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martes 14 de noviembre de 2017

Una diseñadora que le da nueva vida a la ropa

Florencia Dacal se encarga de realizar prendas de vestir refaccionando otras que están en desuso

Florencia Dacal pone en valor y recupera ropa de hombre y de mujer, pensada desde la diversidad y la sustentabilidad. Crea piezas únicas en serie. La diseñadora estuvo en Mendoza, donde participó del Taconeando Market, un auténtico mercado de la moda vanguardista, ya que forma parte del Perchero Federal de la Tienda Ina Ini. Recordemos que los próximos 18, 19 y 20 de noviembre se realizará Taconeando, un mercado de moda, en el Museo Giol (Ozamis 914, Maipú).

Florencia Dacal es una transformadora con conciencia ambiental. Junto con su hermana Lola lleva adelante la marca Dacal, firma que se caracteriza por ofrecer prendas recicladas y reconstruidas a partir de textiles que su ojo entrenado encuentra en ferias. Allí cuelgan "Únicos en serie", una colección concebida con prendas usadas y revividas sobre la base de técnicas antiguas y nuevos valores. "Es un trabajo de reciclaje y reconstrucción de prendas –explicó Florencia–, pero también es un nuevo modo de ver la moldería, totalmente relacionado con el cuerpo. En vez de tomar medidas, hablamos de proporciones. Abordar el cuerpo desde la diversidad y lo bello que puede ser cada uno.
Entendemos que el problema no está en nosotros sino en la industria, que por ahorrarse centímetros de tela hace cortes malos".

Florencia y Romina Palma son quienes dirigen el Club Social de Costura, un galpón largo iluminado por una vidriera que da a Mario Bravo 956, en Palermo, donde enseña costura y se exhiben los percheros de Somos Dacal.

–¿Qué le proponés al consumidor?
–Le propongo elegir. En Somos Dacal hay prendas únicas en serie. Son pensadas para un grupo diverso de personas. Hay camisas, camperas, vestidos, todas prendas exclusivas, no hay dos de cada una. Esto es todo lo contrario a hacer ropa al por mayor. Proponemos una valoración del individuo, pensar y ejercer un rol de consumidor más responsable. A mí me pasa que cuando me entero cómo están hechas las cosas no puedo volver atrás. Hay un nivel de conciencia en donde te podrás hacer el tonto, pero la información está ahí.

–¿Qué telas utilizan normalmente?
–Reciclo para tener buena calidad de materiales. Es cuestión de ir y seleccionar. Compro prendas en ferias, y hay donaciones. Ya estoy entrenada. Veo cosas y me imagino para qué sirven. Noto el error de confección y sé cómo recomponerlo. Es un rito: ir y tocar la tela, ver el estado, la calidad. En base a eso, pienso cómo convertir la ropa. El resultado es un perchero con coherencia y variado.

–¿A qué edad armaste tu primera prenda y qué fue?
–A los 12 años cosí una falda, pero la hice a partir de una blusa de mi abuela porque me encantaba la tela, así que la transformé. Mi mamá hacía cosas con distintos materiales, siempre fuimos una familia muy práctica. Corté un pedazo de tela y empecé. Me quedaba grande de cintura y agregué un elástico, me iba chica de pierna, y le pregunté a mi mamá y me dijo "hacele un tajo" y listo. Me fui dando cuenta de que esto sería lo que quería hacer aunque hubo algo natural en ser sustentable porque me crié en un pueblo, en Arrecifes, y allí no había muchas posibilidades de comprar. Pero a la vez no sé si tenía que ver con eso, sino con mi curiosidad, de mirar lo que tenía a mí alrededor, que eran muchos placares llenos de ropa con cosas que no se usaban. Fue ver qué se podía hacer con lo que tenía a mano. Por eso enseño a hacer esto, porque me parece que el impacto que se puede lograr es muy fuerte.

–¿En los talleres de costura, qué es lo que enseñás?
–Hay grandes saberes de la costura que está bueno compartir y en general se transmiten, pero en el taller no es ponerse a estudiar, sino sentarse a coser desde el primer día. Noto que hay un bache generacional entre señoras y pibas, pero eso se da porque no les enseñaron. Es la generación que fue obligada a ir a corte y confección, que tiene un método insoportable, y no pasó este saber. Rehacer la ropa tiene un espíritu particular, los asistentes diseñan sus prendas y pasan por la experiencia de hacerlo cada uno con algo que ellos consideraban que era descarte.
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