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domingo 10 de diciembre de 2017

Un empresario que pasó por IMPSA, Austral y Telefé ahora es el director de IDEA

Ernesto Ferrer es de esas personas que no cabrían en el estereotipo del empresario exitoso promedio argentino. No lleva 25 años en una compañía ni se ha anquilosado en una actividad determinada. Es un ingeniero electromecánico que se dedicó a los negocios, y que en su extensa trayectoria puede afirmar que ha hecho de todo: desde vivir en un tráiler en Catriel (Neuquén) hasta ser gerente general de Austral Líneas Aéreas y de Telefé, pasando por una larga etapa como integrante de IMPSA, en la que viajó por todo el mundo y negoció contratos millonarios.

Actualmente, el mendocino, que emigró a fines de los '80 de la provincia para instalarse definitivamente en Buenos Aires, cuenta que su trabajo en el comité Ejecutivo de la Fundación IDEA le ha dado la posibilidad de realizar valiosos aportes para generar cambios sociales.

Hoy asegura que su única meta es seguir aprendiendo. Es un apasionado de la tecnología y sus infinitas posibilidades. De todas estas facetas de su vida, Ferrer dialogó con Diario UNO.

–¿Cómo fue que pasó de ser parte de IMPSA a integrar la mesa chica de la fundación IDEA?
–Yo te empezaría a contar desde más atrás. He tenido una carrera exitosa, pero no sería nada sin mis orígenes. Mis padres fueron inmigrantes españoles, llegaron a Mendoza en 1936. Venían de la Guerra Civil. Fueron humildes, pero apostaron por nuestra educación –la mía y la de mis hermanos–; yo fui a una escuela pública a la primaria, a la Mariano Moreno. Después estudié en el Liceo Militar General Espejo la secundaria, porque obtuve media beca.

–¿Cómo empezó su carrera como ingeniero?
–Antes de concluir el Secundario me fui de intercambio a Estados Unidos, becado por la American Field Service (AFS). Después volví y terminé con la otra promoción. Egresé en el '62, y después me fui a estudiar ingeniería electromecánica a San Juan.

–Cuando se recibió, ¿volvió a Mendoza?
–En realidad, me fui a Venezuela, porque mi primer trabajo como ingeniero lo hice allá, en el lago Maracaibo.

–¿Qué hizo cuando regresó al país?
–Volví a Mendoza, me casé con la que ahora es mi esposa, Silvia Suárez, y nos fuimos a vivir a Catriel, en Neuquén, en el medio de la nada. Vivíamos en un tráiler. Mi esposa es maestra jardinera y daba clases en la escuela del lugar. Así vivimos un año, hasta que nació nuestro primer hijo y decidimos volvernos a Mendoza.

–¿Cómo fue su ingreso a IMPSA?
–Cuando volvimos, me enteré de que una compañía muy importante buscaba un ingeniero que hablara inglés y me presenté. Me entrevistó el mismo Enrique Pescarmona. Fue en 1972, y desde ese día comencé a trabajar en la empresa, en donde éramos apenas tres ingenieros y me tocó vivir todo el crecimiento y el auge que se dio por esos días.

–¿Cuál era su tarea en ese momento?
–Comencé a viajar por todo el mundo para negociar contratos. A fines de los '70 la empresa me envió a Hardvard a realizar una especialización en negocios (Program for the management development) y luego asumí la gerencia de la compañía. Era una época en la que la empresa fabricaba equipamientos para centrales hidroeléctricas, turbinas y generadores. Artefactos del tamaño de un reloj de 10 metros de diámetro y 100 toneladas de peso. IMPSA poseía un laboratorio modelo de hidráulica.

–¿Cómo fue el desarrollo de la compañía en esa época?
–Entre los '70 y los '90 fue imparable. Se creó una planta que fue una de las más modernas del mundo. En 1985, cuando nadie hablaba de China, recorrí durante 45 días el interior de ese país relevando mercados potenciales para la empresa. De ese viaje se abrieron posibilidades en Hong Kong, Filipinas, Singapur y todo el Sudeste asiático. Se requería una gran reputación para que los clientes creyeran en una empresa extranjera que iba a fabricar estas maquinarias tan complejas, y a largo plazo. IMPSA tenía esa reputación. Por eso es tan importante que el mercado local les dé posibilidades a sus propias industrias.

–Pero en ese momento sobraba oferta a nivel internacional...
–Fue la época en la que IMPSA ingresó en el campo nuclear. Hicimos grandes contratos con Alemania. Enviamos personal a perfeccionarse allá y los alemanes se quedaron sorprendidos de la capacidad de trabajo de nuestra gente.

–¿Qué le dejó esa etapa?
–Un gran aprendizaje como negociador, realicé acuerdos con Israel, Alemania, Estados Unidos, Japón y la entonces Unión Soviética. Esto me sirvió durante el resto de mi vida.

–¿Hasta cuándo formó parte de IMPSA?
–En 1988 la empresa compró Austral Líneas Áreas y me ofrecieron hacerme cargo de esto, acepté y me preparé. Necesitaba saber detalles del manejo de las líneas aéreas y a través de un amigo que hice en Hardvard me contacté con Bob Crandall, líder de American Airlines. Con él aprendí mucho porque fue un gran transformador del negocio aerocomercial. Me fui a vivir definitivamente a Buenos Aires, con mi familia. Mis tres hijos (Ernesto, María Eugenia y María Marta) eran adolescentes. Y ya comenzamos una vida allá. Formé parte de IMPSA hasta que el 1992 me ofrecieron hacerme cargo del grupo Telefé.

–Pasó por un cambio radical: de las líneas aéreas al mundo de los medios, y a gran escala...
–Es así, pero yo creo que cuando uno tiene capacidad de liderazgo puede hacer frente a cualquier desafío. Me considero un apasionado de las cosas que hago, de mis emprendimientos. Y formo buenos equipos de trabajo .

–¿Cómo lo hace?
–Considero que la gente que forma parte de una empresa tiene que ir contenta a trabajar y eso es lo que trato de transmitir. Yo me enamoro de mi actividad y esto se contagia.

–No todos lo entienden así...
–Es necesario que haya un enamoramiento de la actividad. Los líderes de negocios van aprendiendo que el tiempo que una persona le dedica a la empresa de la que forma parte hace que se pueda aprovechar la oportunidad que esconde cada pequeño proyecto. Tanto la persona que hace el café como los gerentes. Porque siempre se puede hacer mejor la tarea que le toca a cada uno.

–¿Y qué considera indispensable para que esto ocurra?
–La capacitación es indispensable para formar mejores empleados y mejores personas y el entusiasmo personal, que se logra con el buen clima del lugar de trabajo.

–Volviendo a Telefé, ¿cómo fue esa experiencia?
–Me tocó una etapa en donde Telefé era líder de rating. Yo negociaba los grandes contratos, como los de Marcelo Tinelli y Susana Giménez. A eso me dedicaba. Conocí además a la persona que para mi más sabe del negocio televisivo: Gustavo Yankelevich. Lo considero el mejor estratega. Estuve en Telefé hasta 1996, que fue cuando cambió de dueños y decidí irme y comenzar con otros emprendimientos.

–¿A qué se dedicó allí?
–Me llamó Santiago Soldati para asistir en la privatización de aguas, cuando se creó AYSA (Agua y Saneamiento Argentino) me ocupé de esa venta. Y después de esto, me retiré a otros emprendimientos.

–¿Estuvo en la función pública alguna vez?
–Fui parte del equipo de Eduardo Braun Cantilo, cuando fue secretario de Industria del gobierno de Eduardo Duhalde. Yo negociaba los contratos bilaterales de la industria con Brasil, Chile, México. Fue mi única incursión en la gestión pública y me retiré definitivamente.

–¿Cómo es que llegó a integrar IDEA?
–En el 2004 me contactó un grupo de empresarios, entre los que figura Eduardo Vázquez, para hacerme cargo de la fundación IDEA, dedicada a la formación de emprendedores y líderes. En ese momento, Enrique Pescarmona era el presidente de la institución. Actualmente soy el director ejecutivo –debajo de mí están las demás gerencias- y formo parte del directorio, que integran 36 empresarios.

–¿Cuál es la finalidad de IDEA?
–La formación de líderes empresariales, surgió como una escuela de negocios, fue la primera institución en la que se podía realizar un master en Dirección de Empresas, en Argentina. IDEA defiende valores éticos en el mundo empresario y valores republicanos en el mundo social. Se la conoce mucho por el coloquio, que se realiza una vez por año en Mar del Plata y de la que participan más de 1.000 personas interesadas en el mundo empresarial. Pero IDEA tiene diferentes áreas, como IDEA Joven, para nuevos emprendedores, Club Pyme, integrada por empresas pequeñas, Intercambio, y Foro (donde se prepara el coloquio).

–¿Qué es y qué finalidad persigue el coloquio?
–Es una convocatoria a líderes y miembros de diferentes áreas sociales, para tratar temas que hemos ido viendo durante el año, y tenemos una serie de expositores, que disertan sobre estos tópicos. Los temas exceden lo exclusivamente empresarial, y se dirigen a otras áreas, como el financiamiento y la elaboración de políticas públicas, corrupción, el narcotráfico, la salud, y por supuesto, y prioritariamente, la educación.

–¿Cuál diría usted que es el espíritu de la institución?
–Lo que queremos transmitir es que ser empresario es una actitud mental y no una cuestión de tamaño de una compañía ni de dinero. Es pensar como empresario, tomar riesgos para crecer, generar empleo. Para esto el empresario tiene que asumir su rol de liderazgo.

–A su criterio, ¿qué característica debe tener un empresario para ser exitoso?
-No hay una fórmula, pero creo que quien se dedique a esto y quiere progresar, tiene que entender que en el mundo, lo único constante es el cambio, no nos podemos oponer a él, simplemente podemos buscar la mejor forma de subirnos a ese tren. Las personas flexibles, que se adaptan bien, son las que tienen posibilidades de encontrar soluciones para cualquier eventualidad. Esto es un signo de vitalidad dentro del mundo de los negocios.
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