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lunes 11 de diciembre de 2017

Martín Caparrós: La desmesura creativa

A casi 20 años de su primera edición, esta novela ha sido reeditada por Anagrama. En esta entrevista el autor recuerda la génesis de esta obra monumental

Veinte años después de su primera y limitada edición, vuelve a aparecer el libro que Martín Caparrós considera más importante dentro de su vasta obra: La Historia, una novela ambiciosa y desmedida, de más de mil páginas, que recrea la historia de una civilización imaginaria, sus usos, sus costumbres, sus guerras y su cultura.

Cuando fue editada en 1999, por la editorial Norma, con 999 ejemplares numerados a mano por Martín Caparrós, La Historia costaba 50 pesos convertibles en librerías. Ahora, casi dos décadas después, y coincidiendo con el cumpleaños número 60 del autor de libros como La voluntad, Valfierno y La guerra moderna, entre otros títulos, la editorial Anagrama publica y distribuye el libro, inconseguible a estas alturas, en la Argentina: su valor en librerías es de 725 pesos.

Esperado regreso
Caparrós escribió La Historia, un ejercicio de imaginación que fluye por siglos y latitudes, entre los 30 y los 40 años. "Tenía ganas de que volviera a salir, porque insisto en pensar en que es mi libro que más me importa. Pero quería que fuera de una manera apropiada. Hace un par de años le propuse a Herralde que lo publicara. Y al final le pareció bien. Finalmente lo presentamos en Barcelona el día exacto de mi cumpleaños".

Además de esta reedición, y luego de un verano de leer como hacía años no lo hacía (novelas de Andrea Camilleri por puro placer), Caparrós adelanta que se dio el gusto de escribir un policial. Por placer y por diversión. Un libro ambientado en la Buenos Aires tanguera de la década del '30, que aparecerá en abril de 2018 por el sello Planeta.

–Pasaron casi 20 años de la primera edición de La Historia. ¿Quién eras entonces, y quién sos ahora?
–No releo mis libros, pero a este tuve que releerlo... para corregirlo y limpiarlo. Y me preguntaba todo el tiempo eso mismo. Esa lectura me produjo dos grandes extrañezas. Por un lado la más íntima: qué raro el tipo que escribió esto, quién sería. Y por el otro más general: qué raro este libro, este texto... en una época que todo se parece bastante, este no se parece a casi nada. Supongo que era alguien más ambicioso, en varios sentidos. Más ambicioso porque me planteé algo desmesurado, como es este libro. Pero también porque había una cantidad de cosas que ambicionaba, por no haberlas alcanzado. La Historia es mi gran escuela de escritura. Ahí encontré algo parecido a un estilo, que después utilicé en mis otros libros. Ahí aprendí a escribir. Es una ambición que ya no necesito tener y a veces extraño, a veces pienso que debería dejar de escribir como yo y volver a empezar.

–¿Realmente te llevó una década de trabajo?
–Durante casi diez años lo más importante que hacía era esto. Hice otras cosas en el medio, pero lo constante era este libro. A mí por lo menos escribir una novela me sirve para darle un marco al caos del mundo. Un orden. Todo lo que ves, pensás, se te cruza, cuando estás escribiendo una novela ese hecho te permite ubicar esas cosas, y darte la ilusión de que existe un orden. Ese continente durante diez años fue La Historia.

Antes de internet
–El libro es un enorme ejercicio de la imaginación... una imaginación hasta de otra época. ¿Cómo creés que leería un joven lector contemporáneo este libro enciclopédico, pero concebido en una era preinternet?
–Bueno, antes de internet había libros..., y de todas maneras seguramente lo que hoy podría parecer lo más afanado de algún sitio es lo más inventado. Hay mucha falsa erudición borgeana ahí, de algún modo. Por un lado muchas veces pensé que esta era una novela que podría haber sido hipertextual, haberse armado con un sistema de links e hipertextos... pasa que la escribí mucho antes de eso. Y tuve la tentación de transformarla en eso, hacer una edición digital. Todo el aparato de notas, de hecho, son como links. Creo que nunca en mi vida me la pasé tan bien inventando. Con respecto al tema de la imaginación... a mediados de los '80 yo había escrito tres novelas, y tenía la sensación de que no sabía inventar nada. Eran autobiográficas, tenían algún personaje histórico, estaba convencido de que no tenía imaginación. Y recuerdo muy vívidamente una tarde en un pueblo de Segovia donde yo solía irme a escribir, estaba terminando La noche anterior, y una tarde se me empezó a ocurrir una historia disparatada sobre un templo griego en Sicilia, y empecé a escribir, y a partir de ahí se me empezaron a ocurrir cataratas de historias, de invenciones. Esto debe hacer sido en el '87. Desde ese momento mi preocupación fue encontrar una estructura, una máquina que contuviera todas esas historias.

–Con libros así siempre aparece la tentación de señalar continuidades y lazos. A La Historia se la podría emparentar con Georges Perec, con Laurence Sterne y hasta con el Frankenstein de Shelley. Todos libros que contienen otros libros. ¿Tuviste algún modelo en mente a la hora de encarar esta novela?
–En realidad de lo que siempre estaba escapando en esa época era de La vida. Instrucciones de uso de Perec. Ese libro me había cautivado y no quería descuidarme y escribirlo de nuevo. Entonces si acaso esto es una forma de reacción contra ese libro, pero que al mismo tiempo guarda una relación fuerte... para alejarme de esa tentación reemplacé lo concentrado de Perec, ese edificio donde todo ocurre, por lo totalmente dispersado de una civilización y muchos tiempos.

–Varias veces dijiste que este era el libro que más te importaba y el que menos se había leído. Ahora que volvés a reeditarlo después de 20 años, ¿pensás en su recepción, en sus diferencias, en cómo lo podrían leer lectores actuales?
–La verdad, me gusta que el libro esté ahí, pero yo no puedo hacer nada... ya bastante trabajo me dio escribirlo. De vez en cuando me pasa que abro una página cualquiera, al azar, y releo un par de párrafos, y me da mucho gusto. Pero eso es todo.
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