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jueves 01 de febrero de 2018

The Post: "No soy valiente en lo más mínimo"

Meryl Streep. Acostumbrada a interpretar mujeres fuertes en el cine, la actriz regresa con The Post, donde encarna a la editora general del diario The Washington Post.

Aunque la Academia de Hollywood nominó sólo en dos categorías a The Post, la última obra maestra de Steven Spielberg, tuvo una consideración hacia Meryl Streep al honrarla con su nominación al Oscar número 21.

El filme es candidato a mejor película y Streep aspira al premio como mejor actriz. Así, quien está considerada como la mejor intérprete del mundo, ha consolidado un récord que permanecerá imbatible por muchos años.

Sin embargo, sorprende escucharla hablar sobre sus dudas cada vez que se prepara para un papel y su forma de tomarse las cosas como si su carrera estuviera en juego en cada interpretación. Eso explica por qué al verla convertida en Katharine Graham, la editora general del diario The Washington Post en una época en la que las mujeres no ocupaban esas posiciones, uno se olvide de que quien está allí es esta artista que nunca deja de sorprendernos.

The Post Trailer

El filme, que se estrena esta semana en el país, cuenta la extraña relación entre Katharine Graham, la primera mujer editora del influyente The Washington Post, y el también editor Ben Bradlee –personaje a cargo de Tom Hanks–, mientras intentan unirse a The New York Times para revelar importantes secretos gubernamentales encubiertos durante tres décadas por cuatro presidentes de Estados Unidos.

–¿Cómo fue la experiencia de trabajar con Steven Spielberg?
–Fabuloso. Nunca había trabajado con alguien que sea más intuitivo que él a la hora de construir una narración desde el plano visual. Cada día encontraba nuevas maneras de contar la historia. Pero además nunca ensaya, lo cual fue un poco escalofriante, y como Tom ya ha trabajado varias veces con él estaba siempre listo, lo cual hizo que la presión fuera aún mayor. Tom jamás se equivocó en cada una de las escenas que hicimos juntos. Se sabía a la perfección cada parlamento, por lo que no tuve otro remedio que poner lo mejor de mí para poder estar a su altura. Fue un rodaje muy placentero, con muchos grandes actores.


–¿Por qué creés que Katharine Graham fue tan importante como para que sea la figura central de este filme?
–Porque tuvo una actitud muy valiente y muy costosa, y la tomó en un momento que muchos dudaban de su legitimidad en el puesto que tenía. Ella no debería de haber tenido dudas en sí misma, pero las tuvo y se debió a la época que le tocó vivir porque a lo largo del tiempo demostró que tenía la capacidad de ser una de las líderes más brillantes que tuvo el periodismo norteamericano, algo que en el momento que retrata la película ella no lo sabía. Graham habló con mucha elocuencia de esto en su libro. Ella vivió en carne propia el síndrome del impostor, por el que alguien siente que no merece estar en el lugar que tiene. Además el suyo es el caso emblemático de dónde estaban las mujeres en aquellos tiempos. Había muy pocas mujeres en los negocios que no tuvieran posiciones de secretaria o asistente. Las abogadas eran muy pocas, las doctoras también, y había pocas mujeres en el gobierno, algo que sigue ocurriendo hoy.

–¿Qué te lleva a interpretar a mujeres que lo arriesgan todo por lo que creen? ¿Te identificas con ellas?
–Son personajes que me atraen, pero no siento que esté en su misma liga. Muchas de las mujeres que he interpretado han sido muy valientes, partiendo de Karen Silkwood. Simplemente tengo curiosidad por saber qué es lo que lleva a mujeres muy diferentes entre sí a tomar una decisión difícil y luchar por ella. Siempre me ha interesado tratar de entender por qué otras personas son como son. Y muchas personas reales a las que interpreté tuvieron que enfrentar sus miedos y salir a luchar.

–En tu caso particular, ¿cómo fue el proceso por el que decidiste usar los Globos de Oro del año pasado como plataforma política?
–En los dos días previos a la gala, me puse a pensar en mi cuarto del hotel Chateau Marmont en la prensa que lucha por la libertad en diferentes lugares del mundo y el precio que pagan por ello. En la mujer que recibió un cuchillazo en la nuca en Rusia, en la que denunció los archivos de Panamá en Malta. Es mucha la gente que se ha jugado la vida por la causa. También pensé que me estaban homenajeando por mi trabajo como actriz y tenía muy presente que la actuación puede ser usada para una mala causa. Porque uno puede usar su capacidad actoral para distorsionar la realidad. Por eso decidí que no iba a hablar sobre mí, sino sobre el momento que estábamos viviendo, y particularmente sobre el ataque que sufre constantemente la prensa en Estados Unidos.

–¿Siempre has sido así de valiente?
–No soy valiente en lo más mínimo. No me gusta pararme delante de la gente a dar un discurso. No es mi vocación.

–¿Entonces de dónde surge tu decisión de decir lo que pensás?
–En ese caso, fue un arrebato de entusiasmo. Creo que todo el mundo se ve más afectado por sus emociones que por su raciocinio y en mi caso es igual. Uno puede pensar mucho sobre política, pero son tus emociones las que te llevan a participar.

–¿Cual creés que va a ser el impacto a futuro de todo lo que está pasando en Hollywood a partir de las denuncias de acoso sexual?
–Yo espero que tenga un impacto en la sociedad en general, no solamente en Hollywood. Creo que es algo que no va a desaparecer rápidamente. Va a tener un impacto en todas las empresas en Estados Unidos y también en el mundo. Yo creo que ya lo ha hecho. En Hollywood en particular, espero que tenga un impacto en las estructuras de los estudios, en las agencias, en las compañías financieras y en las mesas directivas de las grandes corporaciones que son dueñas de los estudios. Cuando la mitad de los integrantes de esas mesas directivas sean hombres y la otra mitad mujeres, este tema va a desaparecer. Cuando tu jefa es mujer, ciertas cosas van a ser más complicadas.

–¿Seguís teniendo un poco de miedo antes de interpretar un nuevo papel?
–Por supuesto. Tengo mucho miedo, pero he aprendido a ajustarme al hecho de que siempre va a ser así. Creo que algo de eso se debe a las enormes expectativas que genera cada nueva película que hago, debido a que he tenido la suerte de interpretar a muchas mujeres extraordinarias. Cuando llega un nuevo papel, yo no quiero prestarle menos atención que a los que he hecho anteriormente, de la misma manera en que uno no quiere privilegiar a ninguno de sus hijos por sobre los demás. Es como que la confianza que tengo en mí misma se desarma frente a cada proyecto. Suelo tener la sensación de que es algo que nunca me ha pasado antes, pero mi esposo se ocupa de recordarme que siempre me pasa lo mismo con cada película que hago. Cada vez tengo un ataque de pánico en el que digo que no debería de hacer la película y que tengo que llamar a los productores para pedirles que me busquen un reemplazo porque no tengo idea de por dónde empezar. Pero él me tranquiliza y me recuerda que esa es mi manera habitual de hacer las cosas. Con cada papel siento que tengo que demostrar que soy una buena actriz.

–Aún siendo la actriz que más premios ha recibido en la historia del cine, ¿siempre estás satisfecha con tu trabajo?
–No necesariamente. Suelo ser muy impaciente conmigo misma. Me gusta rodar tan rápido como me sea posible. Mi sensación cuando me veo en el cine es que en lo que se ve no ha quedado lo mejor. Que el mejor momento se produce cuando los actores hemos dejado de hablar y es allí en donde dicen "corten".
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