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miércoles 11 de abril de 2018

La persistencia de los grillos, una obra que va más allá

Osjar Navarro Correa es el director de esta puesta que se podrá ver el próximo viernes, a las 22, en la sala Ana Frank

Noche de verano en el patio de una casa al este del Gran Mendoza en medio de un viñedo. Rosa prepara el lugar para el festejo del cumpleaños de su hija mientras Jordán trabaja bajo la luz de una lámpara afilando cuchillos y tijeras. La llegada de Carolina, hermana travesti de Rosa, pone en riesgo el festejo en la tensa y calurosa noche de Colonia Segovia. Así comienza La persistencia de los grillos, la nueva obra del dramaturgo Osjar Navarro Correa que se presentará este viernes a las 22 en la Sala Ana Frank.

Irreverente, intensa y polémica, La persistencia de los grillos es la segunda parte de la Trilogía Mendocina Suburbana, de Navarro Correa que llega tras el éxito de sus predecesoras Pajarito (I Premio del XII Certamen Nacional de Dramaturgia del Instituto Nacional del Teatro) y Destacamento (I Premio en Dramaturgia en el Certamen Literario Vendimia).

Con la misma pasión y profundidad este proyecto dramatúrgico propone abarcar la idiosincrasia, los vínculos intrafamiliares y la marginalidad de los suburbios mendocinos.

Antes de su esperado estreno, Escenario dialogó con el reconocido actor, titiritero, director y dramaturgo sobre su obra, la sociedad mendocina, la transexualidad y más.

–¿Por qué el nombre La persistencia de los grillos?
–La trama de la obra se da en un ámbito más rural. Para trabajarla más intensamente comencé a escuchar grillos, y sonidos nocturnos campestres. Esa sonoridad se tradujo muy bien al papel y se volvió casi protagonista de la obra. Los grillos, por su parte, son persistentes, tienen un lenguaje que acompaña la evolución de los personajes, su sonido es una especie de voz, de conciencia que va sobrevolando los hechos. Ese sonido que hacen puede que acompañen lo que dicen los personajes o que incluso digan mucho más.

–¿En qué te inspiraste?
–La obra surge de un cruce de imágenes. Cuando comencé a escribirla el precedente era yo cruzando el nudo vial en colectivo y viendo cómo una chica transexual cruzaba la calle. Era muy jovencita, estaba vestida de mujer pero sin tanta producción y se notaba a primera vista que se animaba con mucha valentía a exponer su imagen. Su imagen me quedó grabada. Justo en ese momento falleció Leonardo Favio, quien fue y será un gran referente para mí. Comencé a repasar su filmografía, y viendo su película El dependiente quedé impactado con una escena. La misma transcurre una tarde de verano en el jardín de una casa muy mendocina. Allí se generó este cruce de imágenes. Inmediatamente imaginé a la chica trans debajo de este parral y comencé a escribir la trama.

–¿Cómo ves a la sociedad mendocina con respecto a la gente transgénero?
–Mendoza es una sociedad conservadora pero en mis obras también influye la forma en la que yo abordo los personajes. No acepto una opinión burguesa sobre ellos ni un preconcepto; por el contrario, dejo que ellos se expresen por sí mismos y que dentro de la trama se defiendan y sean aceptados por otros personajes. El espectador cuando ve la obra compra los personajes porque tienen alma, profundidad de justificación, de sucesos históricos; tienen un trasfondo que hacen que no puedan ser juzgados. El desafío es instalar a estos personajes para mirar su cuota de humanidad y que el público entienda que dentro de ellos hay amor, emoción y sufrimiento al igual que en todos los seres humanos. La obra no es un alegato sobre la identidad de género pero sí es una exposición acerca de cómo esa persona tiene que aguerridamente sostener su identidad y defenderla hasta las últimas consecuencias. Espero que la obra sirva como un disparador para humanizar la mirada.

–¿Te gusta crear polémica con tus obras?
–¡Uy, que palabrita! No sé si es una intención. Después de estrenar Destacamento en el Independencia y de tanto reconocimiento que la obra tuvo, me sentí muy expuesto. Eso me hizo repensar el teatro que quiero hacer y lo cierto es que va más por lo ideológico que por lo meramente artístico. El teatro es arte pero también un medio para comunicar una ideología. Yo me asiento en lo que mis actores, mis personajes y mi grupo de trabajo generan. El trabajo y su resultado, su trama puede generar alguna controversia o inquietud pero no está buscada conscientemente. Lo que buscamos con mi grupo es una forma de hacer trabajo que incomode pero no que polemice. La polémica tiene que quedarle al publico después de ver la obra. Cuando la obra polemiza con el espectador de alguna forma se planta o busca decir una verdad absoluta, quiere afirmar una certeza. En este caso, queremos generar dudas, preguntas. La polémica tiene que ser resultado de lo que la gente vio. La intención de polemizar me suena frívolo, esto es más íntimo.

–¿Qué buscas generar en el público?
–Quiero que abramos los ojos, que miremos más allá de la persona, que la conozcamos en profundidad. El teatro a veces se toma poco tiempo para hablar de la realidad, tanta metáfora termina desvirtuando lo concreto del asunto. Con esta obra me propongo que el público tenga un pensamiento más humanitario o humanizado de las personas. Que vean que más allá. Entender que el personaje pueda delinquir o cometer faltas graves pero que hay todo un trasfondo atrás. Quiero que el público conozca esas instancias, que pueda entender por qué se llega a esa situación.
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