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martes 02 de enero de 2018

Palabras contra el nacionalismo extremo

Fernando Savater arremete contra la ofensiva catalana en Contra el separatismo, a quien acusa de ser un movimiento "antidemocrático y retrógrado". Una obra para entender este conflicto que mantiene en vilo a España

En Contra el separatismo, un texto que tiene más de proclama visceral que de ensayo riguroso, el filósofo español Fernando Savater se expide sobre esta variante exacerbada del nacionalismo que encarna actualmente la ofensiva catalana para independizarse del resto de España, una movida a la que acusa de "antidemocrática, retrógrada y nociva para la economía".

El autor de Ética para Amador divide aguas entre nacionalismo y separatismo: en esa línea inscribe al proyecto liderado por el ex presidente catalán Carles Puigdemont dentro del "indigesto pastel de posverdades" que traza el signo de los tiempos.

"Es indudable el componente de populismo envenenado de 'bullshit' posmoderno en los planteamientos del separatismo catalán –explica Savater–. El nacionalista español puede ser un problema porque sus consignas pasan por no aceptar la cuota de inmigrantes que les toca o las medidas que le pide la Unión Europea. No quiere dividir el paí­s, sino mantenerlo junto. Mientras que el separatismo catalán lo que quiere es romper el paí­s".

Contra el separatismo (Ariel) es, tal como lo encuadra el propio filósofo, un "panfleto" escrito en menos de veinte días. No es el primer texto de estas características –en 1978 había publicado el Panfleto contra el todo– pero sí uno de los más combativos de los últimos años.

–A raíz de la movida separatista catalana, ¿tiene algún asidero esta idea de que históricamente España ha maltratado a Cataluña?
–España como tal no ha maltratado nunca a Cataluña, una de sus regiones mas privilegiadas estatalmente desde el siglo XIX. La prueba es su alto nivel de riqueza y desarrollo actual, frente al relativo estancamiento de otras regiones. Otra cosa es que durante la dictadura franquista, uniformizadora por ví­a de fuerza, se hayan perseguido aspectos de su cultura, como otros en el resto del paí­s. Pero el franquismo no fue España, sino una enfermedad dentro de España que contó por cierto con el apoyo de bastantes catalanes.

–¿Por qué entonces una porción de los catalanes se embarcaron en esta cruzada?¿Fueron engañados por Puigdemont y sus aliados con ese discurso de que con un Estado propio serí­an más ricos y prósperos?
–Se han juntado muchos factores, el principal de ellos la tarea adoctrinadora de los medios de comunicación de titularidad pública y la educación monolingüe y sectaria, que comenzó en los ochenta con la llegada de Pujol a la presidencia de la Generalitat. Y también por supuesto la necesidad de encubrir el constante fraude del tres por ciento y el saqueo llevado a cabo por la familia Pujol.

–¿Cree viable que las banderas levantadas por la izquierda para la independencia de Cataluña puedan agitar el fantasma de la extrema derecha?
–Es cierto que los nacionalismos extremistas suelen provocar reacciones de signo opuesto, pero son malos en sí­ aunque sean muy de izquierdas. Y no son extremistas de derechas los que alertados por este ataque a las instituciones sobre las que se apoya la ciudadaní­a democrática salen a la calle a defenderla, junto a sus símbolos nacionales.
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