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viernes 02 de febrero de 2018

Penélope Cruz: "Cada caso de abuso es único y debe investigarse"

La actriz madrileña recibirá el César de Honor en marzo y mañana acudirá a los Goya con su décima candidatura, por Loving Pablo.

Penélope Cruz (Alcobendas, 1974) suena rara al teléfono. "Es que he pasado un constipado, el tercero del invierno", contesta. Está en su casa en Madrid, recuperándose para los Goya —la entrevista se realizó el miércoles—, gala a la que acudirá como candidata a mejor actriz por Loving Pablo: es su décima nominación. Entre esa selección, el anuncio de que recibirá el 2 de marzo el César de Honor del cine francés, y el próximo proyecto que rodará en verano, la actriz tiene muchas cosas que contar.

-Es la segunda española, tras Pedro Almodóvar, en recibir el homenaje del cine francés.
-Estoy alucinando con esto. Muy feliz, un poco preocupada porque tengo que escribirme un discurso. Quiero preparármelo bien para poder disfrutar. No me lo esperaba, y me ha hecho mucha ilusión: a mí, a mi familia. Me impresiona mucho que solo lo haya tenido por España Pedro, y el listado de los últimos años. Estas cosas me hacen recordar a las personas que me han ayudado a sacar adelante mi carrera; vas día a día, sumando, y pasan los años y miras atrás y te planteas: ¿cómo puede ser que desde los 15 años haya podido vivir de esto y con tantas experiencias? Y sigo con la misma ilusión de aprender.

-Vive un momento dulce.
-Sí, y eso que mis hijos son pequeños y sus primeros años bajé el ritmo. Ahora mismo tampoco trabajo como cuando tenía 25 o 30 años, enlazando rodaje tras rodaje, siempre viviendo en un plató. La fortuna más grande de poder elegir mis proyectos es tener tiempo real para mi familia y defender un equilibrio. Frené, hice lo que me pedía mi corazón. Ha salido bien, y me llegan proyectos muy interesantes, que me ocupan dos, tres meses... Bueno, el de Asghar Farhadi [el iraní la ha dirigido en Todos lo saben] me ha ocupado cuatro meses. Tampoco me separo de mi familia en los rodajes.

-Lo que compagina con otros trabajos.
-Sí, en mi productora, las colecciones con mi hermana Mónica, mi trabajo con marcas con Lancôme... Acciones que luego me permiten escoger tranquilamente mis filmes. Como madre me importa mucho el equilibrio.

-El sábado defiende su décima candidatura. ¿Eso confirma sus elecciones?
-Antes de elegir bien, está la suerte de que te ofrezcan esos filmes. Cada año hay una lotería sobre las películas que van a conectar con el público y los académicos, y no depende de ti. A mí me ilusiona cada nominación, y por supuesto que me hace feliz ganar, pero que no me quiten la ilusión de cuando oyes que te nominan. Siempre las considero como reflejo del cariño de mis compañeros. Yo lloro con las nominaciones.

-Ha estado en varias proyecciones y coloquios sobre Loving Pablo. ¿Lo hace siempre?
-Como aún no se ha estrenado no hemos podido enviar DVD ni enlaces por Internet para las votaciones. Por eso hemos estado en esas sesiones..., pero de verdad, nada distinto de ocasiones previas. Queríamos que los académicos vieran los excepcionales trabajos de todos los departamentos.

-Vistas sus rivales a los Goya, ¿cree que se lo llevará?
-Las admiro a todas, y sé perfectamente que no lo voy a ganar este año. No me suelo equivocar. Sé perfectamente quién se lo va a llevar y me hará mucha ilusión.

-¿Se refiere a Nathalie Poza?
-Bueno, no vamos a decir el nombre [risas]. Todas se las merecen.

-CIMA, la asociación de mujeres del audiovisual, anuncia acciones en los Goya para llamar la atención sobre la falta de mujeres en el cine español. ¿Es el momento de hacerlo?
-Sí, y el problema es general, de la sociedad, y no solo del cine. En el movimiento #MeToo estamos todos, hombres y mujeres, porque todos sentimos esa rabia hacia la injusticia. La iniciativa Time's Up es maravillosa: yo he donado, porque creo que va a marcar la diferencia. Llevan 17 millones de dólares recaudados por todo el mundo, y es un apoyo no a la industria del cine, sino a cualquier industria, y a hombres y mujeres —me gusta recalcar esto— que hayan sufrido acosos sexuales o abusos de poder, y que necesitan defensa y protección. Para eso hemos creado este fondo.

-Las firmantes del manifiesto francés hablaban de miedo a una caza de brujas.
-Hay verdades en los dos sitios. Yo estoy dentro de Time's Up, una acción concreta que genera una ayuda concreta, y no por ello dejo de creer en que cada caso tiene que ser juzgado, porque cada caso es único. Y la prensa debe tener mucho cuidado con señalar a alguien. Cada caso merece su tiempo y su investigación. Si no, ¿para que están las leyes? No todo vale. Creo en la justicia.

-¿Su próxima película será el nuevo proyecto de Todd Solondz?
-Eso espero. Se titula Love Child. [Según la web IMDb, el protagonista es un aspirante a estrella de Broadway, que urde un accidente que casi mata a su padre, un abusador, y que desea que su madre —a la que idolatra— se líe con Nacho, que vive en la casa de huéspedes de la familia]. Obviamente, yo encarno a Inmaculada, la madre, y Edgar Ramírez, a Nacho. Se rodará en Madrid y alrededores, y si va bien la financiación, será este verano. Me apetece trabajar con directores que arriesgan, ya sabes mi punto raruno. Cuando me llamó Farhadi, cuyo cine amo, y me dijo que iba a escribir para mí, flipé. Asghar es muy especial, de una sensibilidad... Quieres darle todo. Un día acabé en una ambulancia tras representar un ataque de pánico. Cuando salí de la ambulancia, me abrazó, me pidió otra toma y se la hice encantada. Ha sido el personaje más difícil de mi carrera.

-¿Seguirá compaginando el cine indie con superproducciones?
-Mientras sean interesantes los personajes, también me gusta vivir esa parte del cine. Aunque cada vez hago más películas pequeñas.
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