Editorial Jueves, 19 de julio de 2018

Maestritos y libritos

Hasta hace 3 meses la palabra del jefe de Gabinete era dogma. La crisis la puso en la picota.

Cada maestrito con su librito. Así solía decirse cuando se quería significar que cada persona es un potencial opinador, alguien que cree tener la solución adecuada para los asuntos más diversos, incluso los importantes.

Por ejemplo, hasta hace unos meses en el Gobierno nacional todos estaban envalentonados por los resultados de los comicios legislativos de 2017. Y recitaban a diario su librito. Que era palabra santa.

Hablaban a borbotones de la reelección presidencial de 2019 como una verdad irrefutable.

Y la "santísima trinidad" conformada por Marcos Peña y sus dos laderos de la jefatura de Gabinete se había instaurado en la única palabra autorizada en la Casa Rosada.

Incluso habían "raleado" a los políticos de la mesa chica, entre ellos a Ernesto Sanz.

Pero en dos meses todo se dio vuelta. Se desató la crisis cambiaria y se resquebrajó la política gradualista que se venía llevando a cabo desde diciembre de 2015.

Todo ello se agravó por un escenario internacional hostil de altas tasas y de guerra comercial entre los grandes bloques.

Ahora el librito y el maestrito han mutado su discurso. Los problemas macroeconómicos que tiene la Argentina son tan profundos que ya no se van a resolver unilateralmente. Ahora muchos hablan de algún acuerdo interpartidario.

¿Se dará?

El Gobierno sostuvo durante mucho tiempo que esto lo iba a resolver solamente Cambiemos. Quedó claro que no.

"Hace falta ensanchar un gobierno que es muy estrecho", sentenció uno de esos maestritos, con bastante razón.

La primera parte, que es mejorar la relación con el radicalismo y otros socios de Cambiemos, se está intentando. Ahora hay que ver cómo se producirá el acercamiento con la oposición, concretamente con el "peronismo razonable".

Eso, recitan los maestritos con el librito en mano, sería un gesto de estabilidad institucional para los observadores de aquí y de afuera.

Generar parámetros de normalidad en la Argentina, dicen, es lo que los inversores valoran. Y agregan que eso es bueno no sólo para el Gobierno sino para entender lo que puede llegar a venir de aquí en más.

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