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lunes 11 de diciembre de 2017

"Ya no soy una estrella del cine de acción"

El astro de las películas de artes marciales estrenó en Argentina un nuevo filme en donde sale de su típico rol que lo catapultó a la fama

Si algo no cambió con los años en Jackie Chan es su actitud humilde y su desesperación por no poder hablar en inglés con la fluidez que le hubiera gustado. A pesar de que sigue siendo hoy la mayor estrella del cine asiático, cuando llega a la habitación en donde se realizará la entrevista exhibe una mezcla de timidez con el sentido del humor que indudablemente lo ha ayudado a alcanzar la fama, sin dejar nunca de sonreír, aun cuando sus chistes se pierden en una difícil traducción.

Lo que es diferente en esta ocasión es que a los 63 años, el nativo de Hong-Kong que se formó en la Ópera de Pekín y que pasó de extra y doble a protagonista ya no se conforma con la fórmula tradicional de sus películas. Quiere algo más. En El implacable, la película de Martin Campbell que se estrenó el jueves, intenta mostrar nuevas facetas que tal vez den una pista de por dónde continuará su carrera cuando ya no le dé el cuerpo para una patada voladora. Es decir, basta de artes marciales.

En El implacable, Jackie Chan encarna a Quan, un empresario con un pasado enterrado que busca justicia cuando su hija es asesinada en un acto de terrorismo con motivos políticos y que, al ser ignorado por la IRA (Ejército Republicano Irlandés), decide hacer justicia por sí mismo. En su búsqueda para llegar a los terroristas se ve atrapado en un conflicto con un funcionario del gobierno británico (Pierce Brosnan), cuyo pasado puede tener pistas sobre la identidad de los asesinos.

–¿Qué fue lo que te llevó a querer participar en El implacable y Lego Ninjago: la película?
–Buscaba un cambio. Me pasé demasiados años sólo siendo una estrella del cine de acción. Es muy difícil conseguir guiones decentes y finalmente Hollywood me envió uno. Siempre me mandan proyectos sobre policías de Hong Kong o China, lo cual no me interesa, y nadie me tuvo en cuenta para La La Land. En cuanto a Lego Ninjago, tengo una larga trayectoria doblando animación. Trabajé en las versiones en mandarín de La bella y la bestia y Mulan y en inglés también hice Kung fu Panda. Es otra forma de mostrar que puedo hacer de todo y también de hacerme conocer entre las nuevas generaciones. Los niños de hoy no saben quién soy. Verán Lego Ninjago y después, cuando crezcan, verán mis otras películas. Quiero que todo el mundo me conozca y es una buena manera de lograrlo.

–Nunca se te vio tan vulnerable en una película como en El implacable. ¿Te resultó difícil llorar frente a la cámara?
–Sí. En la escena en la que hablo y me caen las lágrimas estoy llorando de verdad, no me puse gotitas en los ojos. Fue un gran desafío para mí, sobre todo por el idioma. Pierce Brosnan me hablaba y no le entendía nada. Cuando me tocaba hablar a mí, tenía que concentrarme en el inglés y tratar de emocionarme al mismo tiempo. Pero lo logré y me puse a llorar. Trabajar en este filme fue mucho trabajo para mí, porque cuando me volvía a mi hotel, mientras todo el mundo dormía, yo tenía que seguir practicando los diálogos en inglés. Creo que no lo hice tan mal. Durante muchos años quise mostrarle a la audiencia otra faceta de Jackie Chan. Puedo hacer comedia, puedo hacer acción, puedo hacer escenas de riesgo y ahora también drama. Espero que los directores del mundo se enteren y me contraten en sus películas...

–¿Qué es lo que te falta lograr como actor?
–Quiero trabajar en una película dramática en la que no dé ni un solo golpe. Pero me asusta lo que pueda pensar la audiencia si me ve en un filme así. De todos modos siento que los estoy preparando, poco a poco les he dejado saber que ya no soy una estrella del cine de acción. Soy un actor. Por eso hice una nueva Police Story, y después El implacable. Pero también he hecho otro tipo de cosas porque quiero que sepan que Jackie tiene muchos talentos. Y si Damien Chazelle me invita a hacer la segunda parte de La La Land le voy a decir que sí, porque aunque no soy muy buen cantante, tengo buena voz y escribo mis propias canciones. Ahora, cuando hago una película, e incluso una canción, tienen que tener un mensaje. He aceptado hacer Una pareja explosiva 4 porque lo va a tener. De lo contrario, les hubiese dicho que no.

–¿Estás pasando por un buen momento de tu carrera?
–Por supuesto. Cuando yo empecé no tenía un centavo. Era muy pobre y tenía que ganarme el pan haciendo escenas de riesgo. Para poder convertirme en estrella tuve que jugarme la vida en muchas películas. Hoy tengo mucho dinero, soy famoso y no tengo que preocuparme por nada. Lo único que me quita el sueño es tratar de encontrar un buen guión. En otras épocas lo que me preocupaba era cuánto recaudaban mis películas. Pero hoy en día ya no me interesa.

–¿Alguna vez te arrepentiste de hacer las escenas de riesgo?
–No. Cuando era joven no tenía opción. Pero si hubiera tenido la tecnología no habría sido necesario. En esos tiempos no teníamos dinero y lo único que podíamos hacer era saltar desde un edificio o sobre un auto. Todo pasaba por saltar. Cuando hago una película hoy tengo el dinero para filmar lo que haga falta y la tecnología para mostrar lo que sea. Pero a la audiencia le gusta que yo siga haciendo mis escenas de riesgo, así que no me queda otro remedio que continuar. Pero si un director me convoca para hacer actuar como por ejemplo en Spider-Man, estaría encantado en participar. Pero nadie me tiene en cuenta para esa clase de películas...

–Tu niñez parece sacada de una telenovela ¿Cómo fuiste a parar a la Ópera de Pekín?
–Yo crecí en una familia muy pobre, y después que emigramos a Australia mis padres consiguieron trabajo en la embajada norteamericana en Sidney. Mi padre era cocinero y mi madre era mucama, pero no les permitían tener a un chico en la embajada. Entonces tuvieron que ponerme en una escuela como pupilo y eligieron la Ópera de Pekín.

–¿Cómo te influyó esa experiencia?
–Me marcó para toda mi vida. En aquel momento fue horrible... Me pegaban todos los días y aunque no me pegasen me daba miedo estar allí. Cada vez que veía a las maestras temblaba. Si se rompía algo y no había nadie que se hiciera responsable nos castigaban a todos. Aprendimos a vivir en disciplina, parecíamos un ejército, porque uno tenía que seguir las reglas a cualquier costo. Nos levantábamos a las 5 de la mañana para ir a clase y seguíamos una rutina muy dura. En las clases de educación física nos hacían saltar mesas, a veces una, a veces dos y a veces hasta tres juntas. Para un chico el tamaño de una mesa normal es demasiado alto pero ellos insistían hasta que uno lo lograba. A veces uno se caía y se lastimaba...

–¿Al menos fue una buena escuela de artes marciales?
–Sí. Ahora agradezco todas las cosas que aprendí allí, porque me enseñaron teatro, gimnasia, boxeo, acrobacia... Por eso el público puede apreciar que en mis películas yo soy el que hago todas las escenas de riesgo, sin dobles. Aunque en otros aspectos la enseñanza de la Ópera de Pekín dejaba bastante que desear, porque todo pasaba por la lucha y por la educación física, no nos enseñaban casi nada más. Cuando terminé, en la época en que en China las películas de acción ya habían pasado de moda porque los musicales habían conquistado el mercado, me fui a Australia a ver a mis padres. No tenía nada que hacer, no tenía dinero, ni licencia de conducir, entonces me pasé varios días sentado en la cocina de la embajada sin hacer nada. Después de un par de días el embajador organizó una fiesta. Era el atardecer, mi padre estaba cocinando y yo estaba sentado a su lado. De repente él se dio vuelta y me dijo: "Jackie, yo ya tengo 60 años y sigo cocinando, ¿cuando tengas mi edad vas a poder cocinar?". Lo miré a mi padre sin saber qué decirle. Finalmente le dije que no sabía hacer otra cosa que pelear, que no tenía educación. El me dijo que me iba a enseñar a cocinar. Lo intenté durante un tiempo, pero enseguida me di cuenta de que yo nunca iba a poder hacerlo, porque no tenía paciencia para aprender. Le tuve que mentir a mi padre, le dije que tenía un contrato para filmar una película y me fui a Hong Kong a probar suerte en el cine de artes marciales. Y así fue como comenzó todo.

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