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Se pone Colorado de la emoción

El Co­lo­ra­do Hal­pern ya en­tró en la his­to­ria de los gran­des de­por­tis­tas men­do­ci­nos.

Con sa­cri­fi­cio y cons­tan­cia, pasó varias ho­ras so­bre las cua­tro rue­das de su Ya­ma­ha

Rap­tor 700 y tuvo un pre­mio más que me­re­ci­do. No alcanzó el po­dio, pero ha­ber lle­ga­do

en­tre los seis me­jo­res de la ge­ne­ral entre los cuatriciclos en el Da­kar Ar­gen­ti­na-Chi­le

2010 es una hazaña sin precedentes en nuestra provincia.

Ade­más del meritorio sex­to pues­to ob­te­ni­do, se su­ma­n el hecho de haber ganado dos

eta­pas (es el primer mendocino en lograr eso en esta competencia) y una enor­me can­ti­dad de

re­cuer­dos im­bo­rra­bles que vi­vi­rán por siem­pre en la memoria del pi­lo­to men­do­ci­no.

En su vuel­ta a Men­do­za, Halpern fue re­ci­bi­do en el ae­ro­puer­to El Plumerillo por

ami­gos y alle­ga­dos, que lo es­col­ta­ron en una nu­tri­da ca­ra­va­na. Lue­go fue has­ta

Pa­ne­lla Mo­tos pa­ra sa­lu­dar a la gen­te del lo­cal y brin­dar una con­fe­ren­cia de pren­sa. Y

di­jo: "Creo que al ha­ber ga­na­do esas dos eta­pas de­mos­tré que los men­do­ci­nos es­ta­mos

pa­ra pe­lear la pun­ta en es­te ti­po de ca­rre­ras". Agre­gó: "Qui­zás nos fal­ta un po­co más de

ex­pe­rien­cia. Es­to me da fuer­zas pa­ra co­rrer du­ran­te to­do es­te año y pre­pa­rar­me pa­ra

el Da­kar 2011".

–Si el Da­kar vuel­ve a Áfri­ca, ¿vas?

–Si se que­da acá, ahí es­ta­re­mos, y si se ha­ce allá, la idea es po­der ir.

Ne­ce­si­ta­mos el apo­yo de las em­pre­sas pa­ra po­der lle­gar. Quie­ro ha­cer to­do pa­ra es­tar

allá.

–En un par de eta­pas que­rías lar­gar to­do y vol­ver­te a Men­do­za... ¿Es así?

–Hu­bo eta­pas de mu­cho ca­lor y que se hi­cie­ron muy lar­gas. En ese mo­men­to da­ban

ga­nas de vol­ver­se y aga­rrar las co­sas pa­ra ir­se a la pla­ya.

–¿Tu­vis­te pro­ble­mas fí­si­cos?

–An­du­ve muy bien. La ver­dad es que Fe­de­ri­co Fa­der hi­zo un tra­ba­jo ex­ce­len­te. Con

eso me que­dé sor­pren­di­do, por­que prác­ti­ca­men­te no tu­ve do­lo­res. Pe­ro des­pués del

oc­ta­vo día me em­pe­za­ron a do­ler mu­cho las ma­nos. De to­dos mo­dos, lo to­mé co­mo un

apren­di­za­je pa­ra en­tre­nar­me un po­co más es­te año.

–En el vi­vac pu­dis­te com­par­tir mo­men­tos con gente co­mo Sainz, Al- At­ti­yah y los

Pa­tro­ne­lli, en­tre otros. ¿Qué te ge­ne­ró eso in­ter­na­men­te?

–Ha­ber te­ni­do a Car­los Sainz y a Al-At­ti­yah en nues­tra car­pa la ver­dad que fue un

or­gu­llo muy gran­de. Orly (Te­rra­no­va) iba to­dos los días a ha­cer­se ma­sa­jes a la car­pa y

con él tam­bién com­par­ti­mos mu­chas co­sas. Me en­se­ñó bas­tan­te en es­te Da­kar. Te­ner a

gran­des pi­lo­tos al la­do es una sa­tis­fac­ción muy gran­de.

–En Chi­le se te rom­pió el com­pre­sor pa­ra el in­fla­dor y pa­só al­go cu­rio­so. ¿Podés

con­tar esa anéc­do­ta?

–Pin­ché una go­ma, en­chu­fé el com­pre­sor y a los dos mi­nu­tos de­jó de an­dar.

En­ton­ces co­men­cé a pe­dir uno y apa­re­ció un fla­co del pú­bli­co que me dio uno. Le di­je: "

Che, ¿me lo ven­dés?", y me lo ven­dió nomás. Ade­más le de­jé el vie­jo, que ya no ser­vía. Lo

bue­no fue que me fui con el com­pre­sor.

–¿Có­mo fue el re­ci­bi­mien­to?

–Es­ta­ban mis ami­gos, mis em­plea­dos y la gen­te que me quie­re. Es­ta­ban to­dos en el

Ae­ro­puer­to. Me pu­so muy con­ten­to po­der ver­los, por­que ha­cía 20 días que só­lo es­ta­ba en

el vi­vac con­vi­vien­do con mi equi­po y los de­más pi­lo­tos.