Editorial Jueves, 7 de junio de 2018

La universidad, en la picota

En la Argentina sólo completan sus estudios el 30% de los alumnos de las universidades estatales.

Sólo el 30% de los estudiantes de las universidades públicas de la Argentina completan sus estudios en sus facultades.

Es uno de los porcentajes más bajos de la región. En México obtienen su título universitario el 61% de los ingresantes y en una nación mucho más cercana a nosotros, como Chile, lo hace el 60%.

Lo primero que muchos ciudadanos argentinos se preguntan es si en las universidades privadas argentinas eso es distinto.

Es un poco mejor, pero tampoco de manera superlativa: en ese ámbito los que concluyen sus estudios son el 42%.

Otra duda que asalta a los contribuyentes argentinos al acceder a estos porcentajes es: ¿se justifica la enorme inversión que se hace en las universidades estatales para que de 10 estudiantes que reciben educación gratuita sólo 3 se transformen en profesionales que ayuden a mejorar el país.

¿Qué pasa con este tema en las naciones desarrolla das?

Pasa lo que tiene que pasar: coherencia con sus realidades y su historia.

En Japón, por caso, el 91% de los universitarios obtiene su título profesional. Y en Dinamarca, el 81%.

En el caso de la Argentina no sólo es un dato preocupante conocer nuestras cifras, sino también el comprobar que la tendencia es a la baja.

El drama, dicen los especialistas, tiene un nombre concreto: escuela secundaria.

En ese ámbito, aseguran los analistas, está buena parte de las razones por las que los estudiantes fracasan o se quedan a mitad de camino en su intento de graduarse.

"Lo que se deja de aprender en la escuela secundaria no se recupera en la universidad", le dijo al diario La Nación Alieto Guadagni, director del Centro de Estudios de la Educación Argentina, que depende de la Universidad de Belgrano, institución que concretó el estudio al que hacemos referencia.

Cuando uno ve que los alumnos de 5° año de algunas secundarias están mucho más empeñados en cortar las calles para hacer las fiestas de presentación de sus buzos y camperas de despedida, o en definir el lugar del viaje de egresados, empieza a entender.

En muchos países existe un examen de graduación al concluir la secundaria. Aquí el sólo hecho de sugerir una cosa así podría desatar un escándalo mayúsculo.