Editorial Lunes, 30 de julio de 2018

Josefa, con J de Justina

Las conocimos a raíz de la donación de órganos. Invitan a pensar en los demás sin egoísmos. Dos luchadoras

La historia protagonizada por Josefa González está cargada no sólo de una alta dosis de emotividad, sino también de una fuerte enseñanza de vida. De valentía. De superación.

No sólo porque vive gracias a la donación de un corazón, sino porque ahora, a sus 16 años, está dedicada fuertemente a terminar sus estudios secundarios. Y más aún: piensa en ayudar, a través del arte y de la actuación, a personas que actualmente viven el mismo trance que ella vivió hasta hace un tiempo.

Josefa y su familia valoran la reciente aprobación de la llamada "ley Justina", por Justina Lo Cane, la niña de 12 años que murió esperando la donación de un corazón. Y más aún: valoran el enorme gesto de desprendimiento de los familiares de los donantes fallecidos. Pero no se quedan en eso, sino que, por haber estado, sufrido y padecido largamente del lado de los que esperan, se han puesto manos a la obra para mitigar en esos pacientes tantas horas de sufrimiento y padecimiento.

La propia Josefa lo ha dicho: "Es aburrido estar en el hospital; son muchos días estar metida en una habitación", y de ahí ese fuerte compromiso de restituirle al centro médico donde fue trasplantada algo de sus habilidades para con los que esperan o están en fase de recuperación. El arte, que dicen salva vidas como canalizador de emociones, motiva las horas de Josefa a tal punto de que querría ser una especie de payamédica para alentar a los trasplantados.

Mientras, Josefa, al igual que Justina, nos están dando fuertes lecciones de otredad que muy bien nos vendría aprender y ejecutar. Pensar en el otro es la clave. Sin egoísmos.

Con su enorme sonrisa y su enorme convicción, Josefa nos muestra que es posible devolverle a la sociedad algo de lo recibido, nos revela que todos somos parte de un sistema que debe ser solidario y retroalimentarse, no sólo en cuanto a recursos sino también en cuanto a dedicación.

Justina nos legó, amén de una profunda tristeza terrenal, una ley aprobada de modo unánime, y con profundo respeto, por un Congreso como pocas veces se ha visto. "Hay que ayudar a los demás", había pedido en materia de donación de órganos.

Solidarias. Luchadoras. Dignas de imitar.

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