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sábado 02 de junio de 2018

Un éxito comercial que termina en tedio

Por 13 razones. La segunda temporada de la serie que fue un suceso en el año anterior es redundante, poco original. Encaminada a perpetuar el negocio, no cierra la narrativa de esta nueva entrega, en vista de una tercera parte

La serie Por 13 razones estrenó su segunda temporada el 18 de mayo por Netflix, tras el éxito logrado en la primera y la polémica que despertó su temática del acoso escolar y el suicidio adolescente.

Pero lamentablemente esta segunda entrega tiene más de 13 razones para no verla y, sobre todo, la esencial es que la historia ya había sido contada, había tenido un cierre y todo lo que vemos en estos 13 capítulos redunda en lo ya visto y encima, con pobres recursos.
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Recordemos que en la anterior entrega la protagonista era Hannah Baker (Katherine Langford) adolescente atormentada por rumores de sus compañeros y víctima de abuso que exponía en trece cintas las razones por las cuales decidía poner fin a su vida. Es decir que uno de los personajes centrales ya no estaba, pero como era una de las caras visibles había que traerla de vuelta. ¿Y cuál es el recurso más fácil? El fantasma.

Sí, la adolescente ahora se le aparece a su eterno enamorado Clay (Dylan Minette) para seguir atormentándolo, porque los flashbacks para justificar la presencia de la ascendente estrella femenina de la serie no alcanzaban.

Es más, como la historia ya había sido contada, la trama comienza a minarse de dudas: quizá Hannah no era una víctima, tal vez tenía demasiados secretos o su vida no era tan transparente como la creían.

Por su parte sus compañeros, entre los que hay víctimas y victimarios, siguen con sus vidas tratando de sobrellevar o olvidar la muerte de Hannah y el dolor emocional o la culpa empiezan a moldear sus vidas de múltiples formas, desde buscar la salvación hasta la violencia creciente.

Pero nada de esto sostiene lo redundante de la serie, que en sus excesivos 13 capítulos mancha la historia inicial con el evidente fin de continuar el éxito comercial.

Es más, esta segunda temporada deja abierta –y ya está casi confirmada– una tercera entrega que seguramente hará foco en otro de los serios problemas de la comunidad estudiantil norteamericana: la violencia de los adolescentes armados.

Con avisos que advierten que se trata de una ficción –por las críticas que recibieron de ser una "apología del suicidio"– y sitios donde pedir ayuda en caso de ser víctimas de abuso, Por 13 razones busca ser políticamente correcta –muy conveniente en los tiempos del Me too– pero es redundante y poco original. Esperemos que si hay tercera temporada, al menos no haya fantasmas.
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