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sábado 21 de octubre de 2017

Ben Stiller, el señor de las comedias

Un papá singular. El reconocido director y actor habla aquí sobre su nuevo protagónico: un padre que debe encontrar una conexión con su hijo adolescente.

Aunque tiene toda una carrera como director, que incluye películas como Generación X, Una guerra de película y La increíble vida de Walter Mitty, Ben Stiller construyó su fama como comediante, muchas veces interpretando personajes exagerados en comedias delirantes como Zoolander, o al protagonista de superproducciones para toda la familia como Una noche en el museo.

Pero a los 51 años, este hombre que se crió en el mundo del espectáculo ha iniciado una etapa diferente, en la que continúa su trabajo en el humor pero con un enfoque más sutil.

Al filme que coprotagoniza con Dustin Hoffman y Adam Sandler, The Meyerowitz Stories, que Netflix pronto subirá a su plataforma, ahora se suma Un papá singular, película que se estrenó el jueves en las multisalas mendocinas.

Aquí encarna a un hombre en crisis que acompaña a su hijo a visitar universidades.

–Solés hacer comedias delirantes, pero el humor en "Un papá singular" es muy distinto. ¿Fue un proyecto que te llegó o que buscaste?
–Me llegó, pero por error. El director Mike White no escribió Un papá singular pensando en mí. Él escribe muchos guiones para diferentes directores y en todo tipo de géneros, y había escrito uno para una superproducción infantil con muchos efectos especiales. Mi agente me llamó y me mencionó que estaban interesados en que yo lo protagonizara. Le dije que me enviaran el guión y por error me llegó el de esta película. Me gustó mucho y le dije que no siempre me llegaba material con el que me identificara tanto. Como actor, es el tipo de proyecto que me interesa en este momento de mi carrera.

UN PAPÁ SINGULAR -Tráiler Subtitulado -DSYC

–¿Cómo fue trabajar con un actor tan joven en buena parte de la película?
–Excelente. Austin Abrams, que interpreta a mi hijo, es un actor maravilloso. Es muy serio con respecto a lo que hace y llegó al rodaje tratando de hacer una interpretación honesta. Antes de empezar a filmar nos hicimos amigos, nos entendimos muy bien, salimos juntos tanto como pudimos y paseamos en auto, porque sabíamos que teníamos sólo unas pocas semanas para lograr que nuestra relación de padre e hijo fuera creíble. Era importante dar la sensación de que teníamos una historia compartida. Es interesante porque creo que Mike escribió la película desde la perspectiva del hijo y no del padre. Pero el hijo ve cómo el padre está atravesando una crisis. Cuando los chicos son chicos, si uno pasa por un mal momento, como padre trata de protegerlos para que no sufran con tus problemas. Pero Brad, mi personaje, está en un momento en el que no puede esconder lo que le pasa. Es doloroso ver cómo lo intenta. Todo el tiempo trata de que no se note lo que está pensando, pero es inevitable porque está muy sacudido.

–Brad todo el tiempo se está juzgando a sí mismo. ¿Es algo que te pasa a menudo?
–Por supuesto. Esa fue la razón por la que me sentí identificado con la historia cuando leí el guión. Me pareció que era un tema que no aparece muy seguido en las películas: qué es lo que un personaje está pensando todo el tiempo, cómo se siente, cómo se ve a sí mismo en relación a los demás. Son cosas de las que por lo general no hablamos. Por eso cuando leí el guión me pareció una idea muy valiente y muy difícil de llevar a cabo, porque en una película hay que ponerle un principio, un desarrollo y un final. Y también tenía que tener un eje, que en este caso es la relación entre Brad y Troy, su hijo adolescente. Aunque pueda parecer una película sobre un hombre que está obsesionado con cómo le va en la vida, en realidad trata sobre cómo un hombre encuentra una conexión con su hijo.

