Editorial - Mendoza Mendoza
viernes 13 de abril de 2018

Los cascos salvan vidas

No todos pagarían entre $400 y $1.000 por un accesorio que puede evitar la muerte por golpes en la cabeza.

Ciclistas y motociclistas son los conductores de vehículos físicamente más expuestos en el caótico tránsito de Mendoza de cada día. De hecho, recientes estadísticas demuestran que 31 motociclistas murieron en siniestros ocurridos en la provincia en lo que va del año. Es decir, 1 muerto cada 72 horas aproximadamente.

A la luz de estas cifras, y teniendo en cuenta la gran cantidad de accidentes de tránsito –muchos de los cuales son reflejados por los policiales de los medios periodísticos–, cuesta creer que todavía motociclistas y ciclistas se resistan al uso del casco protector y circulen desprotegidos de las consecuencias de cualquier caída o embestida. Muchos lo hacen bajo los paupérrimos argumentos de que estos accesorios son caros y/o hacen doler la cabeza, cuando no que les arruina el peinado.

Acerca del primer motivo, es rebatible cuando se demuestra que los cascos de motos y bicicletas tienen precios que orillan el 10% del precio de esos rodados. Un razonamiento llevado al extremo indicaría que por $1.000 un motociclista podría salvarse de una muerte segura por traumatismo de cráneo y que un ciclista tendría el mismo beneficio por apenas $400.

Hijos del rigor como somos los argentinos, la utilización de estos accesorios de protección resulta ser obligatoria so pena de multas en dinero que superan largamente los precios de los cascos en cuestión.

Idéntico panorama se advierte con el uso del cinturón de seguridad en caso de automovilistas y acompañantes. Que están rotos o dañados no es excusa, ya que, como dice la concientización lanzada desde sectores públicos y privados, "el cinturón salva vidas", y de eso pueden dar fe cientos y cientos de mendocinos y argentinos que podrían haber muerto aplastados o expulsados de la cabina vehicular de no haber llevado puesto el cinturón. En tragedias masivas como las de colectivos en la alta montaña suele concluirse que la mayoría de las víctimas perecieron "porque iban desatados y volaron por las ventanillas y/o fueron aplastados por los micros y/o impactaron con su cuerpo contra otras personas y/o asientos".

No en vano las compañías fabricantes de vehículos y motovehículos insisten a sus clientes y/o usuarios en que es necesario adoptar todas las medidas de precaución contra los accidentes.

Sin embargo, las urgencias y la desidia suelen imponerse, dejando los terribles resultados a la vista: muertos, heridos graves, incapacitados y familias enteras destrozadas.
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