Gonzalo Díaz (30) no se olvida de sus orígenes. El Mamut (como lo apodan) resurgió debido a sus numerosas lesiones en la rodilla y ahora juega en Tacuarembó, un equipo de la segunda división uruguaya.

En una extensa charla con Ovación, el volante mendocino elogió a Godoy Cruz, el club que lo vio nacer futbolísticamente. "El Tomba fue mi vida, fue el club donde aprendí todo y que me dio todo. Las veces que volví siempre fue porque necesitaba regresar a mi casa", tiró con su habitual frontalidad.

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Luego añadió: "Cuando el club estaba casi descendido (el DT era Jorge Almirón) supe que era el momento de volver y poder de ayudar. El Tomba me dio la posibilidad de ser lo que soy y por suerte pudimos sacarlo adelante y que pueda quedarse donde se merece, en primera división.

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-¿Cómo se produjo tu llegada a Tacuarembó?

-Me contactó un amigo de Mendoza, Fernando Malara con un empresario uruguayo y bueno se dió. Hablé con el técnico de Tacuarembó y no lo dudé, sabía que era mi oportunidad de volver a jugar y ponerme en buen nivel; dos meses antes tenía el alta médica pero ya había pensado en dejar de jugar.

-¿Cómo están en el campeonato?

-El club es quizás el más grande del interior de Uruguay. El equipo estaba último en los promedios debido a los malos campeonatos anteriores; hoy estamos peleando para poder salvarnos y por un ascenso a la vez.

-¿Cómo has vivido la pandemia en este año tan difícil?

-La verdad que es algo que nos tomó de sorpresa y que mundialmente pegó muy fuerte. Gracias a Dios acá en Uruguay la vida es un poco más normal, sin tantas restricciones. Agradezco de poder estar acá porque mis hijos tienen un poco más de libertad, van al colegio de manera normal con los protocolos sanitarios.

En Argentina esta pandemia hizo desastres, no se qué hicieron acá en Uruguay, pero supieron controlarlo y sin llegar al punto de hacer cuarentenas estrictas.

-¿Estuviste cerca de dejar de jugar debido a las lesiones que tuviste?

-Sí, la verdad que me había resignado y en un momento pensé que con 29 años era el momento de dejarlo todo porque fueron dos lesiones en el mismo lugar. Gracias a Dios tengo una esposa y mi familia que nunca me dejaron caer: decidí dejar el fútbol y que el fútbol no me deje.

En ese momento solo tenía tristeza y frustración pero siempre la peleé desde muy chico para lograr todas mis metas y sueños y ahora no iba a ser la excepción. Decidí darme una oportunidad más y gracias a Dios acá en Uruguay jugué todos los partidos y a buen nivel; pude ponerme bien (llevamos ya 15 fechas) y aquella lesión de rodilla la dejé en el olvido, hoy puedo decir que estoy recuperado y volviendo a mi mejor versión.

-¿Defensa y Justicia ocupa un lugar en tu corazón?

-Defensa siempre va estar en mi corazón porque también me dio un ejemplo, siempre fue un club sufrido y gracias a Dios tuve la suerte de estar en un proceso hermoso, primero con Almirón, después con Diego Cocca y después tuve la dicha de poder jugar la Copa Sudamericana con Beccacece y poder clasificar a una Libertadores. Es algo que te llena de orgullo de haber formado parte de ese proceso.

-Estuviste en un grande de México como América, ¿cómo fue tu paso por el fútbol de ese país?

-Fue hermoso, algo único, donde tengo la dicha de decir que soy un bendecido de haber pasado por el más grande de México y poder dejar mi huella. Salí campeón de los dos torneos, pude hacer unos excelentes partidos y por eso la gente siempre me recuerda con cariño.

-¿Recordás el día que te probaste en un club? ¿Quién te llevó?

-Sí, cuando fui a Godoy Cruz me llevó el padre de un amigo, el Negro Torres. Me acuerdo que yo venía a trabajar en la construcción a las 14 años y el padre de Leandro (uno de mis mejores amigos) me cargó a su estanciera y me llevó a probarme al Expreso.

Gracias a Dios después de esa prueba mi vida cambió, siempre le agradezco a don Torres y al Fantasma Pereyra -que fue el que apenas me vio me llevo a fichar para el Tomba- y al Gato Oldrá, que le debo mucho.

Tengo una mención especial para los que me enseñaron más que cualquiera, como Víctor Merelles, Juan Arce y don Vargas, mis técnicos en Ciudad Oeste, quienes hacían todo por sacarte de la calle, darte un plato de comida, usar el fútbol para divertirse y alejarte de lo malo; en fin, ellos me enseñaron valores.

-¿Qué jugadores de tu camada en Godoy Cruz son tus amigos?

-En mi camada estaban el Carucha Escudero, Paul Martín, el Pelado Camargo, Facu Bailó y el Facu Rodríguez. El fútbol me dejó excelentes compañeros, pero ellos fueron grandes amigos.

-¿Quién te puso Mamut como apodo?

-Leandro Caruso me puso Mamut porque era morrudo y gordito pero con potencia y fuerza.

-¿Estuviste poco tiempo en Lanús?

-Sí, fue un semestre que me dio experiencia porque conocí un club modelo para la época. Estuve en el plantel de Zubeldia, que venía de salir campeón con Cabrero. Fui compañero de Bossio, Caranta, Valeri, Pelletieri, el Toto Salvio, Esteban Andrada, Marchesín y muchos más. Son unos monstruos y fue una linda experiencia en mi vida.

-¿En Instituto cómo te fue?

-Fue breve pero una linda experiencia allá por el 2010, era muy chico, pude jugar mucho y empecé a crecer futbolísticamente. Es una linda institución y tengo muy lindos recuerdos.

Su familia

La familia de Díaz está integrada por sus esposa, Yésica y por sus hijos, Valentín, Martina y Lola. Tiene a su hijo mayor en Mendoza y se llama Alex.

Un gran recuerdo en el Tomba

"Nos quedamos porque tenemos unos huevos enormes". Gonzalo Díaz. Fecha 19. Torneo Final 2014. FPT