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domingo 18 de marzo de 2018

Llegó a Mendoza para retratar la vida de Isolde Klietmann y filmó un documental

Retratar a mujeres en cuerpo y alma, es hacerlo también a través de la imagen y el sonido. Este es el trabajo de la austríaca Bárbara Windtner (37). La cineasta y documentalista llegó a la provincia hace algunos años buscando a Isolde Klietmann. Buscando su ánima, que aún se desplaza y flota en los escenarios locales, como cuando fluía a través de la danza contemporánea, que fue la razón de vida de Isolde.

Las historias de Bárbara e Isolde tienen algunas coincidencias. Ambas nacieron en Austria, y ambas emigraron, por distintos motivos, a la Argentina. Una tratando de huir de los horrores del nazismo, puesto que su marido, Hans Mostny, era judío. Buscaron refugio en un país que les diera la posibilidad de comenzar de nuevo y la visa de trabajo. Eso sucedió en nuestro país y aprovecharon aquella oportunidad.

La otra, quiso estudiar cine en Buenos Aires. Había vivido un tiempo en España, sabía el idioma y quería experimentar.

Lo más llamativo de los caminos que se cruzan a pesar del tiempo, más allá del océano y saltando la muralla de la muerte, es que Isolde y Bárbara experimentaron el arte con la danza. Por esto, y a través de un pedido de Ulrike Hage, una austríaca que también es bailarina y que estaba investigando la biografía de Isolde, Bárbara reconstruyó casi artesanalmente la vida de esta leyenda de la danza después del exilio. Desentrañó paso a paso su trabajo y su vida en Mendoza, y reveló ese trazo que la surcó transversalmente y que sólo está ligado a la virtud de expresar los sentimientos a través del movimiento del cuerpo.

-¿Cómo llegó Isolde Klietmann a tu vida?
-Fue por una bailarina austríaca, Ulrike Hage, que vive en la ciudad de Linz, la misma en donde Isolde funda su primer departamento de danza, que hoy es un conservatorio de música y danza muy importante en la región. Esa bailarina comienza a investigar sobre la vida de Isolde Klietmann. Ella está en un grupo de investigación sobre la historia de la danza en Austria, específicamente de la danza moderna o expresiva, así se llamaba en los años ´20. En la danza expresiva está la raíz de la danza contemporánea.

-¿Personalmente, qué te llamó la atención de la figura de Isolde?
-En lo particular, lo que me atrapó de su historia es que fue una mujer pionera, que no se dejó vencer, aunque eran momentos muy difíciles, amenazas de vida prácticamente. No es fácil emigrar. Yo también había emigrado, no forzadamente, por suerte. Pero también me fui de Austria a Argentina. Había algo paralelo en nuestras vidas. Yo vivía en Buenos Aires hacía cuatro años cuando todo esto comenzó. Ulrike Hage me consultó a mi porque yo vivía en Argentina y me interesé en la historia de otra austríaca que emigró a la Argentina, en cómo hizo. Porque construir una historia desde cero en un país que no es el tuyo, no es fácil. Antes de vivir aquí, pasé un año en España y allí aprendí el castellano.

-¿Ella fue una revolucionaria en su disciplina?
En varios sentidos, porque hasta ese momento, había ballet clásico y más bien lírica, formal, con historias sobre príncipes, princesas. Con la danza expresiva, quedó todo más libre estéticamente, bailaban descalzos, con ropa floja, las historias eran más profundas. Tenían más que ver con la temática del tiempo, problemáticas sociales de la época , la guerra, la revolución industrial, el impacto de las máquinas en la vida de las personas. Se reflejaba en la danza expresiva, de hecho la máquina fue una de las temáticas a las que Isolde hacía referencia en sus coreografías.

-¿El documental trata de la vida de Isolde después del exilio?
-Ulrike Hage llegó a los archivos de la Ciudad de Linz, investiga y descubre muchas cosas, pero no lo que pasó con Isolde cuando tenía que exiliarse en 1938 junto a su marido judío. Fue el momento en el que llegaron los nazis y ella tenía que decidir entre exiliarse con su marido o quedarse en Austria. Esta parte de la historia era la que había que desentrañar

-Ella no era judía
-No, ella era protestante, o como se dice aquí, evangélica. Era una unión de amor con Hans Mostny, que así se llamaba su esposo. Era de una de las familias más influyentes en la ciudad de Linz, muy buscados por los nazis, fueron llevados a un campo de concentración donde murieron. Entonces él quería escaparse. Isolde podría haberse quedado en Austria y seguir con su carrera que estaba bien encaminada, porque ella a los 17 años ya había fundado un departamento de danza.

-¿Venía de la danza clásica?
-Había aprendido piano, y estudió con las pioneras de la danza expresiva, ellas eran sus profesoras, y luego fundó su academia en Linz. De todas maneras no pudo desarrollarlo por el tema de la huida. Se fue con Hans. Tenía 30 años cuando se exilió. Primero en Suiza, y después no se pudieron quedar allí y Argentina les dio la visa. Por eso vinieron a vivir aquí. Isolde llega a los 31 años a Mendoza.

