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lunes 30 de octubre de 2017

Un relato social espeso y oscuro en "Corralón"

Luciano Cáceres y Pablo Pinto son los protagonistas de "Corralón", que dirigió Eduardo Pinto y produjeron los tres, un relato social denso y oscuro que se estrenará el próximo jueves y en el que exploran -bordeando una línea difusa entre el bien y el mal, con ciertos elementos del género de terror- las diferencias de clase, la intolerancia y el abuso de poder, pero también la venganza y una forma espeluznante de "reeducación" de los malvados.

"La película trabaja sobre la intolerancia, los abusos y las diferencias de clase. Reflexiona incluso acerca de la intolerancia entre los seres humanos. La idea era pasar de golpe desde un costumbrismo machista y liviano al thriller y el terror psicológico, dándole un giro inesperado al relato", destacó el director, autor entre otros filmes del policial "Caño dorado".

Su nuevo largometraje es una película invernal filmada en un blanco y negro "expresionista, crudo y salvaje" en distintos espacios del partido bonaerense de Moreno, de donde son oriundos los Pinto, con muy escaso presupuesto, sin apoyo estatal ni privado, rodando los fines de semana con la ayuda de sus familiares, vecinos de la zona y el dueño de un corralón de materiales, que les prestó el lugar y su propio camión.

CORRALON / TRAILER

Además de su estreno este jueves en el Cine Gaumont, "Corralón" se verá a partir del 11 de noviembre próximo en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba) y luego, el día 25, será exhibida al aire libre -en una sección paralela- en el marco del próximo Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

"Teníamos mucha urgencia y necesidad de filmar sin depender de nadie. Por eso formamos un equipo reducido, pero de grandes profesionales. Pensamos un diseño de producción que estuviera fusionado con la realización, porque así podíamos filmar en la medida de nuestras posibilidades", recordó el director, que junto a Cáceres, su hermano y Omar Aguilera componen la productora "Eusebia en la higuera", un nombre que rinde homenaje a su abuela.

Por su parte, el ganador del Martín Fierro al mejor actor por su trabajo en la novela "Los ricos no piden permiso", afirmó en una entrevista con Télam que la filmación de la película "fue un trabajo de producción horizontal, en el que todos nos convertimos en asistentes de todos, pero cada uno con algo específico que hacer".

"Rescatamos el espíritu de equipo. Sabíamos con qué contábamos y obramos en consecuencia. Frente a las dificultades, sabíamos que teníamos que accionar. Por eso creo que la película tiene la inmediatez y el espíritu del teatro independiente, en donde todos colaboran, y así se dieron ciertas circunstancias que nos permitieron hacerla", agregó el actor, que junto a Pablo Pinto encarnan a dos trabajadores de un corralón de materiales.

Se trata de Juan e Ismael, dos grandes amigos que montados al camión del galpón donde trabajan atraviesan el invierno y conviven con humor -a veces ayudados por el alcohol- con las asperezas del trabajo, mientras reparten cemento, arena y ladrillos en distintas obras de construcción, hasta que un día se encuentran con un cliente diferente: un hombre adinerado, involucrado en negocios poco claros, que los agrede e insulta.

Frente a la humillación que les provoca este hombre rico y autoritario, y a la violencia gratuita a la que los somete, ellos reaccionan de un modo imprevisto, pasional, y a partir de ese momento la película se torna oscura y salvaje, se convierte en un relato de terror, en el que afloran las miserias humanas de los unos y los otros.

"El acto gratuito, un impulso, la borrachera y los maltratos que sufren los conduce a hacer lo que hacen. Eso además los pone a ellos mismos en roles antagónicos, porque uno quiere reeducar y dar una lección de comportamiento a este hombre violento, mientras que el otro en cambio sólo quiere aprovecharse y sacarle dinero. Todos los personajes tiene su oscuridad", aclaró Cáceres, quien encarna a un hombre cerebral y silencioso.

Con Joaquín Berthold, Brenda Gandini, Carlos Portaluppi y Nai Awada en el elenco, "Corralón" -que se vio por primera vez en público en el último Bafici- es una historia de venganza y diferencias sociales que surgió, según señaló Cáceres, porque "estábamos enojados por distintos motivos y queríamos abordar un tema fuerte. Fue como una descarga artística. Pero fue una catarsis llena de belleza. Hay algo en el arte que lo vuelve estético y está bien que toda esa furia que sentíamos se haya encauzado en una película".

"Era todo muy jugado y arriesgado, casi al borde del gore (subgénero caracterizado por torturas, mutilaciones, degollamientos y mucha sangre en escena). El género de terror contiene y lleva al filme a otro escalón, haciendo posible las barbaridades que ocurren. Es un poco el viejo dilema de 'civilización y barbarie', pero ¿cuál es la civilización y cuál es la barbarie? Los personajes se cruzan de un lado al otro todo el tiempo", destacó Pinto.

Según el cineasta, "la película trata sobre las relaciones humanas, la amistad y la discriminación. Habla del espacio que ocupa cada hombre en esta sociedad, un espacio delimitado, un corral, donde se produce una sensación de ahogo y encierro. Corralón representa la discriminación entre clases sociales y la pérdida del respeto por el hombre en una sociedad donde vale más tener que ser".

"A mi me gusta el contraste entre el tipo de producciones y los personajes que encaro. En este caso, es una película que si no tenés la camiseta puesta no la vas a poder hacer nunca. Hay algo de la confianza y dedicación que confluyen y que quizás no se repitan nunca. Siempre hay un alto grado de riesgo. Nada era cómodo, pero había alegría".
Fuente: Télam

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