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jueves 18 de enero de 2018

La carrera por el Oscar tiene en Tres anuncios por un crimen a una gran candidata

Después de ser la más premiada en los Globos de Oro, llega esta película que narra la historia de una mujer que busca justicia tras el crimen de su hija

La actriz estadounidense Frances McDormand encarna uno de sus personajes más potentes en Tres anuncios por un crimen, un drama escrito y dirigido por Martin McDonagh que se estrena hoy en nuestras salas en el que interpreta con intensidad a una mujer decidida a encontrar a toda costa justicia para su hija, violada y asesinada en un pueblo de Missouri donde la policía olvidó el caso.

Premiada con el Oscar a la Mejor Actriz en 1997 por Fargo, la película de los hermanos Coen donde representaba a una oficial de policía sagaz y valiente, McDormand se pone aquí en la piel de una mujer dura y temeraria que para activar la investigación decide pagar tres anuncios en los carteles abandonados que se erigen al costado de un viejo camino, justo en el lugar donde su hija adolescente fue abusada e incinerada.

Tres anuncios trailer


Un año después del crimen, esta mujer solitaria se pregunta en esos anuncios por qué la policía y el comisario del pueblo no hicieron nada para resolver el caso y encontrar al responsable, y lo hace de forma tan directa y provocadora que genera un gran revuelo en el pequeño y tranquilo pueblo de Ebbing, donde su búsqueda de justicia produce una profunda transformación en todos los que la rodean.

Se trata de una de las actuaciones más descollantes en la carrera de McDormand, por la sutileza con la que encarna a esta mujer dolida, dura y frontal, a tal punto que en las últimas semanas ya le valió varios importantes premios, como el Globo de Oro y el Critics' Choice Awards a la mejor actriz, y la puso en camino de convertirse en una de las nominadas para la próxima edición de la entrega de los Oscar.

Con Woody Harrelson en el papel del comisario del pueblo, enfermo de cáncer de páncreas, y Sam Rockwell, que ganó el Globo de Oro al Mejor actor secundario por su rol como un policía racista y violento, el guionista y director irlandés Martin McDonagh construye una especie de western de baja intensidad –con varias de sus constantes, pero sin ningún disparo– y con referencias a John Ford, donde cada personaje parece redimirse de su desidia, su odio o su estupidez.

Conocido por películas como Escondidos en Brujas o Siete psicópatas, McDonagh aborda también en este drama con altas dosis de humor negro los difusos límites entre la búsqueda legítima de justicia y las ansias de venganza, especialmente cuando la protagonista sufre la indiferencia policial y la mirada prejuiciosa de sus vecinos.

La película pone el acento en la fortaleza de una mujer solitaria, despreciada incluso por su hijo varón, su única compañía tras la muerte de su hija y después de que su marido la abandonara por una joven de 19 años.

En ese sentido, exhibe el sufrimiento de muchísimas mujeres que, al igual que ella, nacieron en una sociedad gobernada por la desigualdad, el machismo, los abusos y el maltrato.

Pero McDonagh no busca consagrarla como una heroína, sino que elige indagar en sus contradicciones, en sus errores y desaciertos, y recorre un espacio gris (ni negro ni blanco, ni malo ni bueno) para mostrar sin máscaras ni disfraces a todos los personajes, señalando sus defectos más obscenos, sus partes oscuras, pero dándoles a la vez la oportunidad de redimirse. Es el caso del comisario interpretado por Harrelson, que si bien se ve interpelado directamente por los anuncios pagados por la protagonista, olvida la vergüenza que el hecho le produce y se enfrenta con altura a su enfermedad terminal, ayudando a que la mujer que lo enfrenta no baje los brazos. Y también es el caso del oficial de policía interpretado por Rockwell, un joven frustrado, resentido y racista, pero que sin embargo se convierte –aunque de manera azarosa– en una de las llaves de la búsqueda.

Tres anuncios por un crimen refleja las contradicciones de una sociedad entera, la estadounidense, escindida entre la posibilidad de convivir amablemente, salvando las diferencias de raza y género, tolerando las diferencias y sus propios defectos, y elegir el infierno del enfrentamiento permanente, fruto de la falta de educación, el odio injustificado y los prejuicios.


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