-¿Se instalaron por algo en especial en esta provincia?
-Ella tenía un problema de pulmón, y necesitaba un clima que no fuera húmedo. No podía ser Buenos Aires, y por eso vinieron a Mendoza.

-¿Ya era conocida en Austria?
-Estaba comenzando a serlo. Fue la primera vez que se institucionalizó la danza expresiva, hubiera sido una figura muy importante si permanecía en Austria. Tenía una misión muy clara: ella vivía con la danza.

-¿Buscaba darle contenido a la danza?
-Tenía esa impronta de profundidad en las temáticas que trataba y también hay que decir que era una característica de todo este movimiento expresionista.

-¿Cómo se desarrolló su carrera en Mendoza?
-Ella comienza a enseñar en la academia Santa Cecilia, luego estuvo en la UNCuyo y después decidió tener su propio estudio. Compraron una casa y puso su estudio allí. Debió buscarse alumnas, su esposo la ayudaba mucho con esto, era como su manager, organizador, hacía promoción de la actividad de Isolde.

-Fue profesora de grandes figuras de la danza local ¿a qué edad dejó de bailar?
-Sobre este tema hay distintas teorías, algunos dicen que bailó hasta grande. Otros dicen que no por sus problemas de salud, era bastante débil. Y se dedicaba a enseñar y no a bailar.
Tampoco encontramos filmaciones. Dicen que salió en la televisión, pero no hallamos archivos audiovisuales. Estoy con ganas de seguir buscando material. En Colombia, donde presenté primero el filme, me dijeron que era una pena que no hubiera filmaciones de su danza.

-¿Se adaptó a Mendoza, a la ciudad, a la gente?
-A ella le gustaba mucho Mendoza. Su marido era fabricante, se dedicaba a elaborar vinagres y licores, como originalmente lo hacía su familia. Él era químico, en Mendoza tenía su fábrica de vinagre y era un inventor, y amante del arte. Su familia era mecenas de artistas

-¿Tuvo hijos?
-Ellos tuvieron un hijo. No quiso colaborar con el documental.

-Y aquí en la provincia, ¿quién colaboró con tu investigación?
-Las que más me ayudaron fueron las alumnas, alguien me contactó con una y ella con otra, y otra más. Me dejaron las fotos que tenían, programas, tengo testimonios de Elena Bordón, Sonia Prado, Vilma Rúpolo, su hija Laura Morales. Cristina García Kotlik, las hermanas Valentina y Lucía Fusari. También el historiador Carlos Campana me orientó en la investigación, y la productora de televisión Laura Massei.

-Qué fue lo más complicado de la investigación, lo que te costó reconstruir?
-Lo más complejo fue que me mostraran algo del baile. Mujeres de edad, como Elena Bordón, que tenía 85 años, nos dijo "no sé si puedo bailar". Pero después pudo y lo hizo muy bien. Sonia Prado no había bailado en mucho tiempo, insistí para esto. Lo lindo fue ver cómo ellas florecieron, fluyeron una vez que estuvieron metidas en los pasos. Filmamos en las casas de ellas, en el estudio de Valentina Fusari.

-¿No lo hicieron en ninguna locación en la que Isolde haya tenido su estudio?
-Filmamos una casa, pero no pudimos entrar, sólo imágenes del frente.

-Volviendo a tu historia personal, ¿cómo llegaste a ser cineasta?
-Siempre me interesó el registro audiovisual. De chica, tenía una cámara. Filmaba, me fascina el medio y me gusta contar historias.
Yo creo que hay algo muy poderoso, porque a través de estas historias se le puede transmitir mucho a la gente algo tan importante, como este relato. Es una vida muy rica e interesante que sin esta posibilidad se habría olvidado.

-¿Sólo te dedicás al documentalismo?
-Hasta el momento sí, pero tengo un proyecto de ficción. De todas maneras, me siento más documentalista.

-¿Cómo se financió el filme, tuviste ayuda de tu país?
-Se trata de un filme independiente, no hay mucho dinero involucrado. Es muy a pulmón, pero no hay mucho dinero disponible. Sólo pudimos financiar el viaje. El punto es que es una vocación, entonces tú haces esto, y tratas de que tus proyectos salgan adelante.

-¿A qué te dedicás en Austria, además de filmar?
-Yo tengo un proyecto de danza para chicos y otro en especial para chicos refugiados.

-Más allá de la fuerza de la figura de Klietmann, ¿tenés un interés especial en contar historias de mujeres?
-Necesitamos más historias de mujeres fuertes, de hecho fue el lema del festival en donde presentamos la película -en Linz- allí tampoco se sabía qué había pasado con ella. Nuestro objetivo era hacer conocida a una artista refugiada durante la Segunda Guerra Mundial, y darle un homenaje póstumo en su país.
Su historia es como un hilo que se rompió. La gente de aquí no sabía bien como había sido la historia de Isolde en Austria, y los austríacos no sabían lo que había pasado con ella. Yo me siento como la que está uniendo el hilo y que por suerte se puede alcanzar esto con el estreno acá en Mendoza.
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