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jueves 02 de noviembre de 2017

"Los actores somos inmaduros por naturaleza"

Richard Gere habla en esta entrevista acerca de la película que se estrena esta semana y que lo cuenta como protagonista, Norman

Aunque lleva décadas siendo una estrella de cine, nunca se olvida de sus orígenes humildes ni de la transformación que lo llevó de ser un chico de campo a convertirse en militante y creador, por lo que es un placer sentarse a hablar con él.

A los 65 años, Richard Gere no ha perdido el sex appeal ni el carisma, y aunque hace años que no trabaja con los grandes estudios de cine, ha encontrado la fórmula para seguir haciendo películas que de verdad le interesan.

Esta semana el estreno es Norman, el debut en inglés del director israelí Joseph Cedar, en donde interpreta Gere a un hombre que intenta traficar influencias. Norman es un hombre de negocios de poca monta, un charlatán que pulula por Manhattan buscando conexiones con las altas esferas. Pero un día entabla amistad con un joven político, candidato a primer ministro israelí. Tres años más tarde, cuando este joven se convierte en un líder mundial influyente, la vida de Norman cambia drásticamente. La película podría darle a Gere su primera nominación al Oscar, un honor que nunca conquistó a pesar de haber ganado el Globo de Oro y de haber sido candidato a ese premio en tres ocasiones.

La estrella confesó: "Los actores somos inmaduros por naturaleza".

Norman trailer

–¿Cómo llegaste a convertirte en Norman?
–Como todo el mundo sabe soy bastante exigente a la hora de elegir papeles, pero en una ocasión conocí a Joseph Cedar, que es probablemente el más respetado y exitoso de los directores israelíes, y le dije que si alguna vez tenía algún proyecto vinculado con Medio Oriente, me llamara. Una semana después me mandó el guión. Lo leí y le pregunté por qué había pensando en mí, porque si yo hubiese sido el director de la película jamás le habría ofrecido ese papel a Richard Gere. El me dijo que quería a alguien que no fuera tan obvio interpretando a Norman. En el filme no se cuenta demasiado sobre quién es. Pero como actor yo quería saber todo sobre él, pero cuántas más preguntas hice, más me di cuenta que todo eso es irrelevante con este hombre. El cree en todas estas historias que cuenta, aunque sean verdades a medias o mentiras absolutas. Y esa es la clave del personaje. Siempre dice que es un buen nadador, y eso lo define. Es capaz de nadar en cada situación y seguir nadando pase lo que pase.

–¿Pero por qué a esta película le dijiste que sí mientras rechazás tantas otras propuestas?
–Porque es una película única y lo mismo vale para el personaje. Yo nunca vi a alguien así en el cine y probablemente no lo volveré a ver. Jamás hice una película de 100 millones de dólares, ni siquiera en mis buenas épocas. Todas las que he hecho han costado menos de 10, y por lo general entre 6 y 7. Sigo haciendo el mismo tipo de cine, sólo que ahora se financian en forma independiente en lugar de que lo hagan los estudios. El proceso por el cual decido si voy a participar en una película sigue siendo el mismo de siempre. Cuando me mandan un guión, si me emociona lo hago y si no lo hace, no.

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<div>El es Norman. Richard Gere le da vida a un hombre que desea traficar influencias.</div>
El es Norman. Richard Gere le da vida a un hombre que desea traficar influencias.

–Una vez dijiste que la actuación mantenía a los actores como personas emocionalmente retardadas. ¿Podrías explicar qué fue lo que quisiste decir con eso?
–Tal vez retardado es una palabra muy dura, pero somos inmaduros por naturaleza, eso es cierto. Los actores, por lo general, no son particularmente estables. Las personas que son estables emocionalmente no se meten en esta profesión, que implica transformarte todo el tiempo en otra persona. De alguna manera te convertís en actor porque no te gustás como persona. La gente que se siente perfectamente bien dentro de su piel no siente la necesidad de ser otro. De todos modos, esto es una generalización, no todos los actores somos iguales. Pero reconozco que hay muchos elementos de los que te he mencionado en mi propia relación con esta profesión.

–¿Qué era lo que no te gustaba de vos mismo cuando eras joven que te llevó a convertirte en actor?
–Básicamente estaba muy confundido. Muy infeliz. El budismo me ha enseñado mucho sobre cuáles eran las cosas que me confundían a esa edad.

–¿Pero por qué elegiste ser actor, en lugar de ser maestro o músico?
–Yo también quería ser esas otras dos cosas. Pero lo de la actuación fue la única carrera en la que tuve suerte. Supongo que tuvo que ver con mi destino. Yo estaba predestinado a ser actor.

–¿Te ayudó a vencer tu timidez? Alguna vez dijiste que eras muy tímido cuando eras joven...
–Sigo siendo muy tímido, aunque he aprendido a vencer ese aspecto de mi personalidad cuando lo necesito. Pero disfruto mucho de la soledad. Y de la tranquilidad.

–Cuando revisás tu carrera, ¿hay algo que querrías cambiar?
–Mi vida me ha llevado mucho más lejos de lo que yo hubiese podido imaginar. Es probable que haya tomado decisiones equivocadas, pero esos errores me llevaron a otro lugar en el que algo positivo ocurrió. Pero no me arrepiento de nada... No, no es cierto: me arrepiento de las ocasiones en que hice o dije algo que lastimó a alguien. Cada vez que me acuerdo de esas circunstancias sigo pidiendo perdón, aunque hayan ocurrido 60 años atrás. Pero fuera de eso, no habría hecho nada diferente.

–¿Cuales son las ventajas y desventajas de envejecer?
–Las ventajas son que si estás bien de la cabeza y no tenés ninguna enfermedad, seguís aprendiendo y acumulando sabiduría. Las desventajas son obvias. Ya no podés correr tan rápido como antes y otras cosas ya no funcionan tan bien como en otros tiempos.

–¿Buscaste impresionar a alguien alguna vez?
–Sí, a mi papá.

–Me imagino que lo habrás logrado con lo lejos que llegaste...
–A mi papá no lo impresionan las estrellas de cine, sino las personas. Tiene 95 años y creció en una granja ordeñando vacas.
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