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sábado 27 de enero de 2018

El actor mendocino José Kemelmajer se presenta con cuatro obras en la Costa

José Kemelmajer está en Mar del Plata por la temporada y va a quedarse allí hasta fines del próximo mes.

Si no resulta sencillo llegar a una de las plazas teatrales más competitivas, mucho menos lo es cuando llegar se hace por propio impulso y riesgo, mucho menos cuando no se trata de una sola obra, sino de cuatro: Sudá América, Ensalada Ruso, Este lunes arranco y Tiempos de paz.

"Los resortes de sillones de los despachos de distintos funcionarios me han roto como 50 pantalones de esperar pelo... por nada. En Mendoza hay muchos artistas que trabajamos y si lo pensás, no es tanto lo que hay que impulsar: quizá en un año tres películas, dos bandas, o tres actores o dos elencos,. Es fácil de hacer, pero no pasa...", dice con enojo y cierta resignación. Pero defiende a muerte su trabajo en esta charla.

–Debe ser muy exigente representar varias obras con diferentes personajes...
–Al principio eso me preocupaba mucho, pero estoy muy contento porque es una instancia de profesionalización que a veces en Mendoza es más difícil de lograr, porque cuesta mucho tener el training de lo que significa justamente la actividad teatral, porque es una de las pocas artes que tiene que ver con la repetición, una recreación de lo mismo, nunca igual. El teatro se hace recreándose. En el cine te salió bien la escena y después la ven 10.000 personas durante 20 años. En el teatro, la lágrima la tenés que soltar todas las funciones.

–Con la variable no menor de que el público siempre es distinto...
–Sí, y en el caso de los mendocinos es muy particular, porque no tenemos la autoestima baja, directamente no tenemos, porque entre nosotros nos encargamos de eso, entonces cuando salís de la provincia un tipo que te está viendo pestañea y te parece que te ganaste un Oscar (risas). Hablo así de los mendocinos porque lo soy, sino no lo haría, pero a veces veo que tenemos una actitud un tanto horrorosa.

–¿Por qué?
–Porque un artista de alguna manera para consolidarse como tal, ampliar su mirada, su criterio, el sentido de su tarea, debe desplegarse en diferentes territorios, en diferentes culturas, si bien todos los seres humanos somos bastante parecidos en todos lados. El juglar necesitaba desplazarse para ir construyéndose como artista. Para mí esta experiencia tiene que ver mucho con esa posibilidad, con un enriquecimiento personal que luego uno puede ofrecer en el lugar en que uno vive.

–¿Qué importancia ha tenido Mar del Plata en tu carrera?
–Me ha ido muy bien acá. La primera vez que vinimos –con Gustavo Torres– nos llevamos todos los premios con Tiempos de paz, después volví al año siguiente y gané con Sudá América como mejor unipersonal entre muchísimos elencos.

–¿Cómo fue que llegaste ahora a la Costa con cuatro obras?
– Yo no llegué por ningún contacto, lo único que hice es laburar y autogestionar y venirme con las escenografías en una traficc y buscar una alquiler razonable en la temporada, porque la verdad son muy caros. Además vinieron mis tres hijos a ayudarme, mientras preparaba acá a un técnico, un pibe fantástico que me está ayudando muy bien con el sonido y las luces.

–Parece que te preocupás por crear un clima muy familiar para trabajar...
–Es que en el ambiente artístico hay cosas muy feas también. Por eso trabajo con tres, cuatro, cinco colegas, que somos incondicionales –como Gustavo Torres– y generamos un ámbito de trabajo enorme.

–Y la gran alegría vino de la mano de Tiempos de paz...
–Acá hicimos una sola función, pero es una obra enorme, muy comprometida con la realidad actual de la inmigración. Y hemos sido invitados a presentarnos en el Festival Internacional de Teatro de Portugal, al menos con dos funciones.

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