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lunes 12 de marzo de 2018

La novela como una expresión de libertad

La transparencia del tiempo, del escritor cubano Leonardo Padura, es una nueva parte de la saga protagonizada por el policía Mario Conde y narra el robo de una obra de arte valorada en millones de euros

El escritor cubano Leonardo Padura, premio Princesa de Asturias de las Letras en 2015, agradeció vivir la libertad que proporciona escribir novelas, género de La transparencia del tiempo, su obra más reciente.

"La novela como género es el reino de la libertad. El cuento debe tener cierta extensión, en el teatro la representación se hace en un tiempo y si escribes guiones para cine las decisiones las toman los productores y los directores; sin embargo, en la novela tu eres soberano", dijo el autor.

Padura presentó la octava pieza de la saga de Mario Conde, un policía amante de la literatura, en la que el personaje razona acerca del paso del tiempo a punto de cumplir 60 años y emprende una investigación en la cual destapa los claroscuros de la sociedad cubana.

En 448 páginas, Padura recrea la historia de una Virgen negra valorada en millones de euros, robada por maleantes a un compañero suyo de los tiempos de preuniversitario y narra los detalles de una investigación en la que aparecen nuevos ricos cubanos promotores de arte o negociantes, que logran sus recursos económicos en base a la trampa.

Además, el libro retrata barrios habaneros de pobreza absoluta, en los cuales las condiciones de vida son del nivel de una favela brasileña o un barrio pobre de Haití o África.

En novela, el escritor utiliza diálogos contundentes para exaltar valores como la amistad y lamentar la creciente emigración de los jóvenes cubanos, muchos de los mejores preparados, cuya libertad Padura defiende, aunque acepta que al partir empobrecen al país.

"Uno de los valores más preciados de la sociedad cubana es su nivel de preparación, educacional, técnico y de desarrollo humano y si los mejores se van, queda un vacío. Es lamentable, pero es un derecho individual inalienable que cada cual trate de hacer su vida donde decida y de la mejor manera que decida", apuntó este férreo defensor de las libertades individuales de los seres humanos.

Más que repetir consignas contra el gobierno de Cuba o entrar en polémicas políticas en sus entrevistas, Padura suele fotografiar en sus obras la sociedad cubana con la autoridad de quien vive en ella y observa en primera fila la creciente falta de principios de una sociedad con pérdida de valores antes considerados sagrados.

"Estas novelas representan los conflictos de una sociedad y en ellas me voy llenando de preguntas que trato de responder en lo posible, pero quedan otras y para eso cuento con la complicidad de los lectores", indicó.

Padura reconoció ser un escritor de La Habana y se declaró deudor de sus antecesores, Alejo Carpentier y Guillermo Cabrera Infante, autores que no nacieron en la capital cubana, pero son los dos grandes escritores habaneros.

"Sin sus lecturas no tendría la percepción literaria de La Habana que tengo. Yo soy un habanero que ve La Habana con cierta perspectiva de distancia porque vivo en la periferia de la ciudad y la fui conociendo desde esa periferia hacia el centro", explicó.

El escritor dejó entrever que pronto sus novelas tendrán momentos duros porque algunos personajes, como Josefina, la entrañable madre de su amigo Carlos, ya tiene 90 años y en algún momento morirá, al igual que otros personajes.

"Va a ser complicado. En las próximas novelas se me va a morir Josefina y el mayor Rangel, ya viejos, y la individualidad de los personajes se va a perder; tendré que repensar ese mundo de Conde, cada vez más reducido", confesó.

Finalmente, el escritor reiteró que vivirá en Cuba mientras no lo expulsen porque es cubano por los 64 costados y también por cuestiones profesionales. "Necesito a Cuba para escribir, necesito su cultura, oír a la gente, hablar con sus esperanzas, decepciones y desencantos".


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