Campanella indaga sobre prejuicios y vicios sociales en el teatro

El cineasta Juan José Campanella reincide en la dirección teatral con "¿Qué hacemos con Walter?", cuya autoría comparte con Emanuel Diez, en la que ayudado por un elenco de figuras reconocidas en teatro y televisión intenta indagar con humor en las miserias humanas a través de una reunión de consorcio.

La obra, en Multiteatro, Corrientes 1283 (Buenos Aires), de miércoles a viernes a las 20.30, sábados a las 20 y a las 22.30 y domingos a las 20, se desarrolla sobre una escenografía hiperrealista de Estudio QVP que reproduce al detalle el hall de entrada de un edificio, con ascensor incluido, donde aparecen un vecino solitario y componedor (Miguel Ángel Rodríguez), una vecina insidiosa (Karina K), una jovencita que hace participar a su pareja de la reunión a través de su celular (Victoria Almeida), un estudiante de abogacía con inquietudes sociales (Federico Ottone) y una vecina mayor en silla de ruedas cuya parla está lejos de la congruencia (Araceli Dovskin).

La razón del encuentro es el promocionado despido de Walter (Fabio Aste), el encargado del edificio oriundo de la provincia de Misiones, con problemas de salud y a punto de jubilarse, un personaje que ocupa una centralidad inesperada por motivos que no conviene revelar y que concita sentimientos contradictorios entre los miembros del consorcio, que inevitablemente deben espejarse en la platea.

A ellos se suma un avasallante administrador (Campi), poseedor de la quintaesencia de la falsía, la simulación, lo ventajero, lo oscuro, lo procaz, cuya soberbia es soportable porque el actor lo dota de una enorme gracia natural, servida por parlamentos ocurrentes y un perfil discursivo que trae a la memoria algún trabajo del español José Luis López Vázquez.

"¿Qué hacemos con Walter?" es un producto raro, transgresor en su apariencia y con enormes "pozos" dramáticos, sobre todo hacia el final, pero lo que no se sabe es si hay algo propositivo más allá del diálogo ingenioso -que lo tiene- y el permanente discurso clasista, racista y xenófobo, que puede ser escuchado como un atrevimiento pícaro, de complicidad indulgente, al tiempo que puede llegar a sensibilizar oídos de países limítrofes.

Desde ya que la intención es mucho menos negra que la de Alex de la Iglesia en el filme "La comunidad" (2000), donde la convivencia entre vecinos y encargados llegaba a una violencia surrealista; aquí la intención es recurrir a una suerte de sitcom con diálogos a veces chispeantes, certeros apuntes psicológicos y una marcación de movimientos sutil y efectiva, aunque esos ingredientes no van a quedar en la historia del teatro argentino.

Campanella tiene un largo pasado escénico, incluso anterior a su fructífera tarea cinematográfica con un Oscar de Hollywood y otros premios; tuvo un sostenido éxito junto a su socio Fernando Castets con su espectáculo "Off Corrientes" a mediados de los 80 y repitió la experiencia más recientemente con "Parque Lezama", que cubrió varias temporadas en el Liceo y viajó al exterior.

En este caso se proveyó de un Miguel Ángel Rodríguez medido y conmovedor como un farmacéutico maduro incómodo con la soledad y en permanente tensión con la altanera Karina K -gloriosa como siempre-, mientras Campi cumple con lo anotado más arriba, Victoria Almeida se excede en su mal humor sin fisuras, Federico Ottone aporta su frescura natural y Araceli Dvoskin logra divertir con sus inesperados parlamentos.

Párrafo aparte merece Fabio Aste, un actor que tanto en cine como en teatro y en TV viene buscando un lugar que todavía le es esquivo en el conocimiento público; además del encargado misionero -al que llaman permanentemente "paraguayo"- tiene a cargo un personaje femenino que compone con envidiable autoridad. Si bien tiene algunas "salidas" ingeniosas que divierten, aporta sobre todo a su criatura una humanidad notoriamente conmovedora.
Fuente: Télam

Más Leídas