se enamoraron y decidieron apostar a una relación. Tras su regreso Alité se encomendó a la ardua tarea de conseguir los documentos para que Kenny pudiese ingresar al país.

"Volví pensando de qué manera ayudarlo. Quedé bastante conmocionada al haber visto y vivido ahí, sentía un alto grado de impotencia por esa gente y descubrí cuán solos han quedado en el mundo. Cuando viajé por segunda vez, nos casamos", dijo de lo más natural y varias fotos atestiguan ese momento.

"Él recién ingresó a la Argentina en 2013 con residencia permanente. Uno minimiza bastante el ingreso al país porque tenemos la idea de que entra cualquiera. Bueno, puede ser, entra cualquiera menos los tanzanos. Necesitan visa y una cuenta bancaria. Nos costó muchísimo", recordó sentada junto a su pareja.

Kenny tiene una hija de seis años que se llama Rehema y que desde octubre de este año vive con ellos en Las Heras. La familia viaja permanentemente a Tanzania porque allá construyen una nueva sede de la asociación, cerca de las montañas y con la que desean ampliar las tareas de ayuda en el África.

"Mis hijos están cerca y me acompañan en todas mis decisiones, lo conocen, lo estiman, es parte de la familia. Cuando uno ve a una persona que está feliz, la familia apoya. Kenny al igual que su gente respeta la palabra y el honor", afirmó Alité mirándolo a los ojos, y él se esfuerza por entender el español.

Actualmente Kenny trabaja en una versión mejorada de su libro El niño de los pies descalzos, en el que relata su vida en la pobreza hasta convertirse en guía de turismo, profesor de inglés y fundador de una organización comunitaria. Viaja cada tanto a su tierra natal a veces solo y a veces con Alité y Rehema.

Están "quedándose o yéndose", andan de aquí para allá, porque, como canta Spinetta: "Deberás plantar/ y ver así la flor nacer/y deberás crear/si quieres ver a tu tierra en paz/el sol empuja con su luz/ el cielo brilla renovando la vida/y deberás amar/amar, amar hasta morir/y deberás crecer/sabiendo reír y llorar".

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