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Defensor de la Lepra llora por Haití

El defensor de Independiente Rivadavia vive con profundo e impotente

dolor el terremoto que sufrió Haití. Foto: Juan Alfredo Ponce/UNO

Es di­fí­cil en­ten­der o en­con­trar una ex­pli­ca­ción cuan­do la na­tu­ra­le­za se re­ve­la

de es­ta ma­ne­ra an­te un pue­blo. Es que el te­rre­mo­to que su­frió Hai­tí el úl­ti­mo mar­tes

es el de ma­yor in­ten­si­dad en 200 años en ese país, ya son más de 50.000 los muer­tos, y las

ca­lles de las di­fe­ren­tes ciu­da­des de esa na­ción se ti­ñen de san­gre, de­so­la­ción y

de­ses­pe­ran­za.

Hai­tí es uno de los países más po­bres del mun­do y le cos­ta­rá mu­chí­si­mo po­der sa­lir

ade­lan­te, más allá de que hay da­ños que no se re­pa­ra­rán ja­más.

Quien lo su­fre en car­ne pro­pia, a pe­sar de es­tar a mi­les de ki­ló­me­tros, es Ju­de­lín

Aves­ka.

El de­fen­sor hai­tia­no que mi­li­ta en In­de­pen­dien­te Ri­va­da­via des­de ha­ce al­gu­nas

tem­po­ra­das tie­ne a sus fa­mi­lia­res, ami­gos y com­pa­ñe­ros de se­lec­ción en Hai­tí, y si

bien es un afor­tu­na­do de no ha­ber pre­sen­cia­do esa tra­ge­dia, su co­ra­zón y su

su­fri­mien­to es­tán muy cer­ca del do­lor de sus com­pa­trio­tas.

Aves­ka con­tó lo que es vi­vir es­ta pe­sa­di­lla des­de tan le­jos­ de su patria: "Me cos­tó

co­mu­ni­car­me, pe­ro en es­tas úl­ti­mas ho­ras pu­de ha­blar con mis her­ma­nos y me dije­­ron

que es­tán bien por suer­te", re­la­tó el mo­re­no, su­mi­do en una pro­fun­da tris­te­za y

mos­tran­do de­jos de una preo­cu­pa­ción ló­gi­ca.

La fa­mi­lia del ju­ga­dor no ha su­fri­do gran­des con­se­cuen­cias, ya que vi­ven al Nor­te

del país y en esa par­te el sis­mo no re­per­cu­tió de­ma­sia­do.

A pe­sar de la tran­qui­li­dad de que sus afec­tos se en­cuen­tran a sal­vo, el de­fen­sor no es

pa­ra na­da aje­no a lo que vi­ve su país­: "No ha­blé mu­cho, pe­ro la si­tua­ción es te­rri­ble.

Oja­lé Dios los ayu­de y las co­sas me­jo­ren".

Ju­de­lín por es­tas ho­ras con­ti­núa tra­ba­jan­do con In­de­pen­dien­te en la

pre­tem­po­ra­da, y no es­tá pla­ni­fi­ca­do que el ju­ga­dor via­je a su país, más allá de que el

cuer­po téc­ni­co y los di­ri­gen­tes le die­ron la li­ber­tad de ha­cer lo que él con­si­de­ra­ra

que era lo me­jor.

A pro­pó­si­to, In­de­pen­dien­te Ri­va­da­via le ofre­ció to­da la co­la­bo­ra­ción y se

mos­tró a la en­te­ra dis­po­si­ción de lo que el fut­bo­lis­ta o su fa­mi­lia pudiesen lle­gar a

ne­ce­si­tar.

Aves­ka se en­cuen­tra un po­co más tran­qui­lo des­de que pu­do en­te­rar­se de que su

fa­mi­lia es­tá a sal­vo, pero no ha re­ci­bi­do no­ti­cias de al­gu­nos de sus ami­gos­: "No he

po­di­do ha­blar con ellos. Es­pe­ro que es­tén bien, lo mis­mo que al­gu­nos com­pa­ñe­ros con los

que ju­gué allá al fút­bol. Es­pe­ro que se ha­yan sal­va­do", fi­na­li­zó.

En Haití. Las imágenes son desoladoras.