La marcada herencia familiar

–¿Alguna vez hiciste algo similar a lo que hace tu personaje por tus hijos?
–La verdad es que no conozco a nadie en (la universidad de) Harvard. Y por otro lado mi hijo recién tiene 12 años y mi hija 15. Creo que lo más parecido que he hecho es que a ella le fascina el teatro musical. Nos mudamos a Nueva York siete años atrás y está obsesionada con eso. Quiere hacerlo y tiene una voz muy hermosa. Y si vamos al teatro, ella quiere que la lleve para conocer al elenco en sus camarines. Es algo que me encanta porque me hace acordar a cuando yo era chico en Nueva York. Mis padres me llevaban al teatro todo el tiempo, en la época en la que uno está pensando qué es lo que quiere hacer en la vida. Poder conocer a un actor en su camarín y que te pregunte si a vos te gustaría participar en ese mundo tiene un gran impacto. Recuerdo cuando conocí a William Hurt cuando yo era muy joven, porque mi papá estaba haciendo una obra con él hace unos 30 años. Lo veía muy seguido y él me hablaba como a cualquier otro adulto. El había hecho Estados alterados, una película que a mí me había impactado mucho. Yo tenía 18 o 19 años y hablar con él sobre actuación fue algo que no me voy a olvidar jamás. Por lo tanto, si puedo hacer algo así por mi hija, no lo voy a dudar.

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–En las reuniones de ex alumnos sos siempre el que se hizo famoso. ¿Cómo es la experiencia?
–Rara, por supuesto. Una de las cosas interesantes de llegar a esta edad es reencontrarte con la gente que has dejado de ver durante mucho tiempo. Tengo amigos de la secundaria con los que he mantenido el contacto porque en su momento formamos una banda muy mala que se llamaba Capital Punishment, con la que sacamos un solo disco y nos fue muy mal. Con los demás he perdido contacto, pero ellos saben de mi vida porque soy actor y leen sobre mí en los diarios. Cuando tuvimos la reunión de ex alumnos fue extraño. Uno con el que me había peleado en su momento me trató maravillosamente bien. Es algo que se refleja muy bien en esta película, no hay nada como enterarte cómo les ha ido a tus ex compañeros de la secundaria. Uno de los que tocaba en la banda conmigo hoy es juez en la Corte de Apelaciones en Arizona. Le va muy bien, pero disfruta haciendo amplificadores para bajos eléctricos, esa es su gran pasión. Yo conozco esa faceta suya, pero la mayoría de la gente lo ve como un juez muy serio. Esas relaciones que establecés en tu adolescencia van adquiriendo mayor valor a medida que pasan los años.

–Tenés una gran carrera. ¿Pero te preguntás, como tu personaje, qué es lo que hubiese pasado si hubieras hecho algunas cosas de otra manera?
–No necesariamente. Me parece que uno no puede responder esas preguntas. Si me pongo a pensar ahora en qué cosas habría cambiado, creo que me hubiera gustado terminar la universidad, porque no tuve ese tiempo para poder decidir por dónde quería que siguiera mi vida. Estaba muy concentrado en que quería ser actor y director, lo cual estuvo muy bien, pero tal vez podría haber disfrutado un poco más, y de paso estudiar historia y arqueología, que siempre me fascinaron. También me hubiera gustado dirigir sin tener que actuar. De todos modos, soy consciente de la suerte que he tenido. Es difícil analizar mi vida y pensar que me podría haber ido mejor. Además, los errores que cometí me sirvieron para ser quien soy hoy.

–¿Sentís que te hiciste comediante porque tus padres también lo eran?
–No, nunca hubo presión. Mis padres trabajaban mucho. Y lo que aprendí de ellos fue la ética de trabajo. Ellos me mostraron de qué manera había que hacer las cosas para que te fuera bien. Nunca vi a mis padres como gente divertida, al menos no hasta que fui un poco mayor y empecé a entender su sentido del humor. Cuando era chico, eran simplemente mis padres. Me decían que me fuera a dormir o que hiciera mi tarea. Pero me encantaba acompañarlos cuando se iban a trabajar. Nunca me voy a olvidar de cuando mi papá hizo La captura del Pelham 1-2-3, en 1974, en la que trabajaba con Walter Matthau. Me pasé toda la noche en la parte de atrás del auto en la que filmaron las escenas en un puente de Nueva York. Ese fue uno de los momentos en los que pensé que eso era lo que quería hacer durante toda mi vida. Fue verdaderamente mágico.
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