Deportes Jueves, 14 de junio de 2012

Argentina-Uruguay en los Juegos de 1928

El oro fue para los charrúas. En la final de fútbol de los Juegos Olímpicos de Amsterdam en 1928 los uruguayos vencían a Argentina en el partido de desempate y lograban su 2ª dorada. Nunca más obtendrían medallas.

Por Por Lucio A. Ortizlortiz@diariouno.net.ar

Una semana antes de los Juegos Olímpicos en Amsterdam el seleccionado argentino de fútbol jugó un partido amistoso en Barcelona ante el equipo local. La lluvia había dejado muy barroso el campo de juego y Argentina perdió 2 a 1.

El cantante de tangos Carlos Gardel recibió y acompañó a la delegación en todo momento. Después fue con el plantel hasta París y pensaba seguir a Holanda, pero le surgió un viaje imprevisto a Italia. En París, en una reunión con los jugadores en una habitación del hotel Moderne, Gardel cantó por primera vez el tango Dandy, una creación de Lucio Demare, Agustín Irusta y Roberto Fugazot.

El seleccionado nacional con todo lo que representaba esa motivación siguió a Amsterdam, en donde 16 seleccionados disputarían los Juegos Olímpicos.

En el primer partido, el 29 de mayo, goleó a Estados Unidos 11 a 2 con 4 goles de Domingo Tarasconi, 3 de Roberto Cherro, 2 de Manuel Ferreira y 2 de Raimundo Orsi ante 3.848 personas en el estadio Olímpico. El 2 de junio le tocó la eliminatoria frente a Bélgica, al que venció 6 a 3 con otros 4 goles de Tarasconi uno de Orsi y otro de Ferreira.

En semifinales goleó 6 a 0 a Egipto el 6 de junio y anotaron Tarasconi (3), Ferreira (2) y Cherro (Boca), que salió lesionado y se perdió la final. Fui ante casi 8 mil personas para llegar a la disputa por la medalla de oro.

Fue una final sudamericana porque Uruguay fue el otro finalista. La selección celeste había ganado el oro en los Juegos de París en 1924 y querían repetir.

Uruguay le había ganado 2 a 0 a Holanda, 4 a 1 a Alemania y 3 a 2 a Italia. El 10 de junio se enfrentaron ante 28.253 aficionados en Amsterdam. Padro Petrone anotó a los 23’ del primer tiempo para los uruguayos e igualó Ferreira a los 5’ del segundo.

En esos tiempos no había alargue ni penales y fue necesario otro partido. La definición fue el 13 de junio. José Lago, el DT argentino, mandó a la cancha a: Ángel Bossio (Talleres de Remedios de Escalada); Lucas Bidoglio (Boca), Fernando Paternoster (Racing), Segundo Médici (Boca), Luis Monti (San Lorenzo), Juan Evaristo (Boca), Alfredo Carricaberry (San Lorenzo), Domingo Tarasconi (Boca), Manuel Ferreira (Estudiantes), Feliciano Perduca (Témperley) y Raimundo Orsi (Indepediente de Avellaneda).

A los 17’ Roberto Figueroa marcó el 1 a 0 para Uruguay y a los 28’ empató Monti. En la segunda etapa, Héctor Scarone convirtió el 2 a 1, ante 28.113 espectadores en el estadio olímpico. Uruguay ganaba su segunda y última medalla de oro en los Juegos Olímpicos y los argentinos se colgaban las medallas de plata. Italia logró la medalla de bronce.

El plantel argentino emprendió el regreso y volvió a pasar por París. Allí los esperaba Carlos Gardel, que los invitó a compartir una noche en el cabaret El Garrón. Raimundo Mumo Orsi, que después sería campeón mundial jugando para Italia en 1934 y que se afincaría en Mendoza desde 1952, para ser un DT campeón con Deportivo Maipú, Independiente y San Martín, siempre recordaba esa situación y contaba que “Gardel también invitó a la delegación uruguaya e intuyó lo que pasaba. Después de las dos finales, no nos hablábamos con los jugadores orientales. Habíamos viajado de Amsterdam a París en el mismo tren pero en distintos vagones. En el cabaret, Gardel buscó la reconciliación preocupándose, personalmente, de sentamos intercalados. Justo a mi lado se sentó el Negro Andrade, a quien yo le había dado muy mal de atrás y ya en el suelo le pisé la mano. “Estoy rengo por culpa tuya”, me dijo y agregó: “Algún día me voy a vengar”. Yo me hice el sordo. Al ratito Gardel anunció: “Voy a cantarles a los campeones sudamericanos el tango La cieguita”. Dijo sudamericanos para involucrarnos a todos. Y en seguida, dirigiéndome una mirada, exclamó: “Mumo ¿por qué no sube y me acompaña con el violín? Sabía que lo hacía bastante bien, tanto que algunas noches llegué a tocar en la orquesta de Francisco Canaro”.

Después decía Orsi: “Arrancamos con La cieguita, cuando un tipo de la Sinfónica del Olimpia, que estaba allí, me prestó su Stradivarius. Cuando terminamos, después de los aplausos, empezaron a cruzarse miguitas, después panes, al rato volaban las botellas de vino. La confraternidad rioplatense se fue al diablo. En medio del desorden vi a un rengo que se me venía encima. No sé si era el Negro Andrade pero por las dudas le rompí el Stradivarius en la cabeza”.

La historia no aclara si Orsi, ayudado por Gardel, debió pagar el arreglo del violín y tampoco se sabe si el violín era realmente un Stradivarius (construido antes de 1737) y valuado en miles y hasta millones de dólares.

Lo más probable es que el instrumento no fuese de esa marca, pero lo cierto es que el violín se rompió en una cabeza uruguaya.