Editorial - Judiciales Judiciales
viernes 13 de julio de 2018

Una feria judicial más y van...

Quince días en invierno y 30 en verano van a contramano de lo que le exige la sociedad a este servicio público.

El receso invernal de quince días de los poderes judiciales de provincias y de la Nación es uno de los privilegios que la clase política quiere dar por terminado. Pero no pasa de ahí.

Se escandalizan, no sólo en Mendoza sino en otras provincias, argumentando que la Justicia se paraliza totalmente durante dos semanas, y que este beneficio se repite en el verano durante todo el mes de enero. Pero nadie pasa de ahí.

Frente a este panorama, el Palacio Judicial y sus delegaciones funcionan al mínimo indispensable, ya que sólo se atienden aquellas causas cuya habilitación fue solicitada con antelación. Pero no pasa de ahí.

Se repiten, cada año, las acordadas de la Suprema Corte que especifican quiénes quedarán de turno durante la feria para atender algunos expedientes y un puñado de audiencias con detenidos. Pero no pasa de ahí.

Falta decisión política para acortar o directamente dejar sin efecto el parate de ese servicio público tan indispensable como el de brindar a cada uno lo que le corresponde.

En Mendoza, por ejemplo, con un Poder Judicial funcionando al mínimo, impresiona ver a ciudadanos yendo de aquí para allá en busca de tal o cual oficina donde se tramita su situación procesal. Pero no pasa de ahí.

La feria judicial, ya sea la de invierno como la de verano, ha sido, históricamente, un botín de guerra que se disputan la clase política de un lado y los judiciales y los magistrados del otro.

Los primeros argumentan la urgente necesidad de modernización y de agilización del servicio. Los demás se aferran con uñas y dientes bajo el lema de que se trata de "derechos adquiridos". Pero no pasa de ahí.

Cuando históricamente sobrevienen raptos de alta tensión entre los poderes Ejecutivo y Judicial, desde el primero apuntan y disparan sus dardos hacia el destierro de la feria judicial y hasta utilizan otros dichos más categóricos, como que hay jueces que trabajan muy poco, a contramano de lo que reclama la sociedad y especialmente de los altos sueldos que perciben. Pero no pasa de ahí.

En tanto, los ciudadanos de a pie, esos que se pierden en los laberínticos edificios, siguen esperando. Seguimos esperando.
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