Diario Uno deportes

Alrededor de 1.500 simpatizantes de Independiente Rivadavia alentaron al equipo desde fuera del estadio, detrás de la popular Norte. Explotaron con el gol de Longo y al final festejaron la victoria leprosa. Fotos.
 

Una fiesta en las afueras del Gargantini

Por UNO

Franco Sánchezsanchez.franco@diariouno.net.ar

“Preso de tu ilusión, vas a bailar, a bailar, bailar…”,  decían Los Redonditos de Ricota en una de sus más  significativas canciones.

Y así estaban ayer los hinchas de Independiente Rivadavia, que terminaron  festejando a todo grito detrás del arco norte del Bautista  Gargantini, donde la policía los había apostado para evitar incidentes.

En un principio y cuando se confirmó que el partido ante Atlético  Tucumán sería a puertas cerradas, los hinchas de autoconvocaron en calles Arístides Villanueva y Belgrano,  para partir desde allí hasta el estadio azul.

Pero en la intersección de Arístides y Huarpes, un fuerte cordón policial los esperaba. Vallas, efectivos  motorizados, cuerpo de canes y más de siete móviles policiales, además de todos los  uniformados que custodiaban la zona. Nada de eso pudo más que el sentimiento de los más de 1.500 hinchas que se hicieron  presentes y fueron a alentar a sus jugadores, sin provocar incidente

alguno.

Gracias a eso y tras una decisión acertada tomada en conjunto entre  el jefe de la Policía de Mendoza, Ángel Fozzati; el ministro de Seguridad,  Carlos Aranda, y la fiscal de Instrucción Daniela Chaler, los simpatizantes fueron desalojados de  calle Arístides y encapsulados hasta  el parque General San Martín, donde fueron ubicados detrás del arco norte del Bautista Gargantini. Allí comenzó la verdadera fiesta.

El partido ya llevaba unos veinte  minutos de juego y los hinchas comenzaron a cantar cada vez más fuerte, para hacer sentir su apoyo a los dirigidos por Claudio Del Bosco.

El gol de Sebastián Longo fue escuchado como un grito de libertad  de todos esos hinchas que de alguna manera se sintieron presos de un sentimiento, al no poder estar dentro del recinto azul.

Bombas de estruendo y un interminable  abrazo fue el condimento especial para ese único tanto del partido, que de hecho fue el que le dio la victoria a Independiente.

Los minutos pasaban, pero los cantos seguían y aumentaban. El  aliento no amenguó ni siquiera en el tiempo de descuento, cuando todos estaban atados a sus nervios esperando el pitazo final.

Cuando llegó ese momento, una  parte del Parque explotó de alegría y por un momento se olvidaron los incidentes.

Tanto la policía como todos los representantes de la seguridad pública  que estuvieron presentes se mostraron muy contentos y más  que sorprendidos debido a que no hubo problemas ni heridos que lamentar.

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