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sábado 23 de diciembre de 2017

Una obsesión que se extendió por 17 años

Caso real. La serie Manhunt: Unabomber refleja el trabajo de casi dos décadas que realizó un equipo especial del FBI para atrapar a Ted Kaczynski, peligroso asesino en serie estadounidense que encontró a su rival perfecto en el agente Jim Fitgerald.

Estados Unidos tiene una de las sociedades más violentas del mundo, de allí que no sorprenda que gran parte de su producción audiovisual esté destinada a desentrañar las razones y motivaciones de sus criminales.

Tal es el caso de Manhunt: Unabomber, serie realizada en principio para Discovery Channel y que en Argentina estrenó hace pocos días la plataforma Netflix.

Durante 17 años un grupo especial del FBI destinó enormes recursos humanos y económicos para atrapar a un asesino en serie que se hizo conocido en los medios como "Unabomber", porque su modus operandi consistía en enviar paquetes con explosivos que detonaban al ser abiertos por los destinatarios. La serie refleja los desesperados esfuerzos por identificarlo, mientras las víctimas se seguían sumando.

Su captura fue posible por el perfil que uno de los agentes del FBI, Jim Fitgerald, hizo del homicida, a partir de una disciplina que él con sus colaboradores fueron creando: la lingüística forense, que por ser nueva fue sumamente resistida como prueba por sus superiores.

Tal como se advirtió en otra nueva serie, Mindhunter, los perfiles psicológicos demoraron muchas décadas en ser reconocidos como herramienta para la localización y enjuiciamiento de delincuentes.

Mindhunter se sitúa en los inicios de los "perfiladores", en los años '70, donde las entrevistas con reconocidos asesinos en serie fueron convirtiéndose en la base exploratoria de esta nueva ciencia, en tanto que Manhunt, a pesar de ser un hecho real de los años '90, sigue mostrando que esta disciplina seguía siendo resistida en las altos mandos del FBI.

El duelo actoral entre Ted Kaczynski (Unabomber, interpretado por el actor Paul Bettany) y Sam Worthington, en la piel de Jim Fitgerald, muestra excelencia en la narrativa cinematográfica: en un cuarto cerrado, con la sola presencia de ambos y un excelente guión, uno no puede dejar de sorprenderse y contener el aliento a medida que los interrogatorios se van desarrollando.

Más allá de las motivaciones filosóficas de este criminal con coeficiente de genio, la serie retrata esa vieja pulsión entre las clásicas figuras del protagonista-antagonista, donde uno es la obsesión del otro, donde la vida adquiere más sentido porque el otro está allí, al acecho.

Un grupo de excelentes actores secundarios completan el reparto de esta serie, imprescindible a la hora de indagar sobre el lado oscuro de los seres humanos.
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