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martes 26 de diciembre de 2017

Las olas juegan con el amor y el desapego

Mi amigo el mar. El primer libro para chicos de la periodista y autora Magela Demarco ha tenido una excelente recepción de la crítica. Una anécdota con su pequeño hijo Tobías fue el disparador para que ella decidiese escribir este relato

Una mamá y su hijito junto al mar. Una imagen que reúne ternura, amor, tranquilidad. Pero que también puede ser la génesis de un libro. Eso es lo que sucedió con Mi amigo el mar (con ilustraciones de Caru Grossi), el primer libro de cuentos para chicos de la periodista Magela Demarco, que fue publicado en julio de este año y presentado en la Feria del libro infantil. Desde la agencia Télam hasta el diario La Nación han recomendado su lectura para los más chiquitos.

La anécdota es que Magela y su pequeño estaban junto al mar cuando una ola "se llevó su autito, y entonces yo le dije que seguro era para llevárselo a algún chico que su mamá no podía comprarle ninguno. En lo profundo quería que él pudiera entender antes que yo estas cuestiones del desapego, de no aferrarse estáticamente a las cosas, porque la vida es movimiento. Es un fluir constante. Y hay que aprender a ser más flexibles", explica la autora, nacida en Zárate, Campana.

Magela charló con Escenario acerca de su primera incursión en la literatura infantil.

–¿El nacimiento de la necesidad de escribir fue a partir del episodio que narrás con tu hijo Tobías o es algo que te acompaña desde antes?
–Para que te guste escribir, creo que antes te tiene que gustar leer. Y a mí me gustó leer desde chica, escuchar historias. Creo que ahí comienza todo. Mi tía me leía muchos cuentos. Todas las semanas, de niña, esperaba ansiosa que me trajera unos libros inmensos, verdes, de una colección que se llamaba Musicuentos, donde estaban todos los relatos clásicos, pero con unas muy lindas versiones. Venían con un disquito para escucharlos. Me fascinaban. Me veo de chica sentada en el hall de la casa de mi tía en la calle San Martín, en Campana, escuchando esos relatos.

–¿Hubo otras influencias familiares?
–Mi abuela Margarita era la contadora oral oficial de aquellas historias de antaño que les habían ocurrido a antepasados nuestros. Historias fuertes, dolorosas. Y otras, muy divertidas. De mi mamá saqué la curiosidad por preguntar, por querer saber. Y mi papá... él era muy sensible, sumamente cariñoso. Siempre me regalaba libros que te dejaban pensando, libros que intentaban allanarte el camino en la vida. Ese combo y ese bagaje familiar, me generaron la necesidad de escribir. Y seguí periodismo por eso, para poder escribir profesionalmente.

–¿Por qué elegiste el cuento como modo expresivo?
–Escribí cuentos desde que era adolescente y adolecía de muchas cosas. Casi siempre desde la sátira y el humor ácido. Porque la vida, si no la tomás con humor, se hace un tanto dura e incomprensible. Pero fue cuando nació mi gordo Tobías que empezaron a brotar los cuentos para niñas y niños. El nacimiento de un hijo es algo que te atraviesa por completo, te modifica tus prioridades, el sentido de las cosas y de la vida. Al menos para mí, a partir de que nació mi hijo, mi vida cobró otro sentido. Más profundo, más luminoso, más lindo. Así que con su llegada, me decidí a desempolvar mis sueños, un tanto arrumbados en algún estante alto de mi biblioteca. Sueños, que tenían que ver con llegar a publicar mis relatos.

– ¿Tu hijo fue el primer lector de esta historia?
–Sí, lo fue. Y lo gracioso es que al principio no le gustaba nada, porque le hacía acordar a la pérdida de su autito. Fue recién cuando vio el libro impreso, y cuando lo escuchó contado por Laura y Silvina del dúo Verdevioleta Cuentos y por Alejandra Alliende, que son tres genias, que le empezó a tomar cariño. Tobías, mi hijo, es la primera persona a la que le muestro mis cuentos para chicas/os, y si él me llega a decir: "Me gustó, pero está un poco largo" ni lo dudo, y empiezo a ver por qué sintió eso, en qué parte del cuento está eso que sobra, porque seguro que tiene razón. Los chicos son muy sabios. Él es mi gran maestro.

–¿Por qué consideraste que era importante charlar con tu hijo acerca del desapego?
–El cuento toca este tema, dentro de otros, porque a mí siempre me costó mucho aceptar los cambios. Soy de aferrarme a las personas que quiero, a las cosas que me gustan. Soy bastante ritualista. Ejemplo: Me suele gustar ir al mismo lugar de vacaciones y alquilo ¡el mismo departamento! Y algo que me llevó muchos años poder asumir, fue la muerte de mi papá a mis 27 años. Me cambió la vida por completo, y me cambió la mirada de la vida. A partir de la muerte, uno toma conciencia plena y diaria de que somos finitos, que en algún momento no vamos a estar más. Creo que para que se pueda entender esto, tenés que haber pasado por la muerte de algún ser querido cercano, sino no se termina de comprender esta sensación. Supongo que a través del cuento intenté que mi hijo no se aferrara estáticamente a las cosas, que la vida fluye, es cambio constante, es movimiento. Y nada mejor que el mar, con su constante ir y venir, para reflejarlo.

–¿Qué considerás que los libros le aportan a los chicos hoy, en una era donde la tecnología ha ganado muchos de sus espacios de recreación?
–Los libros abren puertas a la imaginación, a la creatividad, al razonamiento. Abren cabezas, caminos y corazones. También abren puertas a preguntas, porque son disparadores de dudas, de inquietudes, de reflexiones. Te dan la posibilidad de verte reflejado en sus historias, de identificarte con sus protagonistas. Abren puertas a mundos imaginarios. A los sueños, la fantasía. Por eso, cada vez que regalamos un libro estamos regalando una de las tantas llaves que abren esas puertas.
A mí, de niña, me daba mucha felicidad leer o que me leyeran un cuento. Me adentraba en otros mundos, otras realidades, otras posibilidades. Esta misma satisfacción la sigo sintiendo de grande cada vez que leo un buen libro.
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