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domingo 01 de julio de 2018

Las voces de hoy que reviven el humor de ayer

El barbero de Sevilla. Luego del estreno, el viernes pasado, los cantantes contaron cómo ha sido la experiencia de llevar un clásico de la ópera al Independencia

Son de Buenos Aires y Mendoza. En estos días han cambiado sus nombres a Rosina, el conde de Almaviva, Fígaro o don Bartolo, porque ellos son las voces de El barbero de Sevilla, la ópera bufa que hace más de 200 años escribió Gioachino Rossini y que desde el viernes pasado y hasta el 7 de julio se presenta, siempre a las 21.30, en el teatro Independencia.

En una charla con Omar Carrión (Fígaro, barbero), Griselda López Zalba (Rosina, joven huérfana), Ricardo Mirabelli (conde de Almaviva, noble), Alejo Laclau (don Basilio, profesor de música), Gloria López y Marcelo Hernández (parte del coro), los protagonistas de la obra dieron sus impresiones acerca de la actualidad de esta obra, sus exigencias y los desafíos propios del género.

La partitura de Rossini implica muchas exigencias para la orquesta (en este caso la Filarmónica de Mendoza a cargo de Gustavo Fontana) y para los cantantes: "Tiene muchas dificultades técnicas porque exige mucha agilidad y una tesitura bastante amplia para la voz. Realmente es un desafío", contó Griselda López Zalba, soprano mendocina que es Rosina, protagonista de esta puesta.

Otro aspecto que se presenta como un desafío en esta ópera en particular es su naturaleza cómica, que exige una preparación actoral intensa para quien la protagonice. "Fígaro, que es mi personaje, es parte de una obra en la que no podés dejar de moverte un minuto, porque el rol está acompañado de una música muy chispeante. Hay otras óperas donde vos te parás y cantás, no siempre el barítono, que es mi caso, pero sí otros roles, porque el barítono siempre tiene que componer un personaje, pero en este caso mucho más. No pude parar nunca, porque Fígaro está manejando con sus hilos todo lo que sucede", contó Omar Carrión.

"Una vez un maestro me dijo que para hacer reír hay que ser muy serio, hay que saber hacerlo. Un gesto, una mueca, deben estar dentro del estilo, en este caso Rossini es muy irónico y hay que saber hacerlo. No hay que confundir con la comicidad, con el actual modo de hacer reír, porque acá es muy sutil. Hacer reír hoy por hoy es difícil, porque la gente vive del drama, de la mala noticia. Lo lindo, lo simpático pasa a ser raro y eso mismo sucede en el escenario, por eso es que estilísticamente se necesita más técnica", reflexionó Ricardo Mirabelli.

Nada más nuevo que lo viejo
Al ser una obra con tanta historia y tantos años, uno no puede dejar de preguntarse cómo ha mantenido su actualidad. "Por ejemplo el personaje de Rosina, es una feminista adelantada a su tiempo, porque es buena, sumisa, pero si la molestan se puede transformar en una víbora. El personaje de Alejo Laclau (don Basilio) es como el mal de nuestro tiempo, es el intrigante y Fígaro es el factotum de la ciudad", refirió Marcelo Hernández.

Por su parte, Griselda López Zalba agregó: "Son parte de la naturaleza del hombre, por eso no pierde vigencia, porque la picardía existió y sigue existiendo y lo mismo sucede con la maldad". "Y el acoso –añadió Carrión– que es un acoso cómico, pero acoso al fin".

"Yo pienso que la música de Rossini es tan divertida, tan ingeniosa y eso, conjugado con el texto, da este resultado. Es la primera vez que yo canto este rol –explicó Laclau– y he visto mil barberos y muchos de ellos no me divirtieron particularmente y tiene que ver con lo que hacen los personajes en escena. Tienen que saber manejar esa ironía y esa música maravillosa y creo que esta puesta es muy graciosa y celebro que esto esté pasando acá, poder conjugar el texto con la música".

La primera vez en la ópera
Estos profesionales del canto tienen ideas diferentes de cómo debe ser la aproximación de una persona que nunca ha visto una ópera a su primera representación.

"Para mí lo ideal es mirar algunos videos de la ópera, por ejemplo, en YouTube. A uno le gusta la música cuando la conoce, si no queda lejana. Cuando yo estudiaba ópera y todavía vivía con mi familia y hermanos, les ponía el aria de La reina de la noche y ellos se quedaban congelados, porque nunca habían escuchado algo así. Me parece que la música debe ser la primera instancia y luego interesarte por el argumento", explicó Laclau y agregó: "Esta es una ópera para divertirse, está llena de gags y ojalá la gente lo recepcione bien, porque no siempre las óperas son dramas, también pueden ser divertidas".

"A mí me parece que saber el argumento ayuda mucho, tenés que saber lo que vas a ver, pero hay compositores, como Giacomo Puccini por ejemplo, que escriben no para el oído, sino para el corazón, porque hay acordes que llegan allí, al corazón y sentís esa angustia del personaje. Me ha pasado con Madama Butterfly, hablando de Puccini, donde he hecho el personaje del cónsul y en la escena en la que ella se suicida, he terminado llorando. Eso sucede en las tragedias de la ópera. En cambio Rossini era un amante de la comicidad y en eso era brillante, por eso escribía así", reflexionó Carrión, nuestro Fígaro.

"El año pasado insistimos mucho con La traviata que el público pudiera leer en simultáneo la traducción de lo que estamos cantando. Es fundamental para acercar a la gente. Es esencial brindarles todos los elementos posibles para que eso sea posible", aportó Mirabelli.
"Entre las óperas creo que esta se entiende mucho más porque tiene muchos elementos cotidianos. Considero que hay que perderle un poco el miedo y entregarse a lo que se escucha y se ve. En particular creo que en Mendoza se le tiene miedo a este tipo de géneros porque se consideran elitistas y es música, y ésta es universal", concluyó Griselda.

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