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domingo 01 de abril de 2018

"Cuando lo conocí a Favio fue como mi papá"

El gran bailarín Hernán Piquín se presentará el próximo sábado en Mendoza

El próximo sábado Mendoza tendrá a uno de los mejores bailarines del país. El enorme Hernán Piquín estará presentando su espectáculo Entre boleros y tangos en el Salón Fader del hotel Sheraton.

El bailarín que creció profesionalmente a la par de Julio Bocca, con quien estuvo 10 años, y con un CV en donde se pueden ver presentaciones en Rusia, Israel, España, Francia, Italia y cientos de lugares, habló con Diario UNO sobre su nuevo espectáculo y recordó al director mendocino que lo dirigió en Aniceto, Leonardo Favio.

–¿Cómo será el espectáculo?
–Es un espectáculo de tangos y boleros que te lleva a temas y emociones que ya hemos vivido. Hay temas muy conocidos y boleros más románticos. Los tangos más apasionados, desde que los hacemos, la gente sale muy contenta, emocionada y nos esperan a la salida del teatro para contarnos que con ese tema se conocieron o que ese tema le hace acordar a alguien.

–Lo vas a presentar por primera vez en Mendoza... ¿Qué relación tenés con la provincia?
–Mendoza me encanta. Me encanta su gente y cada vez que salgo de gira digo que quiero ir para allá. Además me encanta el vino, no tomo mucho pero me gusta (risas).

–Fuiste uno de los pocos artistas que participaron en la Fiesta de la Vendimia como bailarín invitado...
–Fue algo mágico, la verdad, me encantó. Me hubiera gustado hacer muchas cosas más pero el director ya tenía algo ideado y eso se entiende. Quizás me hubiese gustado participar más y tener más interacción bailando con los otros artistas.

–También tuviste la suerte de trabajar en Aniceto (2008) y ser dirigido por Leonardo Favio...
(Respira profundo) –Son cosas que te las dicen y decís: cierto. ¡Dios mío, tuve la suerte de laburar con este bestia! El recuerdo que tengo de Leonardo es hermoso. Lo generoso que fue conmigo. El haberme convocado para ser el protagonista de la película. Cuando conté que iba a trabajar con Favio me dijeron: "Es de los mejores pero es bravo". Cuando lo conocí nada que ver, era como mi papá, mi abuelo. Todo lo pedía por favor.

–¿Cómo fue el momento de ponerse a hablar del guión?
–Él fue muy claro. Me dijo "mira Chinito (me decía así), yo de ballet no sé nada, esto está en tus manos. Vos tenés que decirme cómo querés que haga las cosas y decirme en dónde y con qué ángulos querés que ponga las cámaras".

–¡Qué responsabilidad! ¿Qué le dijiste?
–Expliqué algunas cosas de ballet. Por ejemplo, no está bueno cuando al bailarín lo toman de perfil, porque ves cosas que quizás no es adecuado verlas de costado. Si haces eso la posición del cuerpo es extraña, por eso él durante todo el rodaje nunca nos toma de perfil.

–¿Fue complicado filmar con él tal como te habían dicho?
–Cuando había alguna escena difícil, llegaba al set de filmación y nos juntábamos en el motor home de él en donde nos explicaba. Me hacía sentir y vivir la escena con mucha intensidad. "Vos tenés que sentir que el gallo es como una pierna para vos. Vos sin una pierna no podrías bailar, bueno al gallo tenés que quererlo igual".

–Leonardo siempre fue muy obsesivo con las tomas...
–Me acuerdo el primer día que hicimos la filmación. Hicimos una sola escena y dijo "listo, queda esta". Todos lo miraban como diciendo ¿estás seguro? Es verdad que él siempre hacía hasta 15 tomas para encontrar la mejor. Él dijo "ya entendió todo, está perfecto". Después estábamos comiendo en el descanso y me dijo "la puta, mirá que compré tanta cinta pensando que íbamos a grabar muchas más veces. Ahora los productores van a estar contentos porque las van a vender y van a volver a tener plata" (risas).

–Y eso que había escenas muy complejas...
–La única escena que se grabó varias veces fue la de la muerte porque quería usar una sola cámara. La hicimos siete veces y no la hicimos más porque solamente había siete camisas (risas). La grababa desde distintos ángulos para después ver cuál era la más emotiva. (Empieza a reírse) me acuerdo cuando grabamos una de las escenas que a mí me disparan y golpeo contra la escenografía que era cartón con barro. Al golpear se cae un pedazo de barro sobre mi cabeza y todos nos quedamos callados porque no sabíamos si seguir o no. Cuando él largó la carcajada todos nos reímos. Fue un placer enorme haber trabajado con él, ha sido una pérdida gigante.

–Con esta película tuvieron varias nominaciones importantes...
–Sí, totalmente. Estuvimos postulados para el Oscar y para los Goya. Leonardo no aceptó la del Oscar porque no le interesaba, entonces quedó Leonera. Él decía que no le interesaba la medalla sino que quería plata para seguir filmando. "¿Qué hago con la estatuilla? ¿Quién me da plata por eso? Cuando necesito plata para grabar tengo que salir a cantar", dijo. Él me contó que por eso empezó a cantar, porque vio que le dejaba más plata eso que el cine y él quería la plata nada más que para poder seguir filmando.

–¿Te imaginabas cuando eras chico lograr tantas cosas?
–Jamás. Yo lo único que quería era bailar en el Colón. Todo lo que llegó después fue un regalo de la vida. No sé quien movió los hilos para darme esta vida pero es increíble. El hecho de poder ser primer bailarín de la compañía, vivir en Londres, París, Italia. Estuve casi 10 años al lado de Julio Bocca. Pude bailar en La Quiaca, Moscú, La Rioja y París, en todas partes del mundo. En serio viajé mucho, era aeropuerto, avión, teatro, avión y así. Una vez me desperté y me levanté con la luz apagada y me choqué con todo porque no sabía dónde estaba. Me asusté hasta que me di cuenta de que estábamos en Israel, porque lo leí en un papel del hotel (risas).

–A diferencia de la mayoría de los bailarines vos también sos muy reconocido por la gente...
–Es lamentable que un bailarín clásico no sea reconocido. Es una vida muy sacrificada pero un sacrificio lindo y que quizás no es valorado. El bailarín es conocido por un grupo de gente que es la habitúe del Colón y del ballet. En la calle ves a cualquier futbolista o actor y lo reconocés pero al bailarín del Colón no.

–¿Por qué creés que pasa eso?
–La cultura está un poco olvidada. En la compañía de Julio siempre que íbamos a bailar a las provincias había alguna bailarina o bailarín que él invitaba y le daba la posibilidad de tomar una clase con nosotros. Me acuerdo en Córdoba que había una bailarina preciosa y la invitó. Era preciosa, era una pequeña Paloma Herrera. Estuvo tan bien que le dijo que quería llevarla con él. Imagínate la chica, pasó de hacer cinco bailes por año a hacer 150 y a salir de gira. Llegó a Buenos Aires, ensayó con Julio y a los tres días estábamos haciendo funciones e íbamos de gira por China, España y Australia. La chica se llama Carolina Agüero y ahora es primera bailarina del ballet de Hamburgo.

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