Una tarde de verano en una bodega en Yinchuan, Región Autónoma Hui de Ningxia, Liu Li explicó la elaboración del vino a los visitantes. “Entre todas las frutas, solo el azúcar de las uvas puede convertirse en un buen vino”, señaló. “Lo que buscamos es calidad. Al escanear el código QR en cada botella puedes ver su historia, desde cuándo y dónde se recogieron las uvas hasta cómo se añejó el vino en un barril de roble”.

Como directora de una planta en la bodega Chateau Lilan, Liu, de 38 años, está familiarizada con cada paso del proceso de hacer una botella de vino tinto y la maquinaria sofisticada que debe utilizarse. “No habíamos visto este equipo antes de trabajar aquí, ni nos atrevíamos a operarlo. Sin embargo, fuimos alentados a aprender habilidades en la bodega”.

Antes de 2013, cuando se mudó al municipio de Minning de Yinchuan, donde se encuentra la bodega, Liu era madre de dos hijos desempleada en Guyuan, una ciudad empobrecida en el sur de la región. Cultivaba un pequeño pedazo de tierra en su casa y su esposo era un trabajador migrante en un sitio de construcción en la urbe, ganando lo justo para llegar a fin de mes. “Vivíamos justo por encima del nivel de inanición”, comentó Liu.

La familia fue trasladada a Yinchuan, la capital, en el norte de Ningxia, mientras el gobierno regional trabajaba para sacar a los aldeanos de la pobreza. En el camino de siete años que transitó para pasar de campesina a directora de planta, Liu ha visto duplicar su salario mensual a 5.000 yuanes (u$s 712) y ha aprendido muchas habilidades nuevas.

A pesar de su éxito, Liu dijo que no se considera una vinicultora profesional porque ha adquirido todos sus conocimientos y técnicas de las sesiones de capacitación y la práctica en el trabajo. Su esposo ahora supervisa un viñedo de 60 hectáreas en el que poda, fertiliza y evalúa el crecimiento de las uvas. Mientras trabajan en el mismo negocio, la pareja se motiva y apoya mutuamente.

Por su parte, Hai Fugui, se mudó al condado de Yongning, Yinchuan, hace ocho años. En 2016, le llamó la atención un tractor que pasaba por su casa. Como entusiasta del automovilismo, se preguntó qué estaba haciendo el tractor allí, así que habló con el conductor, quien le comentó que había trabajos disponibles en el viñedo de Chateau Lilan. Después de una semana de capacitación, Hai se convirtió en empleado de una bodega, conduciendo un tractor para desmalezar los campos e inspeccionar las vides para asegurar la ausencia de plagas. Con un salario mensual promedio de 5.500 yuanes, su ingreso es el doble que el de su trabajo anterior como capataz en una planta de conservas de frambuesas, comentó.

La bodega donde trabajan Liu y Hai se encuentra en la ladera oriental de las montañas Helan. Situado en el paralelo 38, el tramo estrecho entre las montañas y el río Amarillo es una de las llamadas franjas doradas del mundo para el cultivo de uva de vino. Las montañas bloquean el frío extremo del norte y frenan las tormentas de arena del desierto de Gobi en la Región Autónoma de Mongolia Interior. El río Amarillo riega la tierra árida, que recibe solo 200 milímetros de lluvias al año.

Los días largos y soleados en la región garantizan la acumulación de azúcar en las uvas, mientras que la amplia fluctuación de temperatura entre el día y la noche ayuda a controlar el nivel de acidez. El suelo aireado y rico en minerales permite obtener rendimientos estables de uvas. Con la filosofía de que “el gran vino comienza en los viñedos”, los viticultores han aprovechado las ventajas geográficas para obtener elogios en esta industria floreciente y ofrecer empleos que ayudan a la población local a salir de la pobreza.

En los últimos años, el gobierno local ha promovido la creación de bodegas boutique con viñedos premium para contrarrestar la reputación de la región de vinos de baja calidad, elaborados a escala industrial, una carga que muchos propietarios rechazan fervientemente.

Por ello, es el momento oportuno del buen vino, a medida que cientos de bodegas boutique de propiedad familiar están construyendo sus propias marcas y produciendo cosechas de calidad con una amplia gama de sabores para los mercados potencialmente enormes en el país y en el extranjero. En las operaciones boutique, el propietario o el viticultor principal participa en cada paso del proceso de vinificación, desde la plantación hasta la venta, e incluso puede probar el producto y analizar el sabor con los visitantes para garantizar un producto de alta calidad. “Una copa de vino tinto es informativa”, señaló Shao Qingsong, director ejecutivo de Chateau Lilan. “Por el color podemos ver si las uvas recibieron abundante sol o lluvia e incluso podemos oler la edad de la vid. La mejor manera de impulsar nuestra competitividad es ‘iluminar’ cada marca. Como bodegas separadas, brillamos igual que estrellas punteadas en el cielo, pero como fuerza unificada de la industria china del vino, brillamos como el fuego”.

Según el Comité Administrativo de la Zona Industrial de la Uva de la Ladera Oriental de las Montañas Helan, la primera oficina de vinos en China, Ningxia tenía 211 bodegas con 38.000 hectáreas de viñedos y una producción anual de 130 millones de botellas a fines del año pasado. La industria regional produjo vino por un valor de 26 mil millones de yuanes el año pasado y el vino de Ningxia se ha exportado a más de 20 países y regiones, incluidos Australia, Bélgica, Alemania y Estados Unidos.

La industria proporciona 120.000 empleos cada año y representó el 28 % de los 900 millones de yuanes ganados por los agricultores locales el año pasado, de acuerdo con la oficina provincial de vinos. Las 22 bodegas de la región que están abiertas a visitantes reciben más de 600.000 personas al año, razón por la cual algunos de los trabajos están relacionados con el turismo.

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