jueves 08 de marzo de 2018

Los tatuajes no están quietos: las células inmunitarias se comen la tinta y la vomitan, una y otra vez

Los tatuajes son para siempre, sí. Pero no están tan quietos como parece. Un grupo de investigadores franceses ha descubierto que los cristales de tinta de los tatuajes son constantemente engullidos, regurgitados y devorados de nuevo por las células inmunitarias de la piel, lo que plantea nuevas técnicas de borrado.

En un estudio publicado por el Journal of Experimental Medicine, los investigadores describen cómo estas células llamadas macrófagos asborben el pigmento y no lo liberan hasta que mueren, momento en el que otras células inmunitarias encargadas de eliminar agentes extraños vuelven a fagocitar la tinta. El ciclo se repite una y otra vez, por lo que el tatuaje nunca desaparece.

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Pigmentos de un tatuaje siendo liberados y fagocitados por las células de la pielImage: Baranska et al., 2018
Pigmentos de un tatuaje siendo liberados y fagocitados por las células de la pielImage: Baranska et al., 2018

En un experimento, los científicos tatuaron la cola de unos ratones y esperaron a que los macrófagos recogieran el pigmento. A continuación, eliminaron las células y volvieron a esperar. El tatuaje seguía viéndose exactamente igual que al principio. ¿El motivo? Las células muertas estaban liberando la tinta en la dermis al morir y esta era recogida nuevamente por las células vecinas.

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La cola tatuada de un ratón, antes y después de matar a los macrófagosImage: Baranska et al., 2018
La cola tatuada de un ratón, antes y después de matar a los macrófagosImage: Baranska et al., 2018

En otro experimento, los investigadores transfirieron una parte de la piel tatuada de un ratón a otro y descubrieron que, seis semanas después, las células inmunitarias del nuevo roedor portaban también el pigmento. El resultado sugiere que esto es un ciclo continuo: los macrófagos fagocitan la tinta y la vomitan, una y otra vez, a medida que mueren. Los tatuajes están "vivos".

Por qué recogen los cristales de tinta en primer lugar es una incógnita que ya había quedado resuelta por un estudio anterior. Los macrófagos se sienten atraídos por la herida infligida por la aguja y se comen el pigmento del tatuaje como se comerían cualquier patógeno invasor. Es una respuesta inmune. Ahora bien, este otro estudio nos da nuevas pistas sobre cómo mejorar las técnicas de eliminación de tatuajes mediante láser: hay que asegurarse de que las nuevas células de la piel no vuelvan a comerse la tinta de sus compañeras muertas.

Fuente: Journal of Experimental Medicine vía The New York Times
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