Nadie nace lector

Leer es un hábito que se construye, y hacerlo 20 minutos al día asoma como el indispensable primer paso.

La decisión de la Dirección General de Escuelas de promover la lectura obligatoria en las aulas a razón de veinte minutos por día es un remedio directo contra uno de los males que padecen los alumnos desde hace décadas: la incomprensión lectora.

La estrategia, que ya comienza a aplicarse en Mendoza, aparece como el disparador exacto para ayudar a que los chicos entiendan los contenidos que están leyendo y más aún: a desterrar las faltas de ortografía, cada vez más comunes a fuerza de esa especie de todo vale inoculado por la ligereza de las nuevas tecnologías y la escasísima lectura de textos.

Es que más allá de las reglas ortográficas que se enseñan y se practican, la lectura trae consigo esa mejora, de modo implícito, casi invisible pero eficaz. Lo mismo que con la capacidad de redactar y de pensar, nada más y nada menos.

Pero nada será por arte de magia, porque nadie se convierte en lector de la noche a la mañana, sino que el lector es el resultado de ejercer el hábito acompañado por la estimulación necesaria. Y es en este punto donde la escuela puede poner esa piedra fundamental.

A este panorama se suma una práctica saludable que ha proliferado en los últimos años en la provincia: que autores locales presenten sus obras de cara al alumnado, es decir, a los lectores, conversando con los chicos acerca de libros y lecturas, y muy especialmente sobre todos los condimentos y procesos que desembocaron en la producción y presentación de tal o cual obra.

Los docentes que más trabajan en este aspecto enfatizan públicamente lo valioso y edificante que es para los chicos conversar con autores vivos, de carne y hueso, coterráneos en lo posible, sobre libros y literatura, no sólo para escuchar, sino para darse cuenta de que ellos también pueden crear personajes e historias con buena calidad de redacción y buena ortografía y coherencia.

Los chicos leen, pero deberían hacerlo más. Porque el hábito lector se construye con tiempo y dedicación, por lo que esta consigna de hacerlo de lunes a viernes, en las aulas, como se hacía antes, de pie, al lado del banco o al frente, le otorga la dosis de permanencia indispensable a mediano y largo plazo.

"A leer se aprende leyendo todos los días un poquito, como quien ejercita un músculo", repite un maestro ya retirado, pero con el alma docente intacta. Que así sea.
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