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domingo 17 de diciembre de 2017

La Novena Sinfonía para despedir el 2017

La Orquesta Filarmónica de Mendoza, dirigida por el maestro Gustavo Fontana, culminará con el clásico de Ludwig van Beethoven un año colmado de grandes logros y éxitos

Después de un año de grandes hitos en su historia como formación, la Orquesta Filarmónica de Mendoza cerrará el año en la Explanada de Casa de Gobierno con una de las más bellas composiciones de la música clásica universal: la Novena Sinfonía de Ludwig van Beethoven, junto con el Coro Universitario de Mendoza, dirigido por Silvana Vallesi.

Además se presentarán como solistas invitados Eiko Senda (soprano), María Eugenia Fuente (mezzosoprano), Hernán Iturralde (bajo– barítono) y Enrique Folger (tenor).
A horas de cerrar un año pleno de logros, Escenario charló con el director de la Filarmónica, Gustavo Fontana.

–¿Cuál es tu balance del 2017?
–Creo que ha sido un año súper productivo. La Orquesta intensificó varias líneas de acción que empezamos hace un par de años, como son las de un repertorio de lo más exigente que hay en la literatura para orquesta: tocar la Sinfonía Fantástica de Hector Berlioz para abrir el año, después las Danzas Sinfónicas de Sergei Rachmaninoff, la Quinta de Dmitri Shostakóvich o Richard Strauss. Hace un par de años que hacemos la Primera y Quinta de Gustav Mahler. Creo que en ese camino estamos muy bien, porque un repertorio más complejo pone a la orquesta en un desafío más importante y eso hace crecer el nivel. Además recuperamos la ópera con La Traviata, cuando hacía 7 años que no se hacía ópera en Mendoza.

–El apoyo del público fue muy importante...
–Totalmente. Podríamos haber hecho 8 funciones en lugar de 4, porque mucha gente se quedó con ganas de verla.

–¿Habrá una próxima?
–No está confirmada todavía, pero creo que va a ser El barbero de Sevilla. Ópera va a haber, en junio y julio.

–¿Encontraron un público con avidez por la ópera?
–Totalmente y eso nos entusiasma para hacer otra, pero además otra novedad que introdujimos este año en la orquesta es hacer una gira. Fuimos por primera vez al CCK, invitados por sus autoridades, con un auspicio especial para nuestro alojamiento y viaje. Fue una experiencia maravillosa, no sólo desde lo artístico –tocar en una sala de esa envergadura–, sino por la crítica, por los colegas de Buenos Aires que fueron a escuchar la orquesta y se mostraron gratamente sorprendidos con el nivel de nuestra orquesta. Así como La Traviata generó que el año que viene hagamos otra ópera y tal vez un ballet, esta invitación al CCK generó y nos entusiasmó para hacer una gestión en el Teatro Colón, a donde hemos sido invitados a tocar en el ciclo de Intérpretes argentinos el 6 de mayo del año que viene, en la sala grande.

–Esto es histórico...
–La orquesta nunca ha estado allí y en Buenos Aires la primera vez fue este año en el CCK. Nunca habíamos tenido esta proyección nacional. Me hice cargo hace tres años de la orquesta y creo que mi trabajo tiene que ver con eso: potenciar, abrir todo el panorama posible de repertorios, de solistas, de espacios. Por eso tocamos conciertos didácticos, hemos ido a los departamentos, a iglesias y la idea ahora es abrir el panorama nacional y eventualmente internacional. Creo que estamos en el buen camino, Ahora ya no nos asustan determinados adversarios, como las obras más complejas del repertorio, ni las giras, ni la ópera.

–¿Conseguiste hacer de la orquesta un equipo de trabajo?
–Mi idea es esa, porque yo concibo la dirección como una parte más de la actividad. Como yo también he sido músico de organismos profesionales, sé desde el otro lado del mostrador qué me gustaría a mí que el músico considere. He sido músico y muy crítico con los directores que he tenido, entonces me autocensuro y me cuido bastante a la hora del egocentrismo que a veces caracteriza a los directores. Me toca ser el primero entre los pares, el que dirige, pero no por eso es una tarea más o menos importante que otras.

–¿Qué vamos a presenciar hoy?
–Hoy –casualmente o no– es el día del cumpleaños de Beethoven. Vamos a tocar su Novena sinfonía, porque se cumplen 200 años del encargo de la música, que fue en 1817, aunque la estrenó en 1824. Es una sinfonía que extiende los límites de la forma, de la estética, que exige a los cantantes, a los solistas, a los músicos, al coro. Con cuatro movimientos, uno más bello que el otro, y con un mensaje de esperanza en la letra de la Oda a la alegría, de Friedrich Schiller.

–¿Cómo evaluás la llegada de la orquesta al público?
–Me gusta charlar mucho con el público, contarle qué es lo que van a escuchar, decirle que nosotros somos seres humanos con necesidades, con esperanzas, con anhelos, con tristezas, con alegrías y que nos toca pararnos en un escenario y poner en funcionamiento la música, algo tan mágico y maravilloso como eso. Esto no es fruto de ninguna inspiración maravillosa, sino de muchísimo trabajo.
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