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sábado 23 de diciembre de 2017

Moria Casán, lengua filosa

La vedette argentina repasó sus inicios en el teatro, habló de lo que se viene para el 2018, del Ni Una Menos y hasta de "la grieta" que divide a los argentinos

Moria atiende el teléfono de su casa para la nota con Escenario y advierte: "Hoooola, si se llega a cortar intentá todo el tiempo porque este teléfono anda como el orto, un orto feo porque hay ortos lindos".

Después lanza una carcajada por su ocurrencia y tras comenzar la charla se cumple su vaticinio.

Si ya hablar con la "number one" no es cosa de todos los días, mucho menos lo es hacerlo en cuatro o cinco llamadas. Sin embargo, Casán se encargará de llevar las riendas de un diálogo distendido y ameno, donde no escapará a la autorreferencia casi constante (¿sería Moria de no ser así?) y también habrá tiempo de hablar de la misoginia de los '80, de Adolfo Stray, Ana María Campoy, ShowMatch, "Ni una menos" y de un detalle puntual que la diferencia de Mirtha. 

–¿Cómo fueron tus comienzos?
No tuve ni tiempo de avisar a mi casa que debutaba en un teatro, fui de la facultad al Teatro Nacional directamente, y ahí aprendí a cubrirme con mi propia luz y mirando a los cómicos. Y fui la primera que hizo que no se cosificara la mujer, y te digo en la época en que la Revista tenía cierto grado de misoginia, y no tanto los cómicos de antes, pero después de los '80 se convirtió un poco en eso de que se la daba vuelta a la mujer y se hablaba en escena media hora al culo. Y cuando yo entré, como enseguida fui figura, lo que exigí fue que ningún cómico podía usar mi cuerpo para hacer chistes o remates, sino que lo hacíamos entre los dos, el sketch lo terminaba yo o juntos, pero que nunca fuese el recurso de hablarle media hora a mi culo o media hora a mis tetas. Y esta cosa que impuse yo, fíjate que fui de las primeras standaperas de ahora, que eran los monólogos de antes, que bajé de escena, desacralicé el escenario y bajé a reírme con la gente y no de la gente. Si decís que ya me viste sabrás que yo siempre bajaba a la platea, rompía la cuarta pared y hablaba con el público, es algo que siempre hice.

—Sos parte de la historia de la Revista pero no una figura que atrasa, sino todo lo contrario.
—Te voy a decir algo, pero no por hacer autobombo, sino porque es una frase de la gran Ana María Campoy, la gran Campoy. Una vez me invitó a su programa y me contó que fue a verme junto con Iris Marga cuando debuté porque Petit le adelantó que iba a ver a una morocha que recién arrancaba. Como enseguida fui figura (Adolfo) Stray me hizo participar en un sketch y cuando me vieron dijeron que oyeron ese ronroneo en la platea que se siente cuando alguien es carismático. Era una chica jovencita, con cara de yo no fui y la Campoy me dijo "vos nunca vas a quedar atrás porque sos pasado y presente aggiornado", que es lo que me estás diciendo vos, en cierta manera.

—¿Sos una agradecida al género o no tanto?
—El tema de tener orgullo por mi cuerpo, que pese a estar desnuda sea una elección y entrar a un circuito muy machista hizo que yo no me colocara en lugar de víctima, porque nunca lo fui, siempre fui una elegida y una bendecida, y además nunca tuve ningún tipo de problema con nadie, nadie me acosó, nadie nada, todos me amaron, me eligieron y lo único que puedo tener para la Revista es agradecimiento absoluto porque me enseñó a cubrirme con mi propia impronta.

—Estamos en un país que por un lado es pionero en la lucha por Ni Una Menos, y por el otro la mujer se "cosifica" con tanta exposición y frivolidad como el caso de Sol Pérez. ¿No te hace ruido eso?
—No, no me hace ruido porque yo siempre me mostré como objeto al salir en bolas en un escenario, pero yo dejo que la gente piense lo que quiera porque yo tenía en claro que era un sujeto. Creo que esta chica Sol Pérez si se le ocurre sacar fotos a su cola no tiene por qué pedir perdón, no me parece. Creo que hay clichés sobre lo que es machismo y lo que es feminismo. Una cosa es mostrar el cuerpo desnudo y para eso están las redes sociales; otra cosa es consumismo, otra cosa es que te atrapen y otra cosa es matar mujeres. Hay un límite, y también no nos tenemos que pasar de rosca. Cuando voy a otro país y nadie te conoce, aunque siempre alguien me conoce, pero digo si pasa eso, hay tipos que te dicen piropos porque gustás como mujer, pero acá nadie te dice un piropo porque tienen miedo que lo manden al Inadi (Instituto nacional contra la discriminación, xenofobia y el racismo). También los tipos tienen una mala prensa, porque está todo muy al borde y muy susceptible, ¿sabés por qué? Porque es como una espiral donde se banaliza todo, se frivoliza, es como una licuadora, o sea vos ponés todos los ingredientes: ponés sexo, ni una menos, ponés minas en bolas, ponés los programas autorreferenciales de la tele, el mix que se dice en la prensa, ponés todo ese mix, todo, todo, se licúa y sale cualquier cosa. Algunas veces sale bien, otras veces sale mal, hay que acordarse también que los que estamos en la tele, estamos dentro de un electrodoméstico, algunas veces nos licuan, algunas nos pican carne, algunas nos hornean, vamos y lo compramos en alguna tienda de electrodomésticos (se ríe a carcajadas). Y adentro estamos todos nosotros.

—¿Qué proyectos tenés para el 2018?
—Me han propuesto un par de programas que podrían salir por América, después tengo una propuesta de una película muy importante que por ahora tampoco puedo decir nada, pero ya se enterarán. Y como este año me quedo en Buenos Aires, debuto en calle Corrientes el 12 de enero en la nueva remodelación del teatro Astros con un espectáculo que es creación mía, que es brutal.

—¿Cómo te trata la grieta social y política del país?
—Te contesto con la canción de Pinti "pasan los gobiernos, siguen los artistas". Yo elijo este país, fui profeta en mi tierra, nunca necesité irme a otro lado para tener éxito, siempre lo tuve en mi país desde que aparecí. Fui una elegida, todo en mi vida es causal, tanto mi comienzo en el cine como en el teatro fue todo causal, fue todo como mágico. Le debo todo al universo, no sé. Y todo lo pude desarrollar acá por tener un gran público.

—Como dice Mirtha, sentís eso de "a ustedes les he dado mi vida"?
—Mirá, yo he dado todo, porque cada vez que salgo al escenario entrego todo, pero la verdad es que no les he entregado mi vida como dice Mirtha. Parte de mi vida doy, la otra vida la recontra divierto, la paso bomba, estoy con mi familia, Mirtha es una señora también importantísima que trascendió el blanco y negro y ¿cómo no respetar a una mujer que viene casi del cine mudo?
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