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Este año ha resultado parecido al 2006 en cuanto a la cantidad de kilos recolectados. El 98% se coloca en el exterior. Estiman que se podrá vender 20% más cara que en 2012.

Ciruela para secar

Por UNO

Por Darío De Lauronye@diariouno.net.ar

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Las perspectivas para este año en la comercialización de ciruela desecada han mejorado respecto de las temporadas anteriores.

Una cosecha local con buenos volúmenes y un precio internacional tonificado –gracias a la caída en las cosechas de otros países– han mejorado las perspectivas del sector para este año.

No obstante la mejora circunstancial que se presenta en esta temporada, la crisis que afecta a las distintas producciones de la agricultura mendocina, no resulta ajena a esta producción frutícola.

Si bien en el último año se ha percibido una leve mejora, este sector está lejos de alcanzar las épocas de bonanza como en el período 2003-2006.

A las magras cosechas de los últimos años se suma el considerable aumento de los costos de mano de obra, insumos e impuestos frente a lo que el sector considera un importante retraso cambiario que afecta sensiblemente la rentabilidad.

Teniendo en cuenta que los volúmenes más importantes de ciruela se comercializan desecadas y en el exterior, los protagonistas que intervienen en las distintas etapas, encuentran en la integración la forma de satisfacer la demanda y disminuir costos evitando sucumbir ante tan larga crisis.

Con esta consigna, Carlos Herrada integrante de una empresa familiar de cultivo y desecado de ciruelas conformó junto a nueve productores con estructuras similares una empresa denominada Frutos de Mendoza. Esta asociación se encarga de la cosecha y desecado de la fruta para luego dejar en manos de una industrializadora el descarozado, empaque y comercialización del producto, constituyendo de esta manera un nuevo modelo de integración. De esta manera se pudo aprovechar las circunstancias momentáneamente favorables que se presentan en el mercado internacional ya que Chile, el principal competidor de Argentina, dejó de comercializar ciruelas al exterior. Sucede que el país trasandino tuvo una importante merma en su cosecha lo que llevó a que adoptara la estrategia de venderle a un grupo muy reducido de sus habituales clientes.

Refiriéndose al modelo conformado con otros productores y con Argensun, la empresa agroexportadora, Herrada señaló que “nosotros llevamos la ciruela seca y ellos se encargan del proceso de tiernizado, descarozado, empaque y venta y luego compartimos un porcentaje de las ganancias. La situación chilena nos da una luz de esperanza ya que no nos va a quedar stock y tampoco hay del año pasado, además de dejarnos bien posicionados para la próxima cosecha con una suba en los precios, esperamos que no sea fácil bajarlos. El déficit de Chile nos sirvió para subir los precios que estaban en U$S21 o 22 FOB la caja en Buenos Aires a U$S24 o 26. Eso significa 20% de aumento. Frente a la fuerte suba de los costos internos, mano de obra, empaque y logística este incremento nos ayuda a que la situación no sea peor porque mejorando el precio de exportación le permite al productor mantenerse. El panorama no es brillante pero estamos sobreviviendo. Si hubo buena cosecha y los precios ayudan a que al menos no haya pérdida nos tenemos que conformar con subsistir. Estamos en un año parecido al 2006 que fue record en Argentina en cosecha de ciruelas y en precios. Después de eso vino la debacle donde quebraron la mayoría de las empresas y empezó a tener problemas el sector. Haciendo una comparación desde los números que maneja productor una camioneta Toyota Hilux en el 2006 equivalía a 10.000kg de ciruela seca y hoy equivale a 50.000kg. En el 2006 ese vehículo costaba aproximadamente $60.000 y el kilo de ciruela seca al productor se lo pagaban cerca de $6. En la actualidad la camioneta vale $300.000 y podríamos decir que la ciruela tiene un precio similar a aquel momento, sólo $6 pesos. Lo que perdimos por la inflación es del 500% aproximadamente. Hoy estamos mejor que el año pasado cuando vendimos el kilo a $4,20 pero no llegamos a la buena situación del 2006 que fue el año de gran crisis de producción de Estados Unidos”.

Tal como ocurre con otros actores de la actividad económica el productor coincidió en afirmar que “en exportaciones el aumento de costos es bastante considerable. Con un consumo interno de apenas 2% de la producción total es fundamental eficientizar el proceso de exportación desde la etapa primaria. Integrados aportamos 500 toneladas de ciruelas en seco y la capacidad de la empresa es cerca de 1.200 toneladas. Estamos sobreviviendo porque transformamos de fresco a seco y ahora estamos compartiendo con la industria. Nos ayuda el aporte de valor agregado y la integración. Nos necesitamos mutuamente la empresa tiene un capital en tecnología y nosotros las ciruelas, de esta manera mantenemos activo semejante capital”.

Carlos Herrada concluyó asegurando que “hubo una herramienta que ayudó pero a la que muy pocos pudieron acceder que fue el fideicomiso que hizo la provincia de Mendoza, nosotros participamos como secadero para 22 productores que no tenían horno lo que mejoraba la expectativa en cuanto a los precios”.

