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lunes 20 de noviembre de 2017

Agustín Falco: "La idea de mi primera película era otra"

El cine santafesino vuelve a dar noticia, esta vez con el estreno de Cauce, un relato de género, un thriller en el que su director, el debutante Agustín Falco, cuenta la historia de un hombre joven que por escapar de un mundo asfixiante se enfrenta a otro peor, de violencia y muerte.

El guión, del mismo director, cuenta la historia de un empleado de rango en una multinacional que de la noche a la mañana es despedido, no puede contarle esto a su familia e intempestivamente se vuelve a encontrar con un viejo amigo que le propone un negocio oscuro.

cauce

La idea de que todo ocurra casi en tiempo real, y con planos uno detrás del otro, inquieta y angustia no solo al protagonista, cada vez más sumergido en un laberinto, sino también al espectador, que se convierte en su aliado y puede sufrir tanto como él.

Para llegar a esta meta Falco, que había dado muestras de su talento con varios cortometrajes, entre ellos Fábula, de Historias breves VII, contó con un elenco sólido, encabezado por Juan Nemirovsky y Alberto Ajaka, acompañados por Luis Machin, Martín Slipak y Agustina Ferrari.

El rosarino Nemirovsky es recordado por sus trabajos en El muerto y ser feliz y Brisas heladas, tanto en su versión teatral como en la cinematográfica, mientras que Ajaka es conocido por Secuestro y muerte, Viola, Castro y Todos tenemos un plan, entre otros.

En 2014, Falco tuvo su primera gran experiencia audiovisual en la televisión, cuando dirigió la serie Pioneros, en donde abordó a personajes importantes de la ciencia local, como René Favaloro, Luis Federico Leloir y Bernardo Houssay.

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–¿Como nació la idea de esta historia acerca de un joven de clase media que de la noche a la mañana descubre que perdió su trabajo y decide hacer la suya?
–Mi idea de primer largometraje era otra. Hace tres o cuatro años estaba trabajando en otro proyecto, un drama que se llama Remanso. Pero también había una cuestión temática de algo que venía pensando, pero que no tenía la forma definida. Los dos títulos tienen que ver con la geografía, con los ríos, que es algo que me entusiasma: la idea de naturaleza. Mi meta es trabajar alrededor de la geografía cuestiones que, en contextos similares, tengan distintos tonos de género.

–¿Cuál es el río en el que transcurre parte del relato?
–Es el delta del Paraná a la altura de la ciudad de Santa Fe. El río que se ve se llama Ubajay, cerca de la ciudad de Santa Fe, muy angosto y por eso mismo perfecto para el conflicto central que tiene lugar allí.

–Hay como una necesidad de dar localidad al relato sin necesidad de remarcarlo...
–Me interesaba mucho la cuestión del contexto con cierto malestar de crisis económica en la clase media, así como una serie de personajes masculinos que, de alguna manera, intenté retratar de manera creíble. Hombres de clase media observados con una mirada crítica, como el protagonista, su compañero de trabajo que también es su jefe, su suegro, incluso el dueño del boliche...

–Allí aparece el machismo...
–Un machismo fuerte sin que sea explícito, en especial cuando David se cruza con el Tano, el dueño del boliche, que es una manera de hablar de la sociedad en la que uno vive y trasciende la sofisticación que se puede llegar a ver en una ciudad capital, que mejora sus formas pero en el fondo sigue siendo la misma de viejos tiempos. También está la idea de cómo se sostienen algunas fantasías, las que llevan al personaje a trabajar en off. También hay cuestiones locales, como el crecimiento del narcotráfico.

–Queda la sensación de que David es un personaje que está permanentemente en lugares en los que no quiere estar...
–Sí, que es arrastrado por otros, pero también la idea es que él mismo está tomando una decisión que lo puede llevar adonde no quiere ir.

–Una especie de Después de hora de Scorsese, donde el discurrir en continuo es el que le da cierto vértigo, o el de El asaltante, de Pablo Fendrik.
–Dos películas que me encantaron. Lo de los planos continuos no es fortuito ni tampoco necesariamente un efecto, es decir que no quise que fuese un virtuosismo. La idea era que la relación espacio temporal en continuado tuviese cierto efecto, para mostrar el laberinto en el que el personaje se iba metiendo. La idea es el uso de lo secuencial como un acelerador de los tiempos, es decir que también trabaja en el ritmo de la edición y la tensión que es magnificada por la violencia que se desata. También hay unos planos separadores en negro que ayudan al espectador a poder pensar qué es lo que ocurre en el medio de esas dos secuencias y alguna forma también lo hacen respirar.

–También hay como un abordaje de varios ámbitos totalmente diferentes...
–Sí, el de la empresa multinacional, el de la casa familiar, el del boliche nocturno y el del paraje perdido a orillas del río... Además hubo mucho trabajo de las situaciones durante el mismo rodaje, por ejemplo la escena de Nemirovsky con Ajaka, en la que los actores aportaron mucho a resolver lo planteado en esa situación, a construir sus personajes con su aporte. Es una cuestión de química que funcionó.

–¿Y en materia de futuro?
–Una serie para la señal pública Educ.Ar, que es de ficción, y trabajando en la versión final de Remanso, para producirla en 2018.
Fuente: Télam

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