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miércoles 08 de noviembre de 2017

El litio del Noroeste argentino es la "nueva Vaca Muerta" de la economía

Algunos expertos lo califican como el próximo Vaca Muerta y hablan de hasta 9 billones de dólares, que servirían para torcer el rumbo económico de esa región del país.

¿El próximo Vaca Muerta? Un negocio de U$S9 billones se esconde en el NOA (Noroeste Argentino). El país tiene una de las reservas más importantes del mundo del mineral más codiciado por la industria tecnológica. Iniciativas públicas y privadas quieren agregarle valor para no quedarse solamente en la extracción. La cifra se desprende de multiplicar las reservas de litio en toneladas (en el país) por el precio actual de la tonelada del material ya enriquecido.

La sigla "Li" es el símbolo del primer elemento metálico que aparece en la tabla periódica y se lo caracteriza como el más liviano de los sólidos. En su forma pura es blando y su color oscila entre plateado y blanco.

Pero el litio representa mucho más que su aburrida definición de manual de química de colegio secundario: hoy su extracción y aprovechamiento es una promesa tecnológica que puede llegar a torcer el destino económico del NOA y convertir a la Argentina en uno de los mayores proveedores globales de una materia prima que está experimentando una demanda explosiva.

Además, a diferencia de lo que ocurre con otros minerales, como el oro y la plata, el litio ofrece la posibilidad de industrializarlo, al menos parcialmente, en forma local, de manera de sumarle valor y multiplicar las posibles exportaciones por cientos de millones de dólares.

¿Por qué extraer y procesar este metal podría convertirse —en los próximos años— en un paradigma económico que iguale, o supere, a lo que hoy es la soja? "Porque el litio tiene un alto potencial electropositivo, lo que le permite ser utilizado en la elaboración de baterías para generar una enorme densidad de energía y potencia por unidad de masa", define Ernesto Calvo, profesor de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA e investigador del Conicet.

"De hecho, las primeras pilas de litio que presentó la compañía Sony en 1991, son las que permitieron la actual revolución de la electrónica portátil donde el litio cumple un papel clave para el funcionamiento de las baterías que posibilitan el funcionamiento de teléfonos celulares, cámaras digitales, tablets y notebooks, entre muchos otros dispositivos", resume quien para muchos es el mayor especialista en la materia en todo el mundo.

Lo cierto es que la demanda global de litio está explotando. Y la razón central es que así como hoy el "ícono" social por excelencia es el iPhone, en un par de décadas lo será Tesla, símbolo del auto eléctrico. Automotrices tradicionales como Volvo se comprometieron públicamente a que, desde 2019, sólo fabricarán autos eléctricos o híbridos y abandonarán los motores de combustión a nafta.

China, por su parte, anunció en forma oficial que, desde 2025, al menos uno de cada cinco de los autos salidos de sus fábricas funcionarán en base a electricidad. Francia e Inglaterra esperan, para el año 2040, que todo su parque automotor sea de este tipo", resalta el científico. "Es un cambio radical y eso ya está generando un enorme aumento de la demanda del litio".

"Aparte de los dispositivos, también se necesita litio para fabricar baterías que puedan ser usadas para almacenar energía proveniente de fuentes renovables, como solar o eólica", explica Calvo. Hay baterías de titanato de litio y óxido de litio y manganeso que demostraron una vida útil de entre 20 y 30 años, que es lo mismo que ya ofrece un panel solar. "Podríamos pensar en armar kits para dotar de energía a poblaciones y establecimientos de zonas rurales, aislados de las redes eléctricas. Hay informes de consultoras internacionales que demuestran que la electrificación rural es un mercado muy grande ya que, sólo en América latina, hay 30 millones de personas alejadas de las redes eléctricas".

También se usa litio en la industria farmacéutica. Y un kilo de este mineral, que vale US$9, puede transformarse en un kilo de fármacos —usados para el tratamiento de trastornos como la bipolaridad— que se vende a U$S900. No es la única opción: también se utiliza litio en aleaciones para la industria aeronáutica y un jet de Airbus puede tener en su estructura hasta 400 kilos.

Esta tendencia creciente explica porqué, en 2016, se cruzó un umbral simbólico en este mercado: la demanda global —por primera vez — superó a la oferta y eso causó que el precio del kilo de litio se disparara de los tradicionales U$S6 a más de U$S16 por cada 1.000 gramos.

Demanda en ascenso
Argentina ocupa, por su geología, un lugar privilegiado para poder pisar fuerte en este nuevo negocio del litio: "Se calcula que el 65 por ciento de las reservas mundiales se ubican en el triángulo geográfico que abarca los salares del norte de Argentina, Chile y del sur de Bolivia", detalla Marcelo Álvarez, gerente general de la Cámara de Empresas Mineras de la Argentina (CAEM). Y agrega: "Si nuestra industria hace bien las cosas en los próximos años, podemos posicionarnos como un jugador mundial y proveer a un mercado de enorme crecimiento".

Esta aspiración está en consonancia con un completo informe publicado a mediados de este año por los responsables de la Secretaría de Minería del Ministerio de Energía. Según este paper, "durante 2016, la Argentina contribuyó con el 16 por ciento de la producción global, sólo superada por las minas de Australia (40 por ciento) y de Chile (33 por ciento)".

Para los autores del estudio oficial, las provincias que tienen las mayores reservas en formato de salares son tres: Jujuy, Salta y Catamarca, y los depósitos ya relevados localmente indican que hay disponibilidad para 133 años de explotación, de acuerdo con el consumo global que tendrá este elemento desde el 2025.

En otro estudio se detalla que "el mercado internacional del litio se encuentra en un ciclo ascendente, cuyo ritmo se ha acelerado en los últimos años, especialmente debido a la demanda de baterías para distintas aplicaciones de la industria automotriz. Por otra parte, el costo de la tonelada de carbonato de litio registró un fuerte incremento –del 48%– en apenas dos años, cuando pasó de un promedio de U$S5.050 en 2014 hasta los U$S7.475 en 2016, alcanzando picos que superaron los U$S9.000".

También aumentó la demanda de litio metálico que en 2016, culminó con un mercado de 37.800 toneladas, 13,5 por ciento más que en 2015.

Tercer productor a escala mundial de este mineral
La minería del litio aspira a despegarse de sus "hermanas" y convertirse en un caso testigo de trabajo conjunto, capaz de generar valor tanto para las empresas como para la gente que habita la región.

Según la economista Verónica Cesa, consultora y miembro de la gerencia de Desarrollo del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), el rol de la Argentina como oferente de esta materia prima será cada vez más importante. "Hoy ya somos el tercer productor de litio a escala mundial y nuestra participación en el mercado ronda el 16%".

Fuente: El Cronista.
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