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Macho argentino

Por Lucio Ortizortiz.lucio@diariouno.net.ar

La voz del hombre que ganaba sus batallas arriba de un ring resonó fuerte y seca. “Tiren si son machos, pero tiren, si no, los mato a trompadas”.

Era el campeón mundial reinante de los medianos, el único, en tiempos en los que sólo habían dos organismos que regían el boxeo y en ambos Carlos Monzón sacaba pecho.

Como lo hizo frente a unos provocadores (¿quién sabe la procedencia?), que estaban armados.

Todo sucedió la noche del 18 de marzo de 1983, tras la dura derrota de Nicolino Locche, que había tratado de recuperar su corona de los welter juniors.

El colombiano Antonio Cervantes, apodado Kid Pambelé, hacía su segunda defensa del título y había vencido por abandono en el 9º round en la plaza de toros Maestranza César Giron, en Maracay.

El mendocino había recibido la mayor golpiza de su vida y antes de que tiraran la toalla desde su rincón tenía la pelea perdida largamente por puntos. Cuando su técnico Osvaldo Cavillón decidió terminar el combate, Nicolino se disponía a salir al 10º round pero el promotor Tito Lectoure (dueño en ese momento del estadio Luna Park) lo tomó de la espalda mientras Locche trataba de zafarse.

Un corte en el pómulo izquierdo debió ser suturado con 6 puntos en un hospital mientras la tristeza de la delegación argentina no se podía contener. Locche había perdido el título mundial el año anterior, el 3/10/1972, por puntos en Panamá ante el local Alfonso Frazer. Después realizó cuatro combates más para tratar de que le dieran otra oportunidad de recuperar el cinturón de campeón.

En tanto, Frazer, sin exponer la corona, ganó tres peleas (dos de ellas a los mendocinos Carlos Aro y Juan Domingo Corradi). Pero en su primera defensa perdió por nocaut en el 10º frente a Cervantes.

Kid Pambelé, en devolución de gentilezas, le dio la oportunidad a Nicolino, que defendió con éxito su título contra él en el Luna Park en 1971.

Para esta pelea en Maracay, el mendocino redobló su preparación, ya sin don Paco Bermúdez y bajo la tutela de Cavillón. Había viajado como sparring Carlos María Giménez, que meses después tendría la ocasión de pelear por el título del mundo con Cervantes y correría la misma suerte de Locche (nocaut 5º).

La delegación viajó primero a Caracas, en donde tuvo unos días de entrenamiento antes de ir hasta Maracay a 109 kilómetros. Además del sparring y el DT, iban con ellos Lectoure y el doctor Paladino.

La sorpresa para los venezolanos se produjo cuando el mismísimo Carlos Monzón llegaba cinco días antes de la pelea para acompañar a su amigo Nicolino. El santafesino estaba en su apogeo y con 31 años venía de realizar 4 defensas de su título mediano.

Había vencido en cadena a Denny Moyer en Roma, a Jean Claude Bouttier en París, a

Ton Bogs y a Bennie Briscoe en el Luna.

Fue un gran apoyo para toda la delegación que un campeón considerado de los mejores de todas las épocas de su categoría estuviera en el gimnasio y además en el rincón de

Nicolino el día de la pelea.

Pero tras la amargura después de haber cenado se produjo el hecho que elevaría la condición de Monzón a la de un auténtico valiente.

Se disponían a entrar al hotel y desde un auto en el que iban 4 hombres uno le gritó: “Monzón, te apuesto mil dólares a que tú no puedes ganarle a Mantequilla Nápoles”.

Y Monzón respondió: “Yo no hago apuestas, yo peleo”.

Le dijeron entonces: “Qué vas a ser boxeador, tú eres un cobarde”.

No se hizo esperar la respuesta: “Tómensela que no quiero líos”.

Los tipos se bajaron y comenzaron a insultar a todos los argentinos y se fueron atrás de Monzón, que al recibir las provocaciones corrió a uno y los otros tres fueron al auto y bajaron con tres revólveres y una ametralladora.

Entonces Carlos les gritó que tiraran y se sintió una descarga de ametralladora al aire, cuando Monzón se abalanzó sobre otro que tenía revólver y lo puso nocaut.

A otro que venía con otra pistola Monzón le hizo una toma y lo redujo. Y con el de la ametralladora de frente se tiró de la camisa y rompió los ojales para poner el pecho valiente y le gritó: “Tirame o te rompo a trompadas”.

Después, todos los argentinos se pusieron contra la pared y comenzaron a pelear a trompadas hasta que los agresores alcoholizados subieron al auto y se fueron.

Robinson, el periodista enviado de El Gráfico, contó que a Monzón le costó dormirse y le temblaban las manos. “Estoy frente al hombre más guapo que vi en mi vida”, dijo.

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En la concentración. Carlos María Giménez, Nicolino Locche y Carlos Monzón antes de la pelea.
En la concentración. Carlos María Giménez, Nicolino Locche y Carlos Monzón antes de la pelea.
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Foto: Télam
Foto: Télam
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Foto: Télam
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