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sábado 13 de enero de 2018

X- Files: un regreso con sabor amargo

Temporada 11. La semana pasada se estrenó por el canal Fox la serie que hizo historia a partir de las peripecias vividas por los agentes federales Fox Mulder y Dana Scully. Pero la eficacia y la originalidad de antaño ahora brillan por su ausencia.

Los expedientes secretos X (X-Files) comenzó su temporada número 11 (todos los miércoles a las 22 por Fox, con repetición a las 23, señal 32 Supercanal y 1020 Supercanal HD) y si bien la protagonista femenina, Gillian Anderson (Dana Scully) ha asegurado que esta será su última colaboración en la serie, su creador, Chris Carter, ha declarado que probablemente no cierre todos los enigmas planteados, con lo cual la posibilidad de otra entrega queda abierta.

La temporada 10 había regresado tras 25 años de ausencia en las pantallas y una expectativa que en gran medida la serie no retribuyó, algo que vuelve a suceder con esta nueva entrega.

Casi unánimes han sido las críticas al referirse a esta nueva temporada, a la que califican como decepcionante. En primer lugar, el tiempo ha pasado y los aires de renovación no se demuestran ni en la narración –demasiado explicativa para que los no fanáticos entiendan– hasta en los recursos demasiado trillados para una serie que supo ser innovadora.

En el primer capítulo (Mi lucha III), la atención se centra el William, el hijo de Mulder y Scully, clave esencial para el futuro del mundo. Con guión y dirección del mismo Carter, esta historia que tiene continuidad no se presenta tan atrapante ni entretenida como en los unitarios donde era un enigma el que debía resolverse. Y tampoco hay innovación en los recursos.

Los planos en los cuales el espectador observa la conexión entre Dana y su hijo, con ella tomándose la cabeza y viendo entrecortadas imágenes, son un canto a la obviedad y el protagonista masculino, David Duchovny (Fox Mulder), pareciera haber desaprendido las más básicas lecciones actorales, porque su rostro no parece nunca corresponder a la escena que está rodando.

El guión tampoco ayuda demasiado. Que Mulder sospeche de Skinner, el director adjunto en el FBI de haber estado con "el fumador" porque "huele a tabaco" –parece que nadie más fuma en el mundo– o en el segundo episodio, las pistas que siguen en el cementerio de Arlington cual si tratase de la búsqueda del tesoro, desmerecen la narración y hacen añorar aquellos capítulos en los que la intriga y la originalidad eran el sello distintivo de X-Files.

Esta otrora serie de culto no parece que vaya a dejar de su temporada 11 un recuerdo inolvidable. Quiero creer. Pero no puedo.
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