El productor detalló: “En el 2006 una hectárea productiva daba aproximadamente entre 5.000 y 8.000kg de ciruela seca y en los últimos años los rendimientos no han superado los 4.000kg. Hemos tenido mermas por los accidentes climáticos. Aquel que no pudo acceder a la tela o a otra tecnología ha ido perdiendo. Hoy está un poco mejor para los que han sobrevivido pero para la gran mayoría la situación está peor.

Otro aspecto a considerar son los costos de cosecha que se llevan el 50% del valor del producto.

“Sin duda –señala Herrada– hay que tecnificar y esto significa una inversión importante. Los cosechadores que venían de Bolivia y otros países del norte podían comprar dólares y enviar a sus familias ahora no pueden hacerlo y nuestra plata allá no les sirve. Ni siquiera pueden venir y la mano de obra local es muy reducida. La gente no está disponible para solo un mes de trabajo, tienen que procurar continuidad en otras labores a pesar de que se paga muy vienen esta. Además, no hay recambio en la actividad agrícola. En General Alvear, por ejemplo, se ha ido el 80% de los productores y están contentos de haberse ido. La municipalidad hizo un relevamiento que indica que se perdió el 70% de la zona productiva del departamento. La que queda es toda gente mayor que vive de su jubilación y de lo que puede hacer con la tierra y no puede reconvertir, por la edad y por la inversión que se necesita”.

“La inflación nos está matando y nos falta mucha mano de obra”No sólo la producción sufre complicaciones, también la industrialización de la ciruela atraviesa dificultades.

Marcelo Romero, gerente de Argensun, aseguró que “en nuestra actividad hay una falta importante de mano de obra, costos muy elevados y un agobio por el tipo de cambio que nos va asfixiando lentamente y termina afectando también al productor. La suba de precios internacionales en la ciruela no alcanza a absorber los costos industriales y en mano de obra que tenemos en la Argentina.La inflación nos está matando. Sería un gran alivio si el tipo de cambio se liberara. Esto pasa también en la pampa húmeda pero más en las economías regionales porque la mano de obra es intensiva y su incidencia es mayor. Entre el que produce la materia prima y el exportador esta la mano de obra que al ser escasa, se da el lujo de elegir y en este contexto se convierte en el ganador. Hoy el incremento en esta materia es en dólares y el exportador no lo puede absorber por más que suban el precio y el productor tampoco porque su margen es ínfimo. Con estos precios creo que en el corto plazo no habrá mucha gente con intención de producir. Hoy los operarios son calificados y con una fuerte incidencia sobre el costo de la mercadería que ronda el 40% de todo el proceso industrial de una caja de ciruelas a pesar la mecanización. Antes de esta crisis la mayor incidencia en el precio era de la materia prima, algo que se puede financiar mientras que no ocurre lo mismo con la mano de obra, luz y gas”.

Centrando aún más la atención en la problemática de la adquisición e industrialización del producto Romero señaló que “la cosecha no ha sido extraordinaria pero hay 35.000 o 40.000 toneladas secas. Habrá que ver ahora quién los va a exportar porque estos años de malos precios han ido llevando a que cada vez haya menos exportadores. En la actualidad el sector tiene más capacidad instalada pero las empresas no están activas porque han perdido rentabilidad y están desfinanciadas. Yo creo que también hay un problema que es común a las economías regionales que es que para comprar materia prima hay que autofinanciarse ya que no existen créditos blandos. Este año ha sido bastante difícil la compra. Por primera vez los industriales de ciruelas pagamos en cuatro pagos mientras que siempre se pagó contado, 30 y 60 días. De otra manera es imposible absorber todo el volumen de producción porque, como dije, también hay menos empresas que compren. Otra de las alternativas es tener un grupo de productores integrados para desecar simplificándonos los pasos de adquisición del producto. Antes habían sectores informales que hoy al no poder estar bancarizados y registrados no pueden aportar producción. Hoy los acopiadores e intermediarios están desfinanciados lo que hace que una buena parte de la producción se pierda. Nosotros compramos en fresco en los cuatro oasis productivos de Mendoza, muy poco de San Juan y algo de Río Negro”.

Optimismo por el precioOmar Dottori, presidente del Comité de Exportadores de Ciruela de Mendoza (CECIM), señaló que “en la actualidad hay bastante demanda y los precios se han tonificado en el exterior. Los destinos principales son Rusia, luego Brasil y en menor medida de Europa. El precio por caja ha mejorado entre 15% y 20%.

Pasó de U$S22 o 23 a U$S27 la caja. Es una mejora circunstancial a causa de la falta de fruta en Chile y EE.UU. Si bien al no tener otros proveedores mejoró un poco el precio en el mercado exterior esto no es suficiente, lo ideal para que la mejora sea sustentable sería tener un dólar $6,30 o $6,40 mínimo. Venimos hace cuatro años con una inflación del 25% y el dólar se mueve 7 u 8%. El último año ha tomado un poco más de velocidad pero no es suficiente porque está muy atrasado. El precio afuera no se puede subir hay que regirse por precios internacionales y adecuarse a eso, lo que complica mucho la situación local”, analizó el industrial.