espectaculos espectaculos
lunes 02 de julio de 2018

Daiana Ruiz, la danza como desafío

En Alemania. Hace dos años esta mendocina, que ya era parte del ballet estable del teatro Colón, se radicó en Europa. Ahora el Stuttgart Ballet le asegura seguir allí su carrera.

Hace dos años, la bailarina mendocina Daiana Ruiz –por entonces integrante del ballet estable del teatro Colón– se tomó licencia por dos años para radicarse en Alemania y ser parte de la prestigiosa Compañía Internacional Stuttgart Ballet.

Cada ballet está compuesto por el cuerpo de baile, que hace las coreografías grupales, luego están los demi-solistas, los solistas y los principales. Demi-solista significa que se está capacitado para hacer roles de solistam,y ese es el lugar que a fuerza de talento se ha ganado Daiana, ya que Tamas Detrich –el director que se hará cargo de la compañía alemana en la próxima temporada– la ha promovido a ese cargo.

La joven de 29 años –la misma que a los 12 se fue a vivir a Buenos Aires para seguir su anhelo de ser bailarina profesional en el Colón– aceptó la propuesta, con lo cual se quedará a vivir en el país europeo. Desde Stuttgart, Daiana charló con Diario UNO acerca de su presente, lo que le espera a futuro y el día a día de una bailarina clásica.

–¿Qué significa este nuevo paso en tu carrera?
–Para mí es un orgullo y es como tocar el cielo con las manos. Como argentina es muy grande, haber tenido esta posibilidad, porque en el teatro Colón tenía mi contrato como bailarina estable, eso quiere decir que lo tenía hasta jubilarme. Por eso mismo tenía el beneficio de pedir una licencia sin goce de sueldo por dos años. Mi inquietud y mi deseo cuando estaba en Argentina –donde estaba haciendo roles de solista y principal– era vivir una experiencia diferente. No había viajado a Europa a tomar clases, aunque sí había trabajado con coreógrafos de distintas partes del mundo.

–¿Por eso decidiste audicionar en el Stuttgart Ballet?
–Sí, fui a Europa a buscar audiciones y tomar clases, y así llegué a Stuttgart, para cumplir un sueño. Yo seguía mucho a esta compañía, porque había hecho una obra donde conocí a dos de sus principales. Por eso que me hayan ofrecido un contrato es un sueño.

–¿Eso fue en 2016?
–En realidad, a fines de 2015 me presenté a una clase y el director Reid Anderson me dijo que estaba interesado, pero que en ese momento no tenían contrato para ofrecerme, pero que existía una posibilidad para la temporada siguiente, en setiembre del 2016. Como yo no hablaba inglés, pensé que si me ofrecían el contrato tenía unos meses para organizarme, pensar en mudarme y todo lo que implica trasladarse a vivir a otro lugar. Pero a comienzos de 2016 ellos me contactaron y me dijeron que ya tenían un contrato para mí. Cuando leí el mail me quedé sin respiración, temblaba toda.

–¿Estabas en Buenos Aires en ese momento?
–Estábamos de gira con un grupo del teatro Colón, haciendo una obra de tango-ballet. Fue terminar ese compromiso, regresar a Argentina y con sólo un mes preparar todo para radicarme en Alemania. Realmente no caía, no sabía muy bien lo que estaba haciendo. Hasta que no crucé la puerta de Migraciones en el aeropuerto de Buenos Aires y me encontré con mi valijita de mano, sola, subiéndome a un avión para ir a un lugar que desconocía por completo, del que no hablaba el idioma, no lograba caer. Por suerte uno de los chicos de la compañía que hablaba español me fue a buscar al aeropuerto.

–Los comienzos, más sin saber alemán o inglés, deben haber sido duros...
–Al principio no entendía nada (risas). Fue toda una aventura, un desafío para mí y una posibilidad de crecimiento personal y profesional. Cuando me despedí del teatro Colón y de mis compañeros lloraba sin consuelo. Fueron muchos años allí. Yo trataba de pensar que eran sólo dos años y que iba a volver, pero sabía que iba a tener que enfrentar la decisión de quedarme en Alemania o regresar. Fue un proceso largo, muy difícil, incluso tuve un problema bastante complicados de salud. Fue un trabajo intenso recuperarme de eso, incluso psicológicamente. Pero tengo la fortuna de tener una madre que Dios o el universo me han regalado que estuvo al lado mío, en todo el tratamiento y nunca me dejó caer. Si no hubiera sido por ella, por mi familia, mis amigos, mi gran abuela, no estaría acá.

–¿Cómo es la metodología de trabajo allá?
–Es completamente diferente a lo que hacemos en Argentina. Tuve que aprender el idioma a la par de un montón de ballet, del funcionamiento de la compañía y conocer la cultura de Alemania. Fue encontrarme con un montón de cosas hermosas, pero fue un gran desafío. Igual siempre tenía la duda interna de si iba a volver o quedarme. La idea de que en algún momento iba a tener que tomar esa decisión estaba todo el tiempo en mi cabeza, latente.

–¿Qué elementos ponías en la balanza?
–Primero que ya había hecho el esfuerzo de llegar hasta Alemania, algo que me había costado mucho trabajo y quería seguir aprendiendo de ese mundo tan diferente al que yo conocía. Pero por otro lado estaba la otra Daiana que me decía "Argentina, el Colón, tu familia, tus raíces". Trataba de equilibrar esas dos inmensidades, pero me sentía completamente indecisa. Finalmente la decisión llegó sola, porque me dieron muchas oportunidades de hacer roles de solista y mi crecimiento interno me hizo soltar todos esos pensamientos e ideas y dejé que la vida me llevara adonde me tenía que llevar.

–¿Y allí dejaste de dudar?
–Cuando me enfermé viajé a Argentina. Por la enfermedad había ganado peso que tenía que perder en poco tiempo. La dieta, hecha por un médico, era muy estricta y mi mamá, para acompañarme, hacía la misma dieta que yo. Yo tenía miedo de que si no recuperaba mi cuerpo iba a perder el sueño que tanto me había costado. En esos momentos no estaba disfrutando lo que hacía y mi mamá me decía que lo que hiciera, lo hiciera con amor y que si no me hacía feliz, es que eso ya no era para mí. Y es lo que hago. Si algo me genera tristeza es que estoy yendo por el lado equivocado. Esto me lo inculcó ella y en mis momentos de debilidad me reafirma. Yo había tomado la decisión de dejar de bailar el año pasado y cuando fui a Argentina, tuve la suerte de que invitaron a una gala muy importante y yo había decidido que esa era mi última función.

–¿Y qué paso?
–De allí me fui a Mendoza, porque habíamos organizado un curso en el teatro Independencia. Cuando vi la ilusión de esos chicos que fueron a la clase –me emociona recordarlo– encontré las fuerzas para seguir y estar hoy acá.

–¿Cómo es un día de tu trabajo?
–Nosotros trabajamos seis días a la semana, de lunes a sábado. Entramos a las 10.30 y salimos a las 18.30. Al comienzo tenemos un calentamiento de una hora y cuarto, para preparar el cuerpo para lo que van a ser los ensayos. Tras una breve pausa comienzan los ensayos. A veces preparamos dos ballets y otras, incluso cuatro a la vez. Tenemos tres salas de ensayo y entre ellos se distribuyen los bailarines. Y después además están las funciones.

–¿Cómo cuidás tu cuerpo, que es tu herramienta de trabajo?
–Hago yoga, voy al gimnasio. En el teatro hay dos fisioterapeutas que nos cuidan. Y con respecto a la alimentación, eso depende del físico de cada uno, pero siempre tenemos que estar delgados, es la estética del ballet, pero lo que cada uno hace es algo personal. Yo he aprendido cómo ordenarme con las comidas con una nutricionista, saber por ejemplo qué me da más energía en las mañanas. Hoy agradezco saber cuidarme y no sólo por mi profesión, sino entender lo que es bueno para mi cuerpo, que es mi instrumento no sólo para trabajar, sino para estar en este mundo. Es parte de quererse y eso te hace elegir qué comer o no. Soy selectiva en lo que como. No sigo una dieta para no engordar, pero trato de no comer harinas refinadas y soy vegetariana, pero en este caso la elección es porque amo a los animales.
Fuente:

Más Leídas