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sábado 19 de mayo de 2018

Kapanga, una fiesta del rock

La banda liderada por el Mono Fabio se presentará esta noche en N8, a las 23, en un show que tendrá como invitados a los mendocinos de Cuyoman.

Martín Mono Fabio es el líder de Kapanga, una de las bandas de rock más divertidas del país. No solo por su música festiva sino por los tipos de espectáculos que monta.

Mendoza fue testigo de una puesta atípica para la banda, algo que reconoció el cantante en esta charla con Escenario. Es que Kapanga fue uno de los shows que se encargaron de animar una de las dos repeticiones de la última Fiesta de la Vendimia.

La banda que entona canciones himnos del rock como El mono relojero ahora se presentará en Mendoza en un show más íntimo junto con Cuyoman, banda integrada por los ex integrantes de Karamelo Santo.
La cita con Kapanga es en N8 (Mitre y Godoy Cruz, Ciudad), desde las 23, y las entradas tienen un valor de $400.

Mono contó cómo será el show, recordó el recital en la Vendimia y también habló sobre la actualidad del país.

–¿Cómo preparan el show?
–Siempre es un placer volver a Mendoza porque nos reciben muy bien y estamos muy contentos de volver después de la última experiencia que hicimos en Vendimia. Este show será especial porque es un lugar chico y hace mucho no tocamos en un lugar así en Mendoza.

–Además con los chicos de Cuyoman...
–Exacto, es un gran reencuentro con gente que queremos y que conocemos desde hace mucho como los Cuyoman. Ahora ellos están persiguiendo el sueño que perseguimos todos, ese conejo imaginario (risas).

–¿Cómo fue la experiencia de tocar en Vendimia?
–Es un evento zarpado. Si bien el marco es raro para el palo del rock por la lejanía de la gente y por el estilo de audio, es algo único. Es una puesta de la hostia y es difícil de bancar. Me pasó algo muy loco pero, salvando las distancias y no queriendo hacer ninguna comparación (risas), me sentí un beatle. Ellos cuando tocaban era tan fuerte cómo cantaba la gente que no se escuchaban. Bueno, en ese show nos pasó algo parecido cuando cantamos El mono relojero. No nos escuchábamos a nosotros por la fuerza de la gente. Era una trompada de la gente, mirá que hace 20 años que canto esta canción pero me sorprendió la fuerza de la gente.

–¿Fue una experiencia distinta?
–Es de los mejores shows que hemos hecho. Me sigo sorprendiendo de la capacidad que tenemos para acomodarnos en los lugares porque el sonido no era malo pero es un estadio extraño y con mucha gente.

–¿Cómo fue ver familias en el show?
–Es una nueva generación la que compartimos la música con nuestros hijos. Quizás antes, con nuestros viejos, no iban a ver bandas. Por ejemplo, a mí mis papás no me llevaban a ver recitales. Ahora la generación que va de los 30 a los 45 años sí les traslada el amor por una banda a sus hijos. Antes la pregunta más recurrente que nos hacían era a qué hora era el show y ahora nos preguntan si pueden ir menores. Es que tenemos una bocha de pibitos que vienen a vernos. Si bien el nene puede escuchar Romeo Santos, a la hora de elegir una salida con el padre seguramente sea a un recital de rock.

–¿Cómo será la gira que se viene por México ?
–Es el noveno año que vamos y es una gira muy linda e intensa. Estamos felices de poder seguir yendo a lugares tan lejanos y que la gente nos acompañe.

–¿Cuándo nace el amor de México hacia la música argentina?
–Viene con Soda Stereo, Los Enanitos, Vilma Palma e vampiros, Los Fabulosos (Cadillacs). Estas bandas han sido claves para abrir esta puerta.

–¿Cómo explicas el éxito de los Enanitos en México y quizás no tanto en Argentina?
–Exacto. Ellos siguen de gira y van a miles de lugares pero las generaciones de pibes nuevos no creo que los conozcan. El argentino es muy raro como público. Con los Enanos por méritos y laburo hay que sacarse el sombrero. Es un poco el destino que les toca el tener que irse a otro país. Decir acá los Enanitos Verdes es recordar "Aaaah, La muralla verde" pero no, son unos bestias que llenan en todos lados. Ojalá me hubiera tocado a mí hacer todo eso y tocar por todos lados (risas).

–¿Les da algún tipo de presión extra que haya menores presenciando el show?
–Eso es depende. Por supuesto que si estamos en un show, a las 18, en un aniversario de un pueblo de 1.000 habitantes el recital no va a ser el mismo. Pero si hacemos un toque normal, de noche, la gente sabe a dónde lleva a sus hijos. Saben que soy más hablador y digo varias cositas (risas).

–Sos hablador y crítico... ¿Cómo ves la situación actual del país?
–Todas estas cagadas se van a olvidar en un mes cuando empiece el Mundial. Además, ahí van a tener un mes haciendo desastres y nosotros vamos a estar como pelotudos mirando fútbol. Yo hace dos años que me llamé a silencio porque no tengo más ganas de luchar, me cansé. Ya estoy viejo y me cansé. Cuando empezamos le cantábamos a todos, a Duhalde, Menem y ahora, con casi 50 años que tengo y con este presidente es como hacer leña del árbol caído. Está para recontra patearlo en el piso. Yo ya me comí varias pero me sigo llamando a silencio. Lo bueno es un plato que se come frío y tranquilo